PONENCIA EN LA PRESENTACIÓN DE LA PÁGINA WEB “SITIOS DE MEMORIA”

Presentación por Madres y Familiares

Para Madres y Familiares la memoria ha sido siempre uno de sus énfasis. Desde muy temprano se nos planteó la encrucijada de qué hacer con el dolor que nos producía la pérdida de nuestros seres queridos en condiciones tan brutales. Darle sentido a nuestro pasado, convertirlo en una fuerza transformadora y creadora del NUNCA MÁS, fue una de las principales motivaciones. Por eso, Memoria, verdad y justicia, palabras más, palabras menos,  ha sido siempre la consigna que impulsamos. Y desde un principio, en lo que refiere a la memoria,  lo que estuvo en disputa fue el relato de lo ocurrido. Qué podíamos y qué no podíamos recordar. Los sistemas dictatoriales quieren controlar todo y las mentes totalitarias también. La derecha uruguaya, civil y militar, ocultó los crímenes y ese fue el discurso dominante. La dictadura no reconocía haber asesinado ni torturado ni desaparecido ni robado personas y niños. En el marco de una fuerte censura de prensa, miles de uruguayos transcurrieron la dictadura sin saber lo que estaba ocurriendo en cuarteles, comisarías y centros clandestinos de detención.

Nuestra propia historia nos ha demostrado que la memoria es un campo de tensiones en el que se quiere instalar un relato hegemónico. Fue una forma de resistencia el oponernos al ocultamiento que nos imponía la derecha. Y fue progresivamente que la ciudadanía comenzó a saber, a través del boca a boca, inicialmente y luego a través de los medios de prensa que empezaron a hacerse eco de las denuncias. No voy a hacer el recuento de cómo fue el proceso hasta que llegamos al reconocimiento por parte del Estado de los crímenes de la dictadura. Basta decir que en el último gobierno del partido Colorado, cuando recién se empieza a admitir algunos de los crímenes,  se reconocían solamente los 24 desaparecidos en Uruguay y se omitía la responsabilidad sobre los crímenes cometidos en el marco del Plan Cóndor. La transición de la dictadura a la democracia parece “La historia sin fin”. Una sucesión de anécdotas, luchas, disputas por lo público y la creación de una nueva historia. Lo que está sucediendo ahora con las placas de reconocimiento a las víctimas, los robos y vandalizaciones, son un claro ejemplo del tironeo por la historia oficial que parece no terminar más. Es como la utopía, siempre se aleja un poco más.

Al mismo tiempo, qué recordamos, cuándo lo recordamos, cuándo lo hablamos, ha sido un esfuerzo que ha recaído fundamentalmente en las víctimas pero que también ha dependido de la creciente legitimidad cultural de las denuncias. Las denuncias sobre violaciones, por ejemplo, no parece casualidad que hayan salido a la luz pública en simultaneidad con la última ola feminista. Igualmente las denuncias sobre persecución a la comunidad LGTBI durante la dictadura, escasamente conocidas, van también de la mano de la dignificación de dicha comunidad en el presente. Como dice Elizabeth Jelin, en su libro “La lucha por el pasado”: “A menudo,  (sin embargo), pasados que parecían olvidados definitivamente, reaparecen y cobran nueva vigencia a partir de cambios en los marcos culturales y sociales que impulsan a revisar y reconocer huellas y restos a los que no se les había otorgado ningún significado durante décadas o siglos”.

Entonces las tensiones por la memoria, siempre en conflicto, han permitido avances pero también pueden experimentar retrocesos. Por eso quizá, la importancia que adquiere para nosotros lo tangible. La memoria escrita, en negro sobre blanco. La memoria que adquiere institucionalidad, que atraviesa los debates políticos y se expresa en los libros de historia y en hallazgos de restos, que se constituye en políticas de Estado o que se construye como sitios. Y fundamentalmente que crea cultura en el respeto a los derechos humanos, cultura humanista que sirva como garante de sistemas más democráticos y atraviese el conjunto de la sociedad.

En el caso de Familiares, tempranamente algunos compañeros visualizaron la importancia de impulsar el Memorial de los Detenidos Desaparecidos y el Museo de la Memoria, entre ellos, quiero hacer un reconocimiento, Silvia Bellizzi y Annabella Baldovino que trabajaron para la creación del Museo y a Javier Miranda que trabajó para el Memorial. Solo por nombrar a los compañeros de Familiares porque hubieron otros. Cabe también el reconocimiento a un grupo de ex presas políticas que también por esos años, vieron la importancia de escribir sobre lo vivido en “Memorias para armar” entre las que se encuentra nuestra compañera Elena Zaffaroni.

En esos momentos, los debates sobre este tema no eran vistos como relevantes. Pero todos esos impulsos fueron dándole a la memoria sobre el pasado reciente el lugar que luego iría tomando, sin desmedro del esfuerzo de los que hacíamos énfasis en otras áreas de la actividad en derechos humanos, como la búsqueda de la justicia y la verdad o la reparación integral.

En estos últimos años ha habido una movida importante en torno a los Sitios de Memoria. En parte aprendiendo de las experiencias de otros países pero también, por lo menos en mi caso, en la búsqueda de un nuevo lenguaje que dialogue con los sentidos. Creo que los Sitios de Memoria pueden convertirse en eso. En una experiencia transformadora. He tenido la suerte de conocer Sitios de Memoria o museos, como el Museo del Apartheid en Sudáfrica, o el de la Memoria y la Tolerancia en Ciudad de México, o las casas de Frida Kahlo y de León Trosky, también en México, o el ex DOPS de San Pablo, y debo decir que son más que lugares de memoria, son lugares de educación y de evolución del individuo. Lugares donde la investigación histórica y antropológica se mezcla con el arte para brindar una experiencia integral y transformadora en el escenario de nuestra propia existencia. Aspiramos a eso. A que los que visiten los sitios de memoria que crearemos salgan de esos lugares más sensibles, más humanos, más humildes, más conscientes de su pequeña humanidad. Y aspiramos a crear lugares abiertos y en diálogo con la comunidad e insertos en los procesos de investigación tanto de la Universidad de la República como de las instituciones del Estado que se dedicarán a esta tarea, como a las organizaciones sociales e individuos comprometidos con los derechos humanos.

Quiero destacar también que Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos  adhiere a la idea plasmada en la Ley 19.641 de que Sitios de Memoria son no sólo los sitios donde se registraron casos de prisión y tortura, sino también los lugares que, como el Memorial y el MUME, configuraron hitos en el proceso de construcción de la Memoria. También consideramos sitios los lugares de resistencia a la dictadura y a la cultura de impunidad. Entendemos que en este incipiente sistema de sitios de memoria debe haber un lugar para la memoria de lo hecho. Porque nosotros también hacemos la historia. Cada uno y todos.

Por último, quiero hacer también un reconocimiento a lo que hemos avanzado en estos aproximadamente cuatro años que llevamos trabajando juntos, desde las primeras reuniones en el Museo de la Memoria cuando nos repartíamos en talleres, unos para intercambiar sobre la ley de sitios que queríamos y otros para intercambiar sobre la estructuración de la red. Y a Marcos Carámbula que nos dio una buena mano presentando la Ley y respetando nuestros puntos de vista.

Tenemos que poner en valor lo que hemos logrado e ir por más.

Muchas gracias

INAUGURACIÓN DEL SITIO DE MEMORIA DE TOLEDO

El 30 de agosto fue inaugurado el Sitio de Memoria de Toledo. El mismo había sido declarado Sitios de Memoria por la Comisión Nacional Honoraria de Sitios de Memoria (CNHSM), en su sesión del 6 de marzo de 2019. El predio ubicado cerca del Batallón 14 de Paracaidistas de Toledo, Canelones, en el que fueron hallados los restos de Julio Castro (2011) y Ricardo Blanco Valiente (2012) en fosas clandestinas.

El mismo fue solicitado ante la CNHSM por parte del Colectivo de Memoria de Toledo integrado por vecinas y vecinos de esa localidad quienes tienen como objetivo promover valores de paz, democracia, justicia social, participación y derechos humanos. Este colectivo también se movilizó para el reconocimiento oficial del que luego fuera denominado “Camino a la Memoria” por parte de la Junta Departamental de Canelones el 21 de setiembre de 2018, próximo al Batallón 14.

Los acontecimientos ocurridos en ese lugar son representativos de las prácticas violentas enmarcadas en el terrorismo de estado que marcó a nuestro país en tiempos de dictadura. La CNHSM entiende necesario salvaguardar el predio, crear las condiciones para su conservación, investigación, mantenimiento y divulgación de lo ocurrido con el propósito de resignificar nuestro presente a partir del conocimiento de lo ocurrido en el pasado.

El predio fue declarado Monumento Histórico Nacional el 2 de diciembre de 2014 por parte del Ministerio de Educación  y Cultura, a solicitud de Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos y de la Secretaría para los Derechos Humanos.  Había sido entregado en comodato a la Intendencia Canaria por parte del Ministerio de Defensa Nacional en 2013.

Julio Castro, nacido en 1908 se graduó de maestro en 1927. Fue director de escuela, inspector de primaria, docente de Magisterio, activo impulsor de las Misiones Sociopedagógicas de 1945, fundador de la Federación Uruguaya de Magisterio, colaborador de UNESCO y periodista. Fue detenido el 1 de agosto de 1977 en la intersección de Rivera y Llambí. Estuvo desaparecido 34 años. Sus restos evidenciaron el trato violento al que fuera sometido. Alambres y ligaduras en las manos, fractura perimorten en costilla y evidencia del impacto de un proyectil en el cráneo.

Ricardo Blanco Valiente, nacido en 1938, fue funcionario de UTE en la ciudad de Mercedes y luego tuvo un almacén en el barrio de Sayago, Montevideo. Fue detenido en su domicilio de la calle Carlos Ferreira Odetto, el 15 de enero de 1979. Estuvo 34 años desaparecido. El análisis de sus restos reveló una fractura en fémur derecho, otra en una costilla derecha y una lesión por arma de fuego en fémur izquierdo.

Surcados por arañazos

“En esta ola de recuerdos que refluye la ciudad se embebe como una esponja y se dilata. […] Pero la ciudad no cuenta su pasado, lo contiene como las líneas de una mano, escrito en las esquinas de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras, en las antenas de los pararrayos, en las astas de las banderas, cada segmento surcado a su vez por arañazos, muescas, incisiones, comas”. (Las ciudades invisibles, Ítalo Calvino)

El 29 de junio tomó estado parlamentario el proyecto de Ley de Sitios de la Memoria Histórica. Fue presentado por el senador Marcos Carámbula y discutido y consensuado por la Red Pro Sitios de Memoria, que integran la Institución Nacional de Derechos Humanos (INDDHH), Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos, Crysol, el Museo de la Memoria, la Asociación Ágora, la Fundación Zelmar Michelini, la Comisión de Derechos Humanos de la Junta Departamental de Montevideo, el Área de Derechos Humanos de la Universidad de la República, el Servicio Paz y Justicia, entre otros.

El proyecto de ley es otra iniciativa que se articula con la ya existente 18.596, sobre la actuación ilegítima del Estado en el período comprendido entre el 13 de junio de 1968 y el 28 de febrero de 1985, que reconoce su responsabilidad en cuanto a los crímenes cometidos en el marco del terrorismo de Estado y el derecho de las víctimas a la reparación. En su artículo 8, establece: “En todos los sitios públicos donde notoriamente se identifique que se hayan producido violaciones a los derechos humanos de las referidas en la presente ley, el Estado colocará en su exterior y en lugar visible para la ciudadanía, placas o expresiones materiales simbólicas recordatorias de dichos hechos; podrá definir el destino de memorial para aquellos edificios o instalaciones que recuerden esas violaciones y podrá determinar la celebración de fechas conmemorativas de la verificación de los hechos”.

La creación de instancias, sitios y marcas es una herramienta importante para las políticas públicas de memoria, que aportan a la reparación simbólica de las víctimas del terrorismo de Estado, con el objetivo de devolverles su dignidad y deconstruir el relato dominante durante décadas, así como al conocimiento de la verdad y la realización de la justicia. En Uruguay, la mayoría de las veces, estas iniciativas han recaído en las víctimas o sus familiares. La Marcha del Silencio, al cumplirse los 20 años del asesinato de Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruiz, Rosario Barredo y William Whitelaw, fue y es una de las principales manifestaciones de memoria y tuvo como principales protagonistas a los familiares de los desaparecidos y los asesinados. El Memorial de los Desaparecidos se inauguró el 10 de diciembre de 2001 en el Parque Vaz Ferreira, del Cerro; fue promovido por una comisión nacional y auspiciado por la Intendencia de Montevideo (IM), la Sociedad de Arquitectos del Uruguay y la Junta Departamental de Montevideo. El Museo de la Memoria, en lo que fuera la casaquinta del dictador general Máximo Santos, fue también un proyecto de organizaciones sociales en conjunto con la IM. Los cambios en el nomenclátor no sólo respondieron a iniciativas de los diferentes niveles de gobierno, sino también a impulsos locales de vecinos y familiares de las víctimas. Así se incluyó en la memoria colectiva del territorio a Héctor Gutiérrez Ruiz, a Zelmar Michelini, a Walter Medina, a Enrique Erro, a Líber Arce, a Washington Pérez, a Susana Pintos, entre otros. Las marcas de memoria que encontramos en varios lugares, por ejemplo a las puertas del teatro El Galpón o en el Obelisco de los Constituyentes de 1830, son el resultado del proyecto Memorias de la Resistencia, impulsado por referentes de la sociedad civil. El Memorial para los Desaparecidos de Mercedes, inaugurado el año pasado, fue también una iniciativa de las organizaciones de derechos humanos.

La mencionada ley 18.596 habilitó más recientemente a colocar marcas de memoria en los lugares de represión. Diversas iniciativas han sido presentadas ante la Comisión Especial del Ministerio de Educación y Cultura, con resultados positivos, y las marcas fueron instaladas a lo largo y ancho del territorio nacional, por ejemplo, la de la Cárcel de Cabildo o la de la Dirección de Información e Inteligencia Policial.

Crear y educar en un nuevo relato que incorpore la verdad histórica supone estos espacios de homenaje y reconocimiento. Sin embargo, es de anotar la inexistencia en Uruguay de espacios de memoria en los lugares que fueron centros clandestinos y no clandestinos de represión, como la Escuela de Mecánica de la Armada, Automotoras Orletti, en Argentina, y el Memorial de la Resistencia de San Pablo en Brasil, donde antes funcionara el Departamento de Orden Político y Social. La iniciativa del Espacio Memorias para la Paz que pretendía crear un Museo para la Paz en la cárcel de Punta de Rieles y su entorno tuvo que conformarse con la plaza Museo y Memoria de Punta de Rieles.

En estos momentos hay dos iniciativas en curso. Una es el sitio del Servicio de Información de Defensa, que funcionó como centro clandestino de detención durante la dictadura. El edificio perteneció luego al Centro de Altos Estudios Nacionales (Calen) y hoy aloja a la INDDHH. Por allí pasaron los secuestrados en Argentina y trasladados a Uruguay en el marco del Plan Cóndor, en su mayoría aún desaparecidos. El lugar fue adaptado para el funcionamiento del CALEN primero y para la INDDHH después. Del relato de los sobrevivientes surge que casi no quedan huellas de cómo era entonces. La otra iniciativa proviene del Museo de la Memoria, que pretende construir un sitio abierto al público en el galpón 4 del Servicio de Material y Armamento, conocido como 300 Carlos o Infierno Grande, donde fueron torturados y asesinados presos políticos durante la dictadura. En el predio lindero al Batallón 13 fueron encontrados los restos de Fernando Miranda. La Red Pro Sitios de Memoria impulsa otros proyectos similares, cada uno con sus particularidades.

Creemos que la invisibilidad de esos espacios físicos contribuye a ocultar el pasado reciente. Los sitios de memoria son “una herramienta para la materialización de los hechos allí ocurridos”, reza el proyecto; de ahí la importancia de una ley que los resguarde. No sólo a los efectos de encontrar restos de desaparecidos, sino también de visibilizar el modus operandi de los represores y los rastros en muros y pisos que muchas veces subsisten a pesar de la pintura. Los sitios son escenarios de crímenes y como tales deberían haber sido tratados, para permitir a las víctimas su reconocimiento, para hacer estudios periciales y para crear equipos multidisciplinarios que determinasen las medidas necesarias para evitar su deterioro.

La memoria está unida indisolublemente a la búsqueda de la verdad y la justicia. Por eso los espacios físicos donde se cometieron violaciones a los derechos humanos deben ser preservados también como evidencia y se debe garantizar su accesibilidad y su intangibilidad. En Uruguay hay medidas que impiden innovar sobre algunos predios militares. Sin embargo, el transcurso del tiempo, el pacto de silencio de los militares y el ocultamiento de información han tenido como consecuencia su manipulación, transformación y a veces desaparición; es el caso de la casona de la calle Millán (Millán 4269), donde actualmente existe una cooperativa de viviendas.

Al mismo tiempo, la derecha, lejos de establecer una mirada autocrítica sobre el pasado, se ha reafirmado en su discurso, lo ha fortalecido con un equipo de abogados y expertos, y lo difunde a diario en las redes por medio de un grupo de trolls creados para tal fin. La omertá es, a esta altura, una patología con visos de cronicidad de nuestra democracia. Dos testimonios recientes de soldados parecen ser una grieta en esa pared oscura. Disputar ese relato con evidencias, existentes, por cierto, explayarnos y enriquecer la defensa de las libertades democráticas es un imperativo del momento político nacional e internacional.

La reconstrucción de la verdad tiene una dimensión personal y una dimensión colectiva. Es una verdad dinámica que cambia con nuevos aportes, a veces de las víctimas, a veces de los vecinos, a veces de la comunidad. Esa verdad siempre precaria es un derecho de la ciudadanía, derecho a conocer los hechos y a hacerse cargo de su pasado, derecho a construir su identidad con ella. Una identidad difícil de objetivar, por lo dolorosa y traumática, pero necesaria para no repetir errores y estar alerta ante propuestas revisionistas. Estos sitios contribuyen a educar en derechos como garantía de no repetición y, en diálogo con la comunidad, a construir nuevas subjetividades. El cambio de uso de estos lugares crea nuevas relaciones y resignifica el territorio. Estas transformaciones siguen siendo un debe. Por otra parte, no deja de indignar la lentitud pasmosa con la que los gobiernos progresistas han avanzado en el análisis de los archivos, el sometimiento a la justicia de los responsables y la construcción proactiva de la memoria como garantía de un nunca más al terrorismo de Estado. Quizás estemos aún a tiempo de dar un giro a la situación. Nutrirnos de expertise, decisiones políticas y ejecutividad, y volcar los recursos materiales y humanos suficientes para desentrañar nuestro pasado.

Hija de Ary Cabrera Prates, detenido desaparecido el 5 de abril de 1976

Publicado en Dínamo/La Diaria el 28/8/17

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