A la plaza y la policlínica nuevas, le sumamos el Centro Cívico Luisa Cuesta

Nada fue de regalo. A las demandas de los vecinos, los presupuestos participativos, siempre insuficientes para las grandes transformaciones pero buenos indicadores de la voluntad popular, hay que agregarle la fuerza de las políticas públicas en favor de los que menos tienen. También la energía de hombres y mujeres comprometidos con ellas. Se puede seguir transformando Montevideo y tenemos cinco años más para continuar avanzando.

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3 Centro Cívico Luisa Cuesta de Casavalle

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La movilidad urbana y el derecho a la ciudad

fim bici
Por Adriana Cabrera Esteve*
Las actividades en torno al Día Mundial de la Bicicleta fueron promovidas por la IM y contaron con la coordinación de varias organizaciones que promueven el transporte activo (UNIBICI, MASA CRITICA, URUBIKE) y otras que apoyaron como la CAF. Se sustanciaron en las jornadas del FIM BICI (Festival Internacional de la Música en bici); las Jornadas de Intercambio Académico “Bicicleta y Universidad”, en las que se hicieron presentes ponentes de diferentes ciudades del mundo; y las bicicleteadas a las que se sumaron centenas de ciclistas. Concitaron también el apoyo de organizaciones sociales vinculadas a la descentralización, como el Concejo Vecinal 2, que decidió exhortar a las instituciones públicas y privadas de su barrio a “proporcionar a sus usuarios y trabajadores lugares seguros donde guardar sus bicicletas así como a incentivar el uso de las mismas como aporte a la construcción de una ciudad más sustentable”.
Esta movida por un cambio en el sistema de movilidad urbana y la importante convocatoria que logró nos trae a la memoria el texto de David Harvey: “El derecho a la ciudad”. David Harvey afirma que el derecho a la ciudad es mucho más que la libertad individual de acceder a los recursos urbanos, se trata del derecho a cambiarnos a nosotros mismos cambiando la ciudad. Y para mayores coincidencias finaliza el texto argumentando, “la democratización de ese derecho y la construcción de un amplio movimiento social para hacerlo realidad son imprescindibles si los desposeídos han de recuperar el control sobre la ciudad del que durante tanto tiempo han estado privados, y desean instituir nuevos modos de urbanización”.
En mi caso, comencé a andar en bici por Montevideo en 1985 cuando luego del desexilio no tenía un sueldo y sí tenía ese medio de transporte que me resultaba rápido, gratuito y constituía una forma de realizar ejercicio sin costos adicionales. De ese período al momento actual mucho ha cambiado en la cultura de los montevideanos y cada vez son más los que se animan a bicicletear por la calzada disputando a los automóviles y al transporte colectivo su lugar. Las motivaciones son de diferente índole. Algunos lo hacen por su salud, otros por razones económicas, otros porque adhieren a la idea de realizar cambios, al decir de Harvey, en nosotros mismos para cambiar la urbe.
En materia de movilidad, democratizar la ciudad supone ejercer el derecho a usar la calzada, derecho del que se han apropiado los usuarios de automóviles y las empresas de transporte. Y para los gobernantes supone oír y dar respuesta a las demandas de los movimientos sociales en desmedro de los intereses del capital, la industria del automóvil, la del combustible, las automotoras y los propios automovilistas. Hoy, el derecho a la movilidad urbana, no es sólo bajar el precio del boleto o asegurar un transporte colectivo eficiente. Es también contemplar el medioambiente y pensar en formas más sustentables. Ejemplos comparados, hay. Una de las ponencias de las Jornadas de Intercambio Académico presentó el abordaje del tema por parte del Gobierno Provincial de San Luis, Argentina, donde a espejo de nuestro Plan Ceibal, se promulgó el Plan TUBI a través de una Ley Provincial y ya ha regalado 44.000 bicicletas. La idea es que cada niño luego de terminar el nivel primario reciba la suya. También se les imparte educación vial y se construyen bicisendas. Para los adultos, la política provincial ambientalista implica el financiamiento de bicicletas a los funcionarios del Estado. Los costos son absorbidos en un 50% por el Municipio y el otro 50% por el Ministerio de Medio Ambiente de la Provincia. Otras ciudades de América del Sur, como San Pablo y Buenos Aires, también comienzan a crear espacios para el transporte activo.
En Montevideo, aunque se empiezan a dar los primeros pasos, queda prácticamente todo por hacer. Resolver cuál va a ser el lugar donde transiten las bicicletas, así como regular la obligación de las instituciones a ofrecer bicicletarios seguros para guardar las mismas, son dos caras de la misma moneda a la hora de incentivar el transporte activo. Ofrecer este medio de transporte en los barrios más carenciados, ya sea regalando bicicletas o ayudando a su financiación; crear ciclovías en las grandes arterias de manera que los más necesitados y los que lo deseen puedan usar este medio de transporte a la hora de dirigirse a su lugar de trabajo o estudio; proporcionar estaciones de bicicletas al lado de las terminales de ómnibus a la que puedan acceder los trabajadores y estudiantes del interior que viajan a diario a Montevideo, siguen siendo nuestros sueños para el Montevideo del futuro.
Por si fuera poco, el último informe de la UNASEV (La República 21/3/15), da cuenta de la existencia de más de dos millones de vehículos motorizados (para poco más de tres millones de habitantes), de una tasa de mortalidad de tres personas cada diez mil vehículos, y en relación a su frecuencia, tres fallecidos cada dos días. Si agregamos a ello la contaminación que emana de los caños de escape, la polución sonora, el estrés y las demandas sociales, todo parece indicar que es el momento de profundizar las políticas públicas destinadas a un cambio de modelo en la movilidad urbana que contemple las necesidades de toda la población y habilite formas sustentables de trasladarse en la ciudad. Esta es, por cierto, una preocupación más relevante que la forma en que un legislador intenta sortear una multa por su infracción de tránsito o lo bien o mal que se realizan los controles.
*Escritora

