“Hijas de Vidriero” en el Parlamento

Con el Colectivo de fotógrafas En Blanca y Negra inauguramos ayer la muestra itinerante “Hijas de Vidriero” en el Anexo del Parlamento. Desde el 1 de mayo de 2016 en que realizamos una intervención urbana en la Plaza de los Mártires de Chicago, ambas, la intervención urbana y la muestra itinerante, han recorrido barrios y ciudades, la mayoría de las veces a solicitud de mujeres, integrantes de comisiones de género, que identificadas con la idea de deconstruir su propia invisibilidad o la de sus compañeras, pedían mostrarlas. Salto, Rivera, Casavalle, Goes fueron algunos de los puntos donde mostramos nuestro trabajo.

En este mes de la mujer, en un momento de fortalecimiento de la lucha contra la discriminación y la desigualdad, volvemos a presentar las fotografías de este conjunto de mujeres trabajadoras que afines con nuestros propósitos prestaron su imagen con la esperanza de aportar un grano de arena a las grandes luchas de las mujeres en el mundo.

Hijas de Vidriero

Comunicado de Prensa

Durante el mes de mayo estará instalada en la Plaza “1 de Mayo” la intervención urbana “Hijas de Vidriero” consistente en quince gigantografías de mujeres trabajadoras. Se trata de una producción fotográfica del Colectivo En Blanca y Negra, integrado por cinco mujeres fotógrafas, Sandra Araujo, Adriana Cabrera Esteve, Ana Casamayou, Lilian Castro Soto y Estela Peri.

La misma tiene como objetivo ayudar a deconstruir la invisibilidad de la mujer en la sociedad uruguaya desde una perspectiva de género. Siendo la mujer el cincuenta por ciento de la población, esto muchas veces no se ve reflejado en los diferentes relatos de nuestra historia ni en el reconocimiento social y/o profesional.

Al mismo tiempo, crear espacios de reflexión en los espacios públicos, buscar lugares de diálogo entre el arte, la ciudad y su gente, son formas de democratizar la cultura y la ciudad. A ello contribuyen las intervenciones urbanas como esta. A hacer visible lo que a fuerza de costumbre se tornó invisible. Hijas de Vidriero se propone poner en diálogo la inequidad de género con la imagen y el escenario donde se produce. Exponer en un espacio no convencional supone rescatar e interpelar ese lugar y sus símbolos.

Es en la Plaza de los Mártires de Chicago, en el acto del Día de los Trabajadores, en una jornada emblemática de lucha obrera, donde esta intervención urbana pone de manifiesto a las mujeres trabajadoras en las más diversas áreas.

Si bien las mujeres cumplen una gran cantidad de roles en la sociedad y la inequidad de género aparece de muchas formas, la reivindicación de la mujer trabajadora es un aspecto medular de su visibilidad pendiente.

Contactos:

Sandra Araujo: 099 125 405

Adriana Cabrera Esteve: 099 535 754

Ana Casamayou: 098 625 350

Lilian Castro: 094 131 778

Estela Peri: 099 115 571

Dirección electrónica: colectivoenblancaynegra@gmail.com

Página web: http://www.enblancaynegrablog.wordpress.com

¡Sí, podemos!

4Por Adriana Cabrera Esteve*

Estas elecciones internas presentan un elemento nuevo en la realidad nacional: la mayor jerarquía de la cuestión de género. En primer lugar, porque una mujer es precandidata a la Presidencia de la República. En segundo lugar, porque se aplicará, por fin, la Ley 18.476 o Ley de Cuotas. En su segundo artículo, la Ley establece que tanto para elegir las autoridades nacionales y departamentales de los partidos políticos como en las listas de candidatos para las elecciones nacionales y departamentales, las Juntas Departamentales, las Juntas Locales Autónomas, las Juntas Electorales y las Intendencias, se deberá incluir personas de ambos sexos en cada terna de candidatos titulares y suplentes, por lo menos en los primeros quince lugares. Pero, en el artículo quinto, aclara que esta disposición sólo regirá para las elecciones nacionales y departamentales de los años 2014 y 2015, respectivamente. Luego, la experiencia deberá ser evaluada. La Ley también llamada Ley de Ternas o de Participación Política Femenina, fue promulgada en 2009 luego de tres laboriosos años. Y hasta aquí lo que se logró.

Con sus carencias supone, sin duda, un cambio en calidad de la democracia uruguaya y un desafío para quienes han levantado la bandera de la equidad de género en el escenario político. Es también una prueba para todas aquellas que tengan la oportunidad de ocupar esos lugares ya que lo que hagan será mirado con lupa y no faltará quienes las exhorten a renunciar para ceder su lugar a un hombre. Lo fermental de este período sólo puede evaluarse si miramos la situación de la que venimos y en la que aún estamos.

El sufragio femenino en Uruguay fue aprobado recién en 1932 y se hizo efectivo en 1938. La primera mujer ministra, por un corto período, fue Alba Roballo, por el Partido Colorado, en 1968. En el gobierno de Tabaré Vázquez, hubo la mayor cantidad de mujeres Secretarias de Estado llegando a haber cinco en algún momento del período.  En el segundo gobierno del FA supo haber una en trece (actualmente hay dos). Sólo para tener en cuenta, en Suecia, la presencia femenina en el Gabinete Ministerial es del 52%.

En lo que refiere a la presencia femenina en el Parlamento, esta ha ido, felizmente, en aumento, aunque nada que entusiasme demasiado. De un 4.6% en 1989 pasamos en 2009 a un 13%, año en el que fueron electas cuatro senadoras y quince diputadas. Y entre tanto, durante el primer gobierno frenteamplista, tuvieron que digerir el veto presidencial a una demanda histórica del movimiento de mujeres como fue el artículo que legalizaba el aborto en la Ley de Salud Sexual y Reproductiva. Algo que tuvo que subsanarse en la segunda legislatura frenteamplista.

En lo departamental, en 2010 se dio un gran salto al ser electas tres mujeres como Intendentas. Y en las Juntas Departamentales, el porcentaje pasó de un 15.3% en 2005 a un 17.1% en 2010.

La creación del tercer nivel de gobierno abrió nuevas posibilidades a la participación de mujeres en instancias de gestión de la cosa pública. Cada Municipio con un mínimo de cinco mil habitantes tiene un gobierno municipal formado por cinco concejales de los cuales el más votado es el alcalde o alcaldesa y preside el concejo. De 89 municipios, 23 están encabezados por mujeres.

A nivel internacional, América Latina tiene actualmente, tres presidentas mujeres. Según el informe 2013 del Foro Económico Mundial la participación política de las mujeres ha mejorado en los últimos años sustantivamente, Nicaragua, por ejemplo, ocupa el quinto lugar mundial luego de los países nórdicos. Pero Uruguay se encuentra entre los peores de Latinoamérica junto a Paraguay, Honduras, Perú y República Dominicana.

Históricamente, la división del trabajo ha destinado las mujeres al espacio privado y los hombres al ámbito público. A lo largo de los siglos, los saberes y destrezas de ellas se han desarrollado en la esfera del hogar y cuando salieron al mercado de trabajo lo hicieron mayoritariamente en el área de los servicios. Hospitales y escuelas están llenos de personal femenino. Mientras tanto, los hombres adquirían saberes y destrezas en el espacio público. La política ha sido un espacio de poder masculino por excelencia y los liderazgos tanto de partidos políticos, organizaciones sociales o incluso en el ámbito empresarial han recaído mayoritariamente sobre hombres. La toma de decisiones sobre el conjunto de la sociedad, también el 52% femenino, ha estado en sus manos. Por eso fue necesaria una norma que diera un giro contundente a la postergación de género. Postergación que trajo consigo la invisibilidad de lo que le ocurre a gran parte de la población, no sólo las mujeres si no también los que estaban a su cargo, niños, niñas, adultos y adultas mayores, discapacitados y discapacitadas. Por ejemplo, datos recientes de la II Encuesta de Salud Adolecente indican que en nuestro país 8,6 % de las niñas y muchachas de 13 a 16 años han sufrido agresiones sexuales y también 4,8 % de los varones de la misma edad. ¿Era esto relevante antes? No. ¿Se denunciaba? Tampoco.

La desnaturalización de la violencia doméstica, de la trata de niños y niñas, de las condiciones del trabajo doméstico no remunerado, de la discriminación por etnias u orientación sexual son algunos de los avances que han acompañado la incorporación de la mujer a la política nacional. Pero además, a la política uruguaya le ha hecho falta la mirada femenina también para los problemas que atañen a la población masculina y los grandes temas de la sociedad.

Tendremos que recuperar el tiempo perdido. Comienza un quinquenio en el que habrá que hacer la diferencia, dejar nuestra marca en la historia. Para eso, es necesario que aprendamos a hacer política también entre nosotras y con otras. Construir cada una su espacio. Cambiar las relaciones de competencia que nos impone el sistema por relaciones de solidaridad. Necesitamos destinar toda nuestra energía a lo mucho que hay para hacer.

*Editorial de Cuadernos de Compañero Nro.15