El día del Libro Libre funciona!

Hoy es la 4ta liberación masiva de libros. Lo organiza Libro Libre Uruguay. La verdad es que conocí la iniciativa a través de Facebook y me fascinó la idea, los postulados, la forma democrática de concebir la creación literaria como algo accesible a todo el mundo y el compromiso con eso. Me parece que está vinculada a algo que escribí hace un tiempo: La literatura como práctica de la libertad. Pero bueno, no quiero reinterpretar a este grupo de gente linda sólo decir que me sumé a ella. Como siempre con algunas dudas de qué resultados tendría. Así que llevé unos libros con un cartel que decía: Libro Libre como indican los organizadores. Los coloque sobre un banco de la Plaza Liber Seregni y me alejé con mi cámara de fotos a ver qué sucedía. Con un poco de miedo de que jugaran a la pelota con ellos, claro. Los adultos no podemos con la suspicacia.  Sin embargo, los resultados todavía me producen taquicardia de alegría. Véanlos ustedes mismos. Me falta dar mis felicitaciones a este grupo de gente y a los que sea hayan tenido la iniciativa en algún lugar del mundo. Un día de emociones este.

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Entrevista a Adriana Cabrera Esteve (via Artica – Centro Cultural 2.0)

Entrevista a Adriana Cabrera Esteve Detalle de tapa de “Guidaí en la tierra sin tiempo”, editorial Alfaguara En esta nueva entrevista conversamos con Adriana Cabrera Esteve, escritora uruguaya. Nació en Montevideo, en 1955. Ha sido periodista y es militante en Derechos Humanos. Ha publicado diversos libros de literatura infantil y juvenil, entre ellos Crimen en el Puente Mauá, El fantasma del cuaderno negro y la saga de la heroína Guidaí, ganando diversos premios por ello … Read More

via Artica – Centro Cultural 2.0

Un libro, un abrazo

En noviembre de 2010, en un esfuerzo colectivo entre la Biblioteca Nacional, las Intendencias de Montevideo, Canelones y Maldonado, la Editorial Banda Oriental, seis organizaciones sociales y los que escribimos los cuentos, se presentó  “Un libro, un abrazo” de literatura juvenil: Que no los lean mis padres. Fue un placer trabajar con Magdalena, Gabriela y Sebastián y con Andrés Chavarría que desde la Biblioteca Nacional realizó la coordinación. “Un libro, un abrazo” antes se llamó “Un libro, un boleto”. Se trata de un proyecto laboral para jóvenes en situación de vulnerabilidad o con discapacidades, que venden títulos de autores nacionales a 20 pesos.

En el Liceo Jubilar

Yendo por Instrucciones hasta la Gruta de Lourdes y doblando luego dos veces a la derecha está el Liceo Jubilar. Allí estuvimos hoy realizando un taller de literatura. El grupo de 2do año había leído “Crimen en el Puente Mauá”. La charla fue tan amena que una hora se convirtió en dos.

La literatura como práctica de libertad

Presentación en la Mesa de Literatura Infantil, Premios Anuales MEC 2009, Feria del Libro, 25 de mayo, 2010, por Adriana Cabrera Esteve