Una vez más nos convoca la violencia doméstica

Los uruguayos debemos hacer cambios culturales profundos. Uno de ellos mirar para dentro. En nuestros hogares y en nosotros mismos. Veintisiete mujeres murieron este año por violencia doméstica, algunas mediante una brutalidad que conmueve a nuestra ciudadanía más indiferente. En el primer semestre de este año, el Ministerio del Interior recibió 14.065 denuncias de violencia doméstica. Pero hay más. Según el observatorio de la CEPAL, casi la mitad de las mujeres uruguayas, un 45%, tuvo alguna vez en su vida una relación violenta; el 43% ha vivido violencia emocional o psicológica por parte de su pareja o ex pareja; el 19,9 ha sufrido violencia económica; el 14,8, violencia física y el 6,7, violencia sexual. Todo esto, en medio de una campaña sistemática por parte de la organizaciones sociales y el sistema político.

Habrá que rasgar los muros de la indiferencia. Acercarnos a las víctimas. Aprender a actuar en los casos que identificamos con factores de riesgo. Prevenir porque luego no hay espacio para curar. Y fundamentalmente, cambiar nuestras relaciones de convivencia. Querernos más en este pasaje tan leve y fugaz que es la vida.

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Descentralización: Política frenteamplista si la hay

Instalación de los Concejos Vecinales - octubre/2013

Por Adriana Cabrera Esteve*

La noche en que Tabaré Vázquez fue proclamado candidato a la Presidencia de la República por el Frente Amplio presentó diez propuestas de gobierno. Uno de ellas, la profundización de la descentralización, proceso iniciado en 1990 durante el primer mandato frenteamplista en la Intendencia de Montevideo. La descentralización comenzó con la división administrativa del departamento en dieciocho zonas, la creación de los Centros Comunales Zonales y  la figura del Coordinador Zonal. Luego, también durante el gobierno de Tabaré Vázquez, se intentó avanzar en la descentralización participativa y se crearon e instalaron las Juntas Locales, de carácter ejecutivo, y los Concejos Vecinales (CV), de carácter consultivo. Entre las funciones de los CV se incluía el asesoramiento, la iniciativa, la colaboración en la elaboración del presupuesto municipal proponiendo gastos e inversiones, el control, la evaluación y la colaboración en la gestión, la organización y promoción de actividades culturales sociales y deportivas. Más tarde se organizaría el territorio de Montevideo en Regiones. En 2003 se creó la figura del Defensor del Vecino, nombrado por primera vez en 2006. En ese año también, con el primer gobierno frenteamplista en Canelones, se integraron 29 Juntas Locales en ese departamento.

