Crimen en el Puente Mauá en la Biblioteca Paco Espínola

El 31 de julio realizamos un taller literario sobre la novela Crimen en el Puente Mauá organizado por la Intendencia de Montevideo en la Biblioteca Paco Espínola. Mariella Chiossoni, de la División de Promoción Cultural de la Intendencia de Montevideo, tomó algunas fotos que comparto con ustedes. Participaron cuatro grupos de sexto año de las Escuelas Nros. 338 y 179.

Guidaí en un duelo a muerte

Invitación de Mosca
Los invitamos a participar en la actividad que realizaremos junto a Adriana Cabrera Esteve acerca de su libro dirigida a chicos de 4to,5to y 6to años.
Jueves 9/8 a las 14.30 hs
Sala Tabaré Sucursal Cordón
18 de Julio 1578
Confirmar asistencia:
eventos@mosca.com.uy
Tel.24093141

En el Liceo Jubilar

Yendo por Instrucciones hasta la Gruta de Lourdes y doblando luego dos veces a la derecha está el Liceo Jubilar. Allí estuvimos hoy realizando un taller de literatura. El grupo de 2do año había leído “Crimen en el Puente Mauá”. La charla fue tan amena que una hora se convirtió en dos.

Feria del Libro en Durazno

Invitados por el Ministerio de Educación y Cultura (MEC), participamos en una mesa redonda, organizada para la Feria del Libro en Durazno. Compartimos la mesa con Virginia Luca, del MEC, los escritores Lía Schenck, presentando sus Historias de Pueblo Chico y Sergio López Suárez y el ilustrador Alfredo Soderguit presentando Leer, mirar…¡adivinar! La Feria, una movida cultural en pleno centro de la ciudad, el Museo Casa de Rivera, es el resultado del esfuerzo de la Cámara del Libro y  las bibliotecarias de la Biblioteca Municipal. Contó con la participación de escolares durante todo el día que escuchaban charlas de escritores y compraban libros. Al final de la tarde grupos de jóvenes y adultos examinaban los stands y asistían a algunos espectáculos artísticos. También aprovechamos a visitar la ciudad y, acompañados por el fotógrafo Juan Fernández,  el Foto Club de Durazno, fundado en 1987. En su Rincón Histórico nos encontramos con una buena colección de cámaras fotográficas antiguas.

Presento acá, parte de lo expuesto en relación a Crimen en el Puente Mauá, que es lo que me tocaba hacer a mí. Lo llevaba pronto para ser leído, pero preferí no leer, así que salió lo que salió:

…Creo que en ésta novela, de género policial para jóvenes, están presentes estas inquietudes que acaba de mencionar Alfredo, la de hacer preguntas y generar el autointerrogarse sobre diferentes temas. El personaje, un niño de 13 años se ve enfrentado a un mundo de secretos que tendrá que develar. El narrador, Mateo, tiene que empezar a tirar del hilo que le permita desenredar la madeja hasta llegar a la verdad y para eso no tiene más remedio que recurrir a las verdades parciales que le brindan las generaciones anteriores, sus padres y su abuela. Al mismo tiempo, esta última se presenta a través de sus sueños y es allí que le da pistas sobre lo que sucedió treinta años antes: el crimen en el Puente Mauá.

He tratado de deconstruir también allí el ritual ante la muerte, costumbres tan anquilosadas que ya no cuestionamos, a veces porque ni siquiera queremos pensar en la muerte, aunque sea además del nacer, las dos cosas más ciertas que tenemos.

Junto a eso, los sentimientos propios del duelo ante la pérdida de un ser querido. En ese sentido, la novela tuvo dos nacimientos. Uno, como ya he dicho antes, porque me la pidió una niña de Melo en un taller que realizamos en Cerro Largo. Otro en el 2006, cuando increíblemente, fallecieron seis amigos, Luz Ibarburu, Quica Errandonea, Alberto Heinz del colectivo de Familiares de uruguayos detenidos desaparecidos, Hugo Cores, amigo de toda la vida, y siempre digo que ese año se murió hasta mi perro. Pero creo que el más humano y racional fue el entierro de mi perro. Lo llevamos al lugar donde a él más le gustaba estar y lo sepultamos debajo del paraíso que está enfrente de la casa, confiando que sus moléculas fueran a enriquecer a otro ser vivo y de esta forma, siguiera acompañándonos.  También intenta sugerir, la forma en que los que se van, se quedan con nosotros de alguna manera. Con lo que nos enseñaron, con lo que compartimos, y la forma en que no se quedan, que es cuando se llevan, con ellos, nuestros recuerdos. Esos que cada vez son más difíciles de rescatar de ese disco duro que es nuestra memoria.

Otro de los temas que la novela intenta deconstruir es la vejez.  Y en particular la vejez de Lucila Cienfuegos. Tratamos de que la sola mención de su nombre rompiera con la imagen gris y deslucida que los jóvenes y algunos adultos tienen de las personas mayores. Siempre recuerdo a mi suegra decirme, soy la misma, siento lo mismo, pero mis rodillas no me funcionan, la piel se me arruga y me cuesta leer. Esa mujer joven, que está dentro de muchas abuelas, es Lucila Cienfuegos. Una mujer que escuchó a los Beatles y a los Rollings Stones y vivió de acuerdo a los valores rupturistas de su época.

Por último, la novela propone a los sueños, el espacio onírico, como un espacio de comunicación de dimensiones desconocidas y por eso mismo, respetable. Pero desenmarañada desde un adolescente, por consiguiente, con un lenguaje también adolescente.

Presentación de “Crimen en el Puente Mauá” en la Feria del Libro

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El viernes 28 de mayo presentamos la novela juvenil “Crimen en el Puente Mauá” en la Feria del Libro Infantil, 2010.  A pesar de la poca luz, mi editora logró hacer estas dos tomas. Nos acompañaron con su música, Paula Rivas (guitarra), Juan Pereyra (órgano)  y Florencia Anzalone (flauta traversa).

Escuela Nro.30: el querido barrio del Cerro

Esta vez fuimos a la escuela del Cerro. Conversamos con niños de los sextos años. Algunos altos, otros bajos. Miradas pícaras, miradas serias. Los diálogos también son disimiles. No dejan de sorprendernos. Hablamos del valor de la palabra y de la capacidad de ver las cosas como si fuera la primera vez. Habían leído “Crimen en el Puente Mauá”, compartían las preguntas del personaje. Las maestras me comentan que avanzan lentamente porque cada tramo de la novela les provoca inquietudes que se abren ante ellas para ser despejadas.  Antes de irme, me regalan una frase de Emily Dickinson. Yo les regalo un poema de la misma poetisa, que, como el personaje de la novela, Lucila Cienfuegos, se mete con los sueños.

Un sueño largo, largo, un ya famoso sueño…

Un sueño largo, largo, un ya famoso sueño,
que señales no da de que se está acercando el día,
pues no mueve ni un párpado el durmiente:
un sueño independiente y apartado.

 

¿Pereza como ésta se vio nunca?
En orilla de piedra,
bajo el calor, dejar pasar los siglos
y ni una vez mirar si el mediodía llega.

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Día del Libro en el Liceo de Atlántida

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Invitada por el Prof. Carlos Faliveni, esta vez, fuimos al Liceo Nro.1 de Atlántida. Trabajamos con los primeros años sobre “Guidaí en la tierra sin tiempo”. Habían preparado una entrevista. Recibimos también  pergaminos firmados por cada grupo, uno de ellos con un proverbio hindú:

“Un libro abierto es un cerebro que habla;

cerrado, un amigo que espera;

destruido, un corazón que llora…”

Al finalizar, visitamos la biblioteca y recorrimos el lugar.

Hay, departe de la comuna y los canarios, tanto los jóvenes como los adultos con los que dialogué, un esfuerzo por rescatar la memoria de la zona. Cada lugar tiene su historia y cada historia su tiempo. En ese camino quieren seguir.

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Mañana sin lluvia en el Liceo Nro.55

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¿Contar o no contar nuestras vidas a través de la literatura? ¿Qué hay del escritor en cada personaje? ¿Qué hay de cierto en las novelas y qué no? Fueron algunas de las preguntas que presentaron los jóvenes del Licéo 55. Algunos son ni más ni menos que dilemas éticos o técnicos del escritor, otros, temas de debate en la crítica literaria. A la mayoría de las preguntas sólo podemos contestar desde la mirada personal a menos que queramos contribuir al pensamiento intolerante y dogmático. Sin embargo no deja de sorprender en estos talleres la capacidad de los jóvenes de identificar temas cruciales para la literatura desde sus orígenes. Temas cruciales que nos definen como humanos. Cuando la prensa habla sin cesar de la incidencia de la droga en nuestra juventud o de la violencia, uno no puede dejar de preguntarse por qué estos jóvenes sensibles, inquietos, en busca de respuestas que les permitan comprender el mundo que les legamos no cuentan en la lectura de las estadísticas de la misma manera.

Mañana de lluvia en el Liceo Nro.50

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Hace pocas horas visité el Liceo Nro.50, en el barrio Casabó, invitada por la Prof.Mónica Drafta. El bibliotecario, Mauricio, nos abrió la biblioteca y preparó un Power Point con paisajes de Kiyú. El tema de conversación: “Guidaí en la tierra sin tiempo”. Esta vez, no sólo encontré lectores, escuchas y participantes. Encontré escritores. El grupo ha hecho un trabajo de investigación sobre leyendas existentes en el barrio. Pude escuchar una de ellas que me prometieron dejar publicar en este blog cuando esté terminada. La idea es elaborar su publicación también. Porque junto a Mónica y Mauricio, descubren que como escribía el poeta Blas de Otero y cantaba Paco Ibañez, ellos siempre tendrán la palabra.

En el principio

Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.

Blas de Otero

Los lectores del Liceo 45

Ayer a la tarde estuvimos también en el liceo Nro.45. Otra vez nos acogió la biblioteca. Nos encontramos con un grupo de jóvenes que habían completado la lectura de “Crimen en el Puente Mauá”; lo mejor que le puede ocurrir a un escritor: intercambiar, contestar, escuchar lo que los lectores tienen para decir. Durante una hora hablamos sobre la posibilidad que nos da la literatura de concebir otros mundos y otras formas de pensar y por eso mismo cada libro puede llegar a ser una escuela de tolerancia y de humanidad. Al sentir un personaje realizamos el ensayo de ponernos en el lugar del otro. Aprendemos que las verdades son parciales y que lo que más se le acerca es una construcción colectiva, circunstancial y por lo tanto, cambiante.