Hace ya varios años descubríamos a Paulo Freire y su libro “La educación como práctica de libertad”.  Freire proponía la unidad educador-educando, la relación dialógica entre ambos y la realización juntos de un proceso que les permitiera la autoreflexión sobre su tiempo y su espacio. También la apropiación de la palabra no como un regalo del alfabetizador sino como un derecho fundamental, inherente al individuo. Supongo que por mi  juventud de entonces esas, sus propuestas, calaron fuerte dentro de mí porque más de una vez cuando pienso en por qué la literatura, y en particular por qué la literatura juvenil aparece en mi mente el título de su libro aunque en este caso cambio la palabra educación por literatura. No quiero decir con esto que literatura y educación sean la misma cosa. La verdad es que no creo eso. Sin embargo tienen algunas cosas en común. Una, el uso de la palabra, dos, la resignificación de la realidad a partir de la creación de mundos imaginarios. Esta práctica de libertad no termina en el creador, el escritor, sino que por el contrario desencadena una serie de resignificaciones de cada texto, propias del hecho artístico, que el lector, reconstruye y reescribe tantas veces como quiera según el momento de su vida y de lo profundo o superficial que pueda encontrar al  hilar sus razonamientos. La palabra mujer puede sugerir la imagen de Angelina Jolie o de la maestra de 6to grado. La palabra casa, puede interpretarse como un hogar de Casabó o como un hogar de Carrasco. Es el lector el que elige, desde sus experiencias, desde su inconsciente, desde su práctica de lectura. Al hacerlo ejerce  un derecho que ningún sistema puede evitar porque es inherente al ser humano, la libertad de pensar y de elegir. Se constituye así, un binomio único, irrepetible entre escritor/lector, diferente al del mismo escritor con otro lector.

Por otra parte, de la misma manera que con el silencio podemos intentar la inexistencia de algunos hechos por muy relevantes que sean, con la palabra podemos refundarlos, hacerlos presentes, traerlos del olvido o de la no existencia. La creación literaria nos permite fundar mundos surgidos de una cualidad humana impresionante, la imaginación, y de ahí la gran responsabilidad del comunicador. Al mismo tiempo, cuando recorro liceos y escuelas conversando con adolescentes que esperan simplemente que les demos algo, asumo la profunda necesidad de ser leales a nuestra concepción del mundo. Cuando me preguntan por qué escribo para jóvenes suelo, según las edades de los grupos, hablar de la literatura como herramienta de comunicación intergeneracional, pero cuando la madurez del grupo lo permite suelo contestarles que es porque creo que la literatura es una herramienta para repensar qué es verdad y qué no y porque nos permite ponernos en el lugar del otro y comprender otras estructuras de pensamiento. Dos cosas necesarias si pensamos que la historia de la humanidad  ha sido una historia de  desigualdad, de guerras y de hambre.

Cuando elijo en mis novelas invertir la dirección del tiempo, o sumergir a mis personajes en un mundo onírico, pretendo que puedan concebir que el mundo puede ser diferente a como lo suponemos. Pretendo, aunque sea una pretensión epistemológica, que los seres humanos aprendan la provisoriedad de sus verdades. No quiero decir con esto, porque la mayoría sabe que además de escritora, lucho por los derechos humanos, que no haya elementos de verdad suficientes para inculpar, por ejemplo a criminales de lesa humanidad. Asumo que la relatividad también tiene sus límites. Pero cuando veo algunos jóvenes y algunos no tanto,  sostener la supremacía de un cuadro de fútbol sobre otro, o confiar ciegamente y discutir en forma acalorada por  algo que han visto en la tele u oído por ahí. O cuando vemos, un poco más lejos en el mundo, conflictos religiosos, estigmatizaciones raciales o culturales, manipuladas o no, según los centros de poder, me convenzo de que lo mejor que podemos mostrar es la relatividad de algunas verdades y la necesidad de aprender a respetar las verdades de otros.

Tengo la impresión de que la literatura y en general el arte, hacen un gran aporte a esas reflexiones, ayudan a interrogarse, si no en forma consciente, en forma inconsciente. La identificación con un personaje, la vieja catarsis, es ni más ni menos que ponerse en el lugar del otro. Algo difícil en momentos en que la humanidad parece hundirse sin tomar consciencia siquiera cuando puede estar en juego su supervivencia como especie.

Día del Libro en el Liceo de Atlántida

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Invitada por el Prof. Carlos Faliveni, esta vez, fuimos al Liceo Nro.1 de Atlántida. Trabajamos con los primeros años sobre “Guidaí en la tierra sin tiempo”. Habían preparado una entrevista. Recibimos también  pergaminos firmados por cada grupo, uno de ellos con un proverbio hindú:

“Un libro abierto es un cerebro que habla;

cerrado, un amigo que espera;

destruido, un corazón que llora…”

Al finalizar, visitamos la biblioteca y recorrimos el lugar.

Hay, departe de la comuna y los canarios, tanto los jóvenes como los adultos con los que dialogué, un esfuerzo por rescatar la memoria de la zona. Cada lugar tiene su historia y cada historia su tiempo. En ese camino quieren seguir.

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Mañana de lluvia en el Liceo Nro.50

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Hace pocas horas visité el Liceo Nro.50, en el barrio Casabó, invitada por la Prof.Mónica Drafta. El bibliotecario, Mauricio, nos abrió la biblioteca y preparó un Power Point con paisajes de Kiyú. El tema de conversación: “Guidaí en la tierra sin tiempo”. Esta vez, no sólo encontré lectores, escuchas y participantes. Encontré escritores. El grupo ha hecho un trabajo de investigación sobre leyendas existentes en el barrio. Pude escuchar una de ellas que me prometieron dejar publicar en este blog cuando esté terminada. La idea es elaborar su publicación también. Porque junto a Mónica y Mauricio, descubren que como escribía el poeta Blas de Otero y cantaba Paco Ibañez, ellos siempre tendrán la palabra.

En el principio

Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.

Blas de Otero

Los lectores del Liceo 45

Ayer a la tarde estuvimos también en el liceo Nro.45. Otra vez nos acogió la biblioteca. Nos encontramos con un grupo de jóvenes que habían completado la lectura de “Crimen en el Puente Mauá”; lo mejor que le puede ocurrir a un escritor: intercambiar, contestar, escuchar lo que los lectores tienen para decir. Durante una hora hablamos sobre la posibilidad que nos da la literatura de concebir otros mundos y otras formas de pensar y por eso mismo cada libro puede llegar a ser una escuela de tolerancia y de humanidad. Al sentir un personaje realizamos el ensayo de ponernos en el lugar del otro. Aprendemos que las verdades son parciales y que lo que más se le acerca es una construcción colectiva, circunstancial y por lo tanto, cambiante.

Taller de literatura en el Liceo Nro.7


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Ayer fuimos al Liceo Nro.7. Trabajamos en dos grupos de segundos años. El lugar: la biblioteca del liceo. Ambos grupos habían leído parte de “Crimen en el puente Mauá”. Con los dos tuvimos una charla fluida sobre las novelas de género policial pero también las potencialidades de la literatura para abordar y deconstruir rituales y percepciones de la realidad aceptadas desde las costumbres. Hablamos de la abuela, personaje de la novela, fiel representante de lo que fue la generación de los Beatles y los Rolling Stones en nuestro país. Hablamos de las disyuntivas éticas de sus hijos y de sus nietos. Pero fundamentalmente ellos se mostraron tal cual son. Una juventud que espera tener un diálogo fluido con los adultos desde sus más auténticas experiencias. Igual que lo hicimos nosotros.

Escuela Nro. 14: Corriéndose un poquito más que hay lugar

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Hoy estuvimos en la Escuela Nro.14 ubicada en el Prado. La lluvia nos obligó a usar una sala no prevista, sin embargo logramos entrar todos. Simultáneamente se realizaba una clase de gimnasia y un taller de plástica para padres y alumnos. Allí entre mesas que desprendían colores e imaginación encontramos a Juana Paris. Enérgica y activa, hace un excelente trabajo de promoción de lectura. Lo que iba a ser un taller, se convirtió en una entrevista. El grupo de jóvenes lectores atentos hicieron preguntas agudas.  Uno de los quintos años preguntaba sobre “Guidaí en tiempo de piratas” y el otro sobre “Crimen en el puente Mauá”. Las maestras estimulan la lectura a diario y eso se nota en los resultados. Para mí fue un placer acompañarlos hoy.

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