Momentos importantes de participación en la gestión lo constituyen los Presupuestos Participativos, instancias en las que por votación directa los montevideanos decidimos a qué proyectos de iniciativa ciudadana asignar recursos. La ciudad ha ido cambiando su fisonomía y la calidad de sus servicios a instancias de grupos de vecinos organizados que diagnostican una necesidad, proponen una solución, lo convierten en proyecto y lo someten a consulta ciudadana. La mayoría de las veces, los fondos no suelen ser suficientes. Sin embargo la carga democrática que revisten estos proyectos luego de haber sido apropiados por el conjunto de los vecinos ha hecho que los gobiernos departamentales les transfieran fondos centrales para llevarlos adelante, tal es el caso del Parque Líber Seregni y la Policlínica de Casavalle, por ejemplo. Uno destinado a la construcción de un espacio público, otro a la mejora de un servicio.

Descentralización en todo el país

En 2010, el proceso de descentralización da un gran salto en complejidad al instalarse el tercer nivel de gobierno, 89 Municipios en todo el país, ocho de ellos en Montevideo y 29 en Canelones. Fruto de la Ley de Descentralización Política y Participación Ciudadana de 2009, las Juntas Locales se transformaron en Concejos Municipales presididos por un Alcalde, electos en simultaneidad con las elecciones departamentales. Los Concejos Vecinales mantuvieron sus funciones y se agregó la realización de Cabildos Abiertos para la elaboración de propuestas presupuestales de cara al territorio. En ellos participan el Gobierno Municipal, los Concejos Vecinales y los vecinos y organizaciones sociales de la zona.

Al abrigo del Documento 6, y luego de largas negociaciones con la oposición para lograr una normativa que contuviera la idea original de construir una democracia participativa, el proceso de descentralización cumplió su mayoría de edad y reclama ser evaluado. Una iniciativa en ese sentido son los Diálogos Abiertos, impulsados desde la comuna capitalina y los gobiernos municipales para deliberar colectivamente sobre la participación social y ciudadana en Montevideo, su situación y sus perspectivas.

Democracia participativa

La idea de democratizar la vida social, política y económica de nuestro país se sustentaba en el objetivo de cambiar las relaciones de poder en nuestra sociedad. Un país en el que las grandes decisiones las tomaban en la capital las familias patricias de siempre con anclaje en el capital financiero, industrial, rural o comercial requería una nueva geometría entre centro y periferia, dirección y base, gobernantes y gobernados. Un nuevo equilibrio que privilegiara las necesidades de la gente, consultada, hasta ese momento, cada cinco años, pero sin poder para compensar las presiones de las grandes corporaciones.

Construir un sistema más democrático, que creara los canales de ida y vuelta para compartir la toma de decisiones. Un sistema en el que circulara la información de los que conocen la realidad porque conviven en ella y en la dirección contraria, la información de las dificultades para dar solución a esas necesidades y que de esa interacción surgieran decisiones colectivas y apropiadas por todas las partes.

Lo consideramos antes, y lo seguimos considerando, un complemento a la democracia representativa que nos había acostumbrado a delegar nuestra representación en otro y no ser, nosotros mismos, los actores de las transformaciones.

La democracia participativa supone también la construcción de espacios donde la población se forma en la toma decisiones lejos de la publicidad, la presión mediática y las promesas electorales pero cerca de lo que le acontece en el día a día, lo que conoce y sobre lo que puede y debe tomar decisiones. Al mismo tiempo, la tarea de control que se les asigna exige de transparencia en la gestión.

Los órganos descentralizados participativos son también aportes a lo identitario y desde ahí, estructuradores de cultura. Cultura de convivencia desde la diversidad de ideas, de opiniones, de género, de etnia, de nivel económico o de educación. Es el territorio donde los saberes se combinan y respetan sin desdibujarse.

Caudillos vs Concejos

Entre las contradicciones del tercer nivel de gobierno, salvo en el caso de Montevideo, encontramos que si bien la Ley que lo crea tiene entre sus principios la participación ciudadana, queda a iniciativa de cada Municipio su implementación. “Cada Municipio creará los ámbitos necesarios y los mecanismos adecuados, dependiendo de la temática y de los niveles organizativos de la sociedad, para que la población participe de la información, consulta, iniciativa y control de los asuntos de su competencia, los que deberán ser implementados bajo su responsabilidad política” versa la Ley. El resultado de esta ambigüedad es que se ha fortalecido el papel de caudillos locales sin por eso aumentar la participación de la ciudadanía en las decisiones municipales a pesar de que se establece con claridad sus atribuciones.

En el otro polo, en Montevideo, donde la participación a través de los CV está normatizada, estos sufren de cierto aislamiento. Ninguneados por unos por su “baja jerarquía política” visto que sus decisiones no son conminativas, y cuestionados por los defensores de la democracia puramente representativa, los CV, importante bastión de la construcción democrática con base territorial, enfrentan en soledad el desánimo y la confusión.

Redes en territorio como potenciadoras de políticas públicas

Seguimos creyendo que las bases que sustentaron el inicio de la transformación democrática de nuestro Estado en 1990, con la primera experiencia de gobierno frenteamplista, siguen vigentes. Y más aún, creemos que son el instrumento imprescindible para impulsar políticas públicas con sentido transversal. Es en el territorio donde confluyen los diferentes programas de gobierno y es desde allí donde se potencian. Ni la educación, ni la seguridad, ni la salud, ni la protección social, ni la defensa de la diversidad, ni el cuidado del medioambiente pueden instrumentarse desde una sola institución. La coordinación supone una sinergia que multiplica los resultados mientras que la atomización de los programas de políticas públicas los debilita y los aísla. Es imprescindible la interacción entre los CV y las redes territoriales. Apostar al desarrollo de Redes potentes de salud, de primera infancia, de drogas, de adultos mayores, de cultura y deportes, de medio ambiente entre otros temas que convocan a la población, recoge las mejores experiencias de este proceso. Al mismo tiempo se trata de promover e innovar en  formas de consulta y participación directa de la población como los presupuestos participativos, las asambleas de salud, los Cabildos, utilizando todos los mecanismos de comunicación que nuestra sociedad dispone y aumentar las atribuciones de los CV. Estos pueden ser los articuladores de estas redes y sus impulsores, mucho más que depositarios de la representación social. De esta forma rejerarquizamos las concepciones fundantes de la democracia participativa y las mantenemos como norte.

*Publicado en Cuadernos de Compañero Nro.16

“Al Borde” volvió a instalarse en la Intendencia de Montevideo

Al borde, muestra fotográfica de la División de Salud sobre la atención a la primera infancia a través del Plan Aduana, volvió a instalarse en la Intendencia de Montevideo. Esta vez en el Centro de Conferencias, en el marco del Primer Congreso Multidisciplinario – Encuentro y Congreso Opción Médica (ECOM) organizado por la revista Opción Médica. Compartimos la autoría de las fotografías con Andrés Dean.

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Lo que dura un Carnaval

Encontré estas obras de arte cuando hacían cola, en medio de la calle, rumbo a su destrucción. Fue en la ciudad de Artigas, luego de finalizado el Carnaval. Habían acompañado a las escuelas de samba. Realizadas por artistas casi anónimos, son obras efímeras. Duran lo que dura un carnaval. ¡Qué suerte tener una cámara de fotos para eternizarlas!

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¡Se viene! La policlínica de Casavalle

Una publicidad de Larrañaga dice algo así como “si querés saber cómo va a ser Uruguay luego de 20 años del FA mirá Montevideo”. Sí, realmente, hay que mirar Montevideo. Luego de la plaza de Casavalle inaugurada en diciembre, se viene  la policlínica de Casavalle de la Intendencia de Montevideo.

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Compartiendo afectos, ayer en el Parque Liber Seregni

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En el marco del mes de la mujer, ayer, se llevó a cabo “Compartiendo afectos”, una feria de salud y género en el Municipio B. La fotógrafa Ana Casamayou llevó adelante un taller de retrato, hubo música, clases abiertas de gimnasia, juegos inflables para niños y no tan inflables como las viejas carreras de embolsados, juegos de aros y acrobacia. Estuvimos presentes también los concejales vecinales y se homenajeó a viejas y queridas luchadoras de nuestro barrio. Una gran apuesta a la buena convivencia y la participación en la zona.