A 40 años del golpe de estado ¡Nunca más!

Participación como panelista en las jornadas organizadas por la Universidad de la República, el PIT-CNT y el Instituto Cuesta-Duarte con motivo de los 40 años del golpe de estado en la mesa redonda sobre memorias políticas y políticas de memoria, coordinada por Diego Sempol e Isabel Wschebor. Estuvieron en la mesa también Aldo Marchesi, Carla Larrobla y Elbio Ferrario

La memoria como reparación

Pensamos la memoria como la capacidad de conservar determinadas informaciones, con ellas definimos nuestra identidad, decidimos nuestro presente, planificamos nuestro futuro e interactuamos con nuestro entorno.

1. La memoria desde el sujeto

En primer lugar creo que la memoria es inestable, maleable, frágil, es subjetiva y se reconstruye día a día.

Voy a poner dos ejemplos personales. A los pocos días del secuestro de mi padre, Ary Cabrera Prates. León Duarte, hoy también desaparecido, se acercó a contarme lo que habían podido averiguar sobre su detención. Me contó que los militares habían cercado su casa. Que había habido un tiroteo de varias horas, que mi padre estaba sólo y que finalmente lo habían sacado a rastras del lugar. Ese último tramo del relato fue borrado inmediatamente de mi memoria. Si lo habían sacado a rastras significaba que estaba herido y que por lo tanto tenía pocas probabilidades de sobrevivir. Muchos meses después, en un encuentro con Enrique Rodríguez Larreta, él volvió a contarme lo mismo. Al principio fue como si lo oyera por primera vez. Recién al rato pude juntar los dos recuerdos. En ese entonces yo tenía 21 años. Luego he vuelto a escuchar el mismo relato en boca de mis familiares y hace muy poco en boca de una vecina con un recuerdo muy vívido de esa noche.

Un episodio similar me sucedió hace pocos años.  Nausicaa Palomeque me hizo una entrevista con motivo de la presentación de la denuncia sobre el llamado Segundo Vuelo. Entre las preguntas, quiso saber cuándo había visto a mi padre por última vez. Al responder le conté que habíamos almorzado juntos y habíamos ido juntos a la parada del colectivo. Y que el último recuerdo de él era cuando se despedía con una sonrisa alejándose en el colectivo. Y así era la imagen que tenía en mi memoria. Inmediatamente me di cuenta de que había un error. Mi padre siempre nos acompañaba a mi hijo y a mí a la parada, esperaba a que tomáramos el ómnibus y siempre era yo la que me iba primero. Era él el que me decía adiós desde la parada. Y así se lo aclaré a la periodista. En el momento me sentí disminuida como si mi testimonio perdiera fuerza por ese traspié de mi memoria. Sin embargo no necesitaba ni treinta segundos de terapia para saber que mi inconsciente había cambiado el lugar de cada uno porque en realidad era mi padre el que se había ido y yo estaba viva. ¿En un Ford Falcon tirado en el piso? ¿O en un avión hacia los vuelos de la muerte? ¿O en una combi blanca hacia un asesinato masivo, como surge de la investigación realizada por Roger Rodríguez? Un medio de transporte y su desaparición eran los componentes de mi recuerdo.

Ha habido siempre un espacio de tensión entre nuestra subjetividad y nuestra racionalidad. Podría aburrirlos contando otras anécdotas.  De los sobrevivientes de los centros clandestinos de reclusión o de las personas que trabajan en derechos humanos. De los protagonistas, de los testigos y de los investigadores. Y lo que construimos es el producto de un filtro de nuestro inconsciente y nuestro consciente, consensuado por la repetición, la coincidencia de apreciaciones o la existencia de material probatorio.

2. La memoria social

Abordar el horror despierta resistencias en la psique. Nos cuesta creer que un ser humano sea capaz de hacerle a otro ser humano cosas tan terribles. La tortura, el asesinato, la desaparición, la trata de vientres, el robo de bebes. Todo eso ocurría en espacios llenos de cotidianeidad. “Allí se preparaban las mamaderas” contaban los sobrevivientes del Centro Clandestino de Reclusión Automotoras Orletti cuando entramos al CALEN. “Y allí estaba el tacho”. “Y allí comían los milicos”.

