Pensamos que podremos

Desde Sudáfrica

Entrevista a Irvin Jim

Por Adriana Cabrera Esteve

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Lo amamos, me dijo la mujer sentada a mi lado. No necesitaba explicarme mucho. De hecho, Irvin Jim, Secretario General del NUMSA, estaba siendo ovacionado como ninguno de los otros oradores al comenzar su discurso durante el sepelio de los tres dirigentes sindicales asesinados a principios del mes de agosto. Era el último orador luego de una larga lista de amigos, familiares y compañeros de las víctimas cuyos discursos se entremezclaban con cánticos. Ante una multitud arribada desde diferentes puntos de Sudáfrica un día gris y lluvioso, Irvin Jim habló entrelazando el inglés con su lengua nativa. NUMSA es el sindicato de trabajadores metalúrgicos sudafricanos y se propone una tarea cargada de utopías, crear un Frente Unido contra el neoliberalismo y un movimiento hacia el socialismo. A esta decisión llegaron el año pasado durante el congreso en el que evaluaron los veinte años de gobierno del Congreso Nacional Sudafricano (CNA). Lo entrevistamos en Johannesburgo. 

  •  ¿Cómo es que empezaste a militar y te uniste a NUMSA?
  • No elegí empezar a militar. En realidad nací en una pobreza abyecta, en una granja, sufriendo la brutalidad de sus dueños. Mi padre iba de un trabajo a otro y ni él ni mi madre sabían leer. Supe que tenía que esforzarme y educarme porque sólo mediante la educación podríamos salir de esa pobreza. Finalmente llegamos a la comunidad de Puerto Elizabeth, me matriculé e inicie la universidad pero no teníamos recursos suficientes así que tuve que abandonar para poder pagar el alquiler. Trabajaba durante el día y estudiaba medio tiempo. Hice trabajo de base en el movimiento estudiantil y en el Congreso Nacional Africano. Cuando conseguí trabajar en una fábrica de llantas, los trabajadores me impulsaron a representarlos. Empecé como dirigente local y luego fui elegido representante regional de la Provincia Oriental del Cabo. Desde entonces integro la dirección de NUMSA. Esto fue a finales de los años 80 y principios de los 90.
  • El año 1994 fue un año clave en la historia sudafricana. ¿Cómo ve lo sucedido desde entonces?
  • Debo decir que en esa época, todos éramos activistas en la lucha contra el sistema del Apartheid. Celebramos cuando en 1994 se produjo un avance político y por primera vez todas las personas pudieron votar, en particular los negros. Pero en poco tiempo, nos dimos cuenta que lo que se había producido en 1994, era un cambio político sin cambios en el poder económico. El gran resultado de nuestro voto fue terminar con las Actas que obligaban a las personas a tener pases para trasladarse o para trabajar, que determinaba que hubiera ómnibus para blancos, servicios higiénicos para blancos, playas para blancos y lugares para negros. Desde entonces tanto blancos como negros podemos elegir dónde vivir, a qué escuela enviar a nuestros niños, dónde comprar una casa, pero el asunto es que acceder a todos esos derechos está determinado por la posición económica en la sociedad.
  • Hemos ganado los derechos políticos pero no tenemos el dinero para acceder a esos derechos. Los líderes del CNA fracasaron en aprovechar el poder político que lograron al ganar las elecciones en 1994 para tomar el control de los recursos económicos nacionales del país. En su lugar, firmaron una Constitución con una cláusula de propiedad para mantener vigente el statu quo; los capitales monopólicos blancos, la población blanca, tienen nuestras tierras y nuestras economías están en sus manos.
  • ¿No ha habido una política de reforma agraria?
  • Ha habido una política de restitución de la tierra con el objetivo de redistribuir el 30% de las tierras entre el 1994 y el 2014, pero sólo redistribuyeron el 10%. Sin embargo la Carta de la Libertad, de 1955, decía que el pueblo debía compartir las riquezas del país.
  • Podrías explicar a la comunidad internacional qué pasó con el CNA. Porque para nosotros el CNA es la organización que impulsó Mandela y él es un héroe que terminó con el Apartheid. ¿Qué pasó entonces?
  • Antes de 1994, el pueblo y sus organizaciones, el CNA, la central sindical COSATO y el Partido Comunista elaboraron un plan para reconstruir y desarrollar nuestro país. Pero en lugar de implementarlo, lo dejaron a un lado y escucharon a las agencias de crédito, a las fuerzas imperialistas, que les dijeron que el Plan de Reconstrucción y Desarrollo no era un buen plan porque en ese plan el Estado jugaría un rol importante en el control de la economía.3 (2)
  • ¿En forma inconsulta?
  • No lo consultaron, en su lugar, unilateralmente, Mandela en 1996 introdujo un nuevo plan y ese plan estaba al servicio de los intereses del capital monopólico blanco con la aprobación de la agencias financieras internacionales. Implicaba, liberación del comercio, reducción de los aranceles financieros que limitaban el ingreso y egreso de capitales. El resultado fue que perdimos muchas fuentes de trabajo. Desde la liberalización del capital financiero mucho dinero se fugó del país destinado a la especulación financiera. Ese era dinero que el país necesitaba para invertir en los sectores productivos de la economía y crear trabajo de calidad. Ese plan se llamó Crecimiento, Empleo y Redistribución (Growth, Employment and Redistribution). Suena bien, pero fue un programa de derecha. Apoyaba la privatización de compañías estratégicas que estaban en manos del Estado y fueron entregadas al capital privado como Acero Metal o la compañía petroquímica; la compañía de electricidad sigue en manos del Estado pero está regida según un modelo de beneficio privado. Como resultado, tenemos que comprar nuestro propio acero a precios de importación. Es algo muy difícil para las pequeñas y medianas empresas. Nuestro propio banco de reservas está en manos privadas y su objetivo es combatir la inflación pero como la fuga de capitales es grande, mantiene los intereses altos para atraerlos. Desde entonces luchamos por impulsar la industrialización del país y decimos que esa política de comprar nuestro propio acero o el combustible a precios más altos que los de China conspira contra la industrialización. Exigimos que se prohíba la exportación de los residuos del acero. Ellos lo han rechazado y como resultado han cerrado siete siderúrgicas. Pedimos que se establezcan aranceles a la importación y exportación de minerales para que los países que tengan interés en tener nuestros minerales se establezcan acá. Pero el gobierno no quiere. No quieren nacionalizar los puntos fuertes de la economía. No tienen el control de nuestros minerales estratégicos. Si tuviéramos el control de las minas podríamos ofrecer minerales a precios más bajos a todas las cadenas productivas en nuestro país. La electricidad antes era barata pero el gobierno cedió el control bajo el lema de asociación público privada. Como resultado la electricidad ha subido sus precios. El problema es que los líderes del CNA, ahora, son accionistas de las minas y de esas empresas.
  • ¿Hay mecanismos democráticos de decisión dentro del CNA?
  • (se ríe) Nos gustaría.
  • ¿Cómo se toman las decisiones dentro de la alianza tripartita?2 (2)
  • NUMSA ha tomado la decisión de impulsar dentro de la COSATO romper con el gobierno. Desde 1994 muchos compañeros han salido de nuestras filas para integrar el parlamento, pero las políticas que se implementan desde 1994 van en contra de los intereses de la clase obrera y del pueblo trabajador.
  • ¿El parlamento no funciona como una instancia de negociación?
  • El CNA con la influencia de COSATO y del Partido Comunista, era el único partido progresista en el Parlamento, los demás eran de derecha. Pero cuando decidieron cambiar el programa de gobierno y emprender una agenda neoliberal, los demás partidos especialmente la Alianza Democrática lo celebraron. Hemos demostrado que las políticas de la Alianza Democrática y el nuevo plan del CNA son iguales. Puedes leerlos y compararlos.
  • ¿COSATO tiene lugares en la gestión del Estado?
  • COSATO no tiene control sobre el CNA es por eso que planteamos romper la alianza porque el CNA solo nos consulta antes de las elecciones, luego no nos consultan más y vuelven para que movilicemos a la gente en las siguientes elecciones. Por ejemplo, pedimos que se prohíba el trabajo precario. Y han rechazado nuestro pedido y han impulsado una ley para reglamentarlo. Hemos estado en contra de la privatización de las carreteras. Nosotros rechazamos también la ley de secreto de la información, que estipula que si algo es de interés público se declara clasificado y se oculta la información. Por eso pensamos que ya es suficiente.
  • ¿Hay otros sectores de la sociedad en contra de las políticas neoliberales con los que puedan sumar?
  • En COSATO, hay nueve sindicatos que apoyan a NUMSA. Entre los trabajadores hay más, pero sus líderes no nos apoyan.
  • ¿Cómo están pensando el Frente Unido?
  • A la luz de la profundización de la agenda neoliberal del gobierno existe la necesidad de la clase trabajadora de organizarse como clase para sí y hemos resuelto avanzar en la organización de un frente unido donde puedan estar todos los que estén en contra de las políticas neoliberales como tuvimos un frente contra el Apartheid. Los sindicatos, movimientos sociales, organizaciones civiles, comités de barrios, todos los que odien la pobreza y la desigualdad deben estar juntos. Porque en este país, ahora, hay 26 millones de personas sin un plato de comida y son negros.
  • ¿Desde el Congreso han podido avanzar en ese objetivo?
  • Empezamos a organizar el frente, con una marcha de protesta el 19 de marzo, con la participación de todas las organizaciones de la sociedad civil en oposición al programa de incentivos juveniles. En este país si eras joven, ibas a un trabajo, trabajabas por tres meses, se te pagaba un salario mínimo mientras se te entrenaba y luego comenzabas a cobrar todo el sueldo. Pero con este programa, ya está especificado que los jóvenes tienen que recibir un sueldo bajo, entre 2.000 y 6.000 rands (200 a 600 U$S), para siempre. Y se pagaría de dinero que se obtiene de una reducción de los salarios de los trabajadores mayores. Trabajas y pagas impuestos y esos impuestos se usan para pagar a los jóvenes. Es decir que se usa el dinero de un trabajador para pagar a otro trabajador, en beneficio de las patronales, que pueden reestructurar el trabajo y echarlos. Es una estrategia en contra de los logros que ha conseguido el movimiento obrero. Ellos dicen que muchos trabajadores están ganando demasiado y que este excedente de salario es un obstáculo para crear más trabajo y resolver el desempleo. Con esta nueva categoría de trabajadores jóvenes es fácil contratarlos y fácil echarlos porque nunca vence el período de prueba.
  • ¿Qué pasa con la propuesta de crear un Movimiento?
  • Nosotros decidimos explorar e investigar los movimientos de izquierda existentes en el mundo y construir un Movimiento hacia el Socialismo para enfrentar la agenda neoliberal en Sudáfrica y en su momento participar en las elecciones. Pero aún no hemos determinado la naturaleza de este movimiento. Por eso los hemos invitado para aprender del intercambio con todos. Creemos que a fin de año podremos lanzar el Frente Unido.
  • Ustedes hablaron también de teoría. De marxismo leninismo pero al mismo tiempo hacen otras búsquedas teóricas. ¿Es así?
  • Somos un sindicato marxista leninista lo suficiente democrático para ver que lo que hagamos debe ser producto de un proceso de discusión y debate. Sabemos que hay malas experiencias en varios países, pero estamos a favor de que haya núcleos avanzados de la clase obrera y eso no es contradictorio con que seamos un sindicato con control obrero que funciona según mandato democrático, aunque debamos prevenir el burocratismo. Las malas experiencias como el estalinismo deben tenerse en cuenta tanto en la teoría como en la práctica para que no se repitan acá. Esto no implica que no podamos avanzar, incluso si quisiéramos, en crear un partido de vanguardia. Pero queremos democratizar el proceso y que lo que decidamos sea producto de un debate abierto. Pensamos que podremos.

Publicado en Brecha el 5 de setiembre 2014

AMANDLA-AWETHU*

Desde Sudáfrica

Mineros de Marikana 2014

Por Adriana Cabrera Esteve desde Johannesburgo

“Construyendo nuestro propio camino al socialismo, aprendiendo de otros” fue el lema del Simposio de la Izquierda, organizado en la ciudad de Johannesburgo entre los días 7 y 10 de agosto del corriente por el Sindicato Nacional de Trabajadores Metalúrgicos de Sudáfrica (NUMSA), la organización obrera más grande de África. Sin embargo, el encuentro comenzó con un evento dramático. En la víspera, al volver a sus hogares desde la ciudad de Durban, fueron asesinados tres dirigentes locales de NUMSA en la región de Kwazulu Natal: Njabulo Dube, Sibonelo Ntuli y Ntobeko Maphumulo. Aunque el sindicato decidió no suspender el simposio, su presidente Andrew Chirwa, invitó a homenajear a sus compañeros caídos con unos minutos de silencio al realizar la apertura oficial. El homenaje incluyó viejos cantos de dolor y reafirmación de las luchas contra el Apartheid.

Este no es el primer hecho de violencia en el país del fallecido Nelson Mandela. De hecho, hay un antes y un después en la democracia sudafricana luego de la huelga minera que conmovió al país en agosto de 2012 contra la compañía minera inglesa, Lonmin, con 28.000 trabajadores, dedicada a la extracción de platino. Viviendo en condiciones de miseria los trabajadores pedían dialogar con la empresa por un aumento salarial de cinco a doce mil quinientos rands (500U$S a 1250U$S). Ante la negativa patronal a negociar, la huelga continuó y los mineros se concentraron durante días en un pequeño promontorio de la localidad. En un clima de creciente tensión por una imponente presencia policial fueron bajando sus exigencias hasta que el día de la masacre en la pequeña localidad de Marikana, rodeados por 648 policías, varios vehículos antidisturbios y cuatro carros fúnebres se comenzaron a disolver con la sola pretensión de volver a sus casas con vida. La policía disparó contra una centena de hombres armados con palos pero en actitud de sumisión tal cual lo registraron las propias cámaras de la policía. Treinta y cuatro de ellos fueron asesinados a una distancia de dos o tres metros según demuestran las pericias llevadas adelante por el Tribunal que todavía investiga los hechos aunque hasta el momento no ha habido sentencias. La huelga continuó un mes más luego de la masacre. La represión contra el pequeño pueblo minero duró semanas, incluso contra las mujeres indignadas. Una de sus dirigentes, Pauline Masuhlo, fue asesinada a mansalva en las puertas del pequeño local del CNA al que hasta entonces pertenecía, un mes después de la masacre. En total sumaron cuarenta y ocho las víctimas de la represión en Marikana y más de una centena de heridos. El operativo fue llevado adelante por la policía pero su responsabilidad llega a las más altas esferas del gobierno e incluye la complicidad del entonces principal sindicato minero, el NUM, integrante de la federación de trabajadores (COSATU). Otro  sindicato minero el AMCU, asumió la lucha de los obreros e intentó una negociación que resultó infructuosa por la negativa patronal en connivencia con la cúpula gubernamental. Una ola de huelgas en las minas siguió a la masacre de Marikana, obteniendo aumentos salariales significativos. AMCU se convirtió en el sindicato mayoritario del sector. Esta semana se cumplen los dos años de la masacre y se realiza un conjunto de actividades conmemorativas apoyadas por la iglesia y un conjunto de organizaciones sociales y de derechos humanos.

NUMSA, por su parte, tiene aproximadamente 350.000 afiliados y es el sindicato más grande de Sudáfrica. Aunque continúa integrando la federación de trabajadores lleva ya varios años polemizando con la línea mayoritaria de COSATU al tiempo que denuncia las políticas neoliberales impulsadas desde el gobierno, la represión a los sindicatos y el desvío por parte del Congreso Nacional Africano (CNA) de los principios expresados en la Carta de la Libertad de 1955.

La situación es por demás compleja visto que el Congreso de Sindicatos Sudafricano forma parte de la Alianza Tripartita en el gobierno junto al CNA y el Partido Comunista Sudafricano. Estos grupos marcaron la historia de su país durante el siglo pasado con su lucha contra el Apartheid y por las libertades civiles y democráticas de toda la población conformada en su gran mayoría por negros. En Sudáfrica, el 76% son negros, el 13% son blancos, un 10% son mestizos y los asiáticos no alcanzan el 3%.

Si bien la historia de segregación y discriminación de la población nativa data desde los orígenes de la colonización holandesa en 1652, se mantuvo luego bajo el dominio inglés. Su territorio, rico en minerales y diamantes, dejó a su población de rehén de la voracidad de los imperios primero y de las multinacionales después. Para los negros era delito criminal romper el contrato laboral e incluso debían pagar un impuesto al trabajo. Aunque la explotación minera incorporaba mano de obra blanca, la población nativa percibía ingresos cinco a diez veces menor. Con la Constitución de 1910, los negros carecían del derecho al voto y a la propiedad de la tierra. Tenían áreas específicas donde podían vivir, los llamados batustanes mientras el 93% de las tierras estaban destinadas a la población blanca.

En 1955, el CNA conformó un frente antirracista con la participación de otras etnias que tuvo como base de acuerdo la Carta de la Libertad. La Carta no sólo proclamaba la abolición del Apartheid, incluía también la nacionalización y redistribución de la riqueza, la soberanía económica, la igualdad ante la ley, el derecho al trabajo, la educación, la cultura, la vivienda, la seguridad, la paz y la fraternidad, así como el goce en condiciones de igualdad de los beneficios producto de las riquezas del suelo sudafricano. Sus militantes fueron duramente reprimidos por décadas e ilegalizados en 1960, cuando decidieron formar el Umkhonto we Sizwe (la Lanza de la Nación) que impulsó la lucha armada.

Con la independencia del dominio inglés, en 1984, pudieron votar los asiáticos y los mestizos pero los negros siguieron sin derecho al voto. Recién en 1990 se inició un proceso de apertura y negociación que incluyó la libertad de Nelson Mandela, preso desde 1963, y la legalización del CNA. Cuatro años después se produjeron las primeras elecciones libres en Sudáfrica que llevó al gobierno a Mandela y al CNA.

NUMSA formó parte de todas esas lides. En el Museo del Apartheid todavía se puede ver el auto de Mandela construido por manos de los sindicalistas metalúrgicos como un presente al líder africano. Sin embargo ya en el proceso de apertura no vieron con buenos ojos el préstamo del FMI de 1993, condicionado a la continuidad de las políticas neoliberales del viejo régimen. Tampoco les pareció bien que Mandela mantuviera en su cargo al Ministro de Economía y al Director del Banco Central Sudafricano del Apartheid. En su opinión, la Constitución de 1996, conducida por Cyril Ramaphosa, ex dirigente minero y mano derecha de N. Mandela, actualmente incriminado en la masacre de Marikana, no creó las bases para llevar adelante la Carta de la Libertad. Por el contrario las grandes empresas siguen depositando en el exterior sus ganancias mientras que el 47% de la población se encuentra bajo la línea de pobreza, el Índice de Gini se ha elevado a 0.69 y el desempleo se encuentra en un 25% de la población que calculan llegaría a un 40% si se sumara a los que han dejado de buscar trabajo. Hoy la expectativa de vida de un sudafricano blanco asciende a los 71 años mientras que la de un sudafricano negro apenas alcanza a los 48 años. No hay estipulado un salario mínimo, y en su opinión se ha operado una redistribución inversa de la riqueza de los negros hacia los blancos.

Los trabajadores metalúrgicos denuncian que tanto el sector financiero como el industrial están dominados por grandes propietarios privados con altos porcentajes en manos de capitales extranjeros, y otro componente importante en las manos de una nueva burguesía negra.

“Tenemos los derechos pero carecemos de la capacidad económica para ejercerlos”, afirman los dirigentes de NUMSA. Durante su Congreso extraordinario realizado en diciembre  pasado, los sindicalistas metalúrgicos evaluaron los veinte años de gobierno de la Alianza Tripartita y decidieron romper con ella  impulsando la creación de un  Frente Único Contra el Neoliberalismo sin dejar de ser lo que son, una organización sindical de trabajadores. También se proponen explorar la conformación de un Movimiento hacia el Socialismo. Los cuatro simposios de formación política dirigida a sus cuadros obreros de todas sus regiones y sectores, organizados por NUMSA desde entonces se enmarcan en esa búsqueda. A este último, su cuarto módulo, dedicado al análisis de las construcciones organizativas y experiencias existentes a nivel internacional concurrieron delegados de todas partes del planeta. Desde Alemania a Nigeria, desde El Salvador a Filipinas. Algunos como integrantes de organizaciones políticas, tal es el caso del Partido por la Victoria del Pueblo (PVP) uruguayo, el Movimiento PAIS ecuatoriano o el MAS boliviano y otros como representantes de organizaciones sociales, por ejemplo, el Movimiento de los Sin Tierra brasilero. El proceso de discusión culminará en 2015 con una Conferencia sobre socialismo.

*El poder es nuestro (vieja consigna contra el Apartheid con la que finalizan todas sus intervenciones)

Publicado en Brecha