A nivel colectivo la memoria presenta censuras igual que a nivel personal. En Ensayo sobre la ceguera, José Saramago narra metafóricamente lo que puede suceder con una sociedad que deja de ver. Durante los años de dictadura a muchos les costaba ver. Gabriel García Márquez deja caer sobre Macondo una lluvia que provoca la amnesia, los vecinos deben escribir qué es cada cosa para no quedar completamente aturdidos. No ver, no recordar, no creer que algo grave pueda llegar a suceder son manifestaciones de los mismos procesos de construcción de la memoria individuales y colectivos. Por eso la denuncia recayó siempre en las víctimas, sus familiares, sus compañeros, los que no podían olvidar.

Supongo que por esa suerte de ingenuidad, ese no poder creer, la memoria ha sido un espacio de control y de poder de la sociedad. El pacto de silencio entre los civiles y los militares de la dictadura no sólo ha sido un factor de impunidad, también ha sido un factor de poder. Controlar el imaginario colectivo a través de los medios de comunicación y de los discursos aparentemente optimistas de mirar hacia adelante o “no tener ojos en la nuca” de los políticos de derecha fue también una forma de mantenerse en el gobierno. Que los uruguayos no recuerden que hubo blancos y colorados en el Consejo de Estado de la dictadura es producto de una gran operación de manipulación de la memoria colectiva. Que no sepan lo que sucedió, también. Que haya archivos sin desclasificar nos habla de la supervivencia de espacios de poder de la derecha. Porque vigilar cierto tipo de información, encapsularla, invisibilizarla lo hace quien tiene poder. La construcción de la memoria deviene de una confrontación de intereses. Fue así en la construcción del ser nacional y lo sigue siendo a la hora de recordar nuestro pasado reciente. Quizá esa sea la gran ironía de la teoría de los dos demonios, visualizar la reparación integral como una dádiva hacia las víctimas y no como una necesidad imperiosa de la construcción de una democracia humanista y solidaria. Democratizar la memoria ha sido hasta ahora una batalla impulsada por una parte de la sociedad: ex presos, familiares, testigos, historiadores, periodistas, antropólogos. Y si habrá sido importante. Nada más fuerte en la construcción de la memoria colectiva, que ver los huesos de los desaparecidos emanar de la tierra, contarnos cómo los asesinaron, hablarnos de lo que sufrieron.

Sin embargo, no alcanza con el impulso desde la sociedad, son necesarias políticas de Estado.

3. La memoria como garantía de no repetición

“Toda violación de los derechos humanos hace nacer un derecho a la reparación en favor de la víctima, de sus parientes o compañeros que implica, por parte del Estado, el deber de reparar y la facultad de dirigirse contra el autor”. Así comienza el Informe final elaborado y revisado por Louis Joinet en el que también participara Theo van Boven, [1] La cuestión de la impunidad de los autores de violaciones de los derechos humanos (civiles y políticos). Cabe constatar que en el 2005 este documento fue modificado pero tal como fue escrito inicialmente sigue marcando una ética en materia de derechos humanos.

Con respecto a la memoria como garantía de no repetición se afirma “No se trata solamente del derecho individual que toda víctima, o sus parientes o amigos, tiene a saber qué pasó en tanto que derecho a la verdad. El derecho de saber es también un derecho colectivo que tiene su origen en la historia para evitar que en el futuro las violaciones se reproduzcan. Por contrapartida tiene, a cargo del Estado, el “deber de la memoria” a fin de prevenir contra las deformaciones de la historia que tienen por nombre el revisionismo y el negacionismo; en efecto, el conocimiento, para un pueblo, de la historia de su opresión pertenece a su patrimonio y como tal debe ser preservado. Tales son las finalidades principales del derecho de saber en tanto que derecho colectivo”. Para lograrlo, la subcomisión recomendaba la formación de comisiones de investigación y la preservación de los archivos, evitando la sustracción, la destrucción u ocultamiento. “El derecho de saber implica que sean preservados los archivos. Se han de tomar una serie de medidas técnicas y de sanciones penales para impedir la sustracción, la destrucción, la disimulación o la falsificación de los archivos, perpetradas principalmente con la finalidad de asegurar la impunidad de los autores de violaciones de los derechos humanos”. No voy a entrar aquí a hablar sobre el derecho a la justicia, pero sí quiero decir que los derechos son indivisibles. Como hemos repetido muchas veces no se puede recordar lo que no se sabe, no se puede saber ni tampoco juzgar lo que no se investiga. El derecho a la verdad, la justicia y la memoria, es la garantía de no repetición. Enseñar a reconocer los signos de un proceso de violación de los derechos humanos y desalentar los crímenes son algunas de las bondades que atribuimos a la memoria.

4. La memoria como reparación moral

También la memoria y la verdad son parte de la reparación moral de las víctimas. Machaconamente los informativos, los comunicados de las fuerzas conjuntas y hasta los textos de estudio, estigmatizaron a los opositores de la dictadura. Pensar lo que ha sido para los hijos crecer en un medio que degradaba a sus padres nos da la dimensión de la necesidad de este tipo de reparación. Devolver a las víctimas su dignidad es crucial, como también lo es, hacerlo en forma pública. Es un derecho del desaparecido o el asesinado ser recordado de acuerdo a sus valores. Como reza una vieja consigna de Familiares, todos los desaparecidos son culpables de querer un mundo mejor. Cuarenta años después, pensar los valores ideológicos que llevaron a una generación a entregar su vida por el bienestar del prójimo es difícil, sin embargo no debiera ser más difícil que entender que en nuestro país haya habido quien entregara su vida por la revolución artiguista. Es reparador para los familiares poder entender sus opciones, sus ausencias, sus postergaciones y en caso de no entenderlas, poder respetarlas, situarlas en un tiempo histórico.

5. Lo hecho

Con el gobierno frenteamplista, se ha avanzado en la búsqueda de la verdad, a través de la coordinación desde Presidencia con los equipos de historiadores y antropólogos de la Facultad de Humanidades y Ciencias, en la Secretaría de Seguimiento de la COPAZ, futura Secretaría de Derechos Humanos y de las investigaciones vinculadas a las causas judiciales. Es necesario consignar la baja asignación de recursos económicos, materiales y humanos destinados a estos fines y la ausencia de políticas de memoria desde el Estado salvo las exigidas por la CIDDHH. De la misma forma que el grueso de las investigaciones se ha basado en el testimonio de las víctimas, la iniciativa de construir memorias a través de actos conmemorativos, fechas simbólicas, monumentos, elementos del paisaje urbano a los que se le asignen nombres de personas o hechos vinculados a la resistencia a la dictadura (calles, plazas, parques, escuelas, edificios públicos) o la construcción de museos en los lugares de reclusión o lugares de enterramiento, ha descansado sobre la sociedad civil. La Escuela Elena Quinteros o  la instalación de la placa recordatoria de María Claudia García de Gelman en el CALEN, exigida por la Sentencia de la CIDDHH, son algunas de las escasas excepciones. La Marcha del Silencio ha sido promovida desde las organizaciones de derechos humanos; el Memorial de los Desaparecidos desde la Comisión Pro Memorial; el  Museo de la Memoria fue impulsado por las organizaciones de ddhh en el ámbito de la Intendencia de Montevideo, al igual que los cambios en el nomenclátor departamental. Si bien se han hecho esfuerzos en la formación de docentes en temas vinculados al pasado reciente sigue quedando a criterio de cada uno la forma de abordarlos en el aula al no existir, por ejemplo, una fecha conmemorativa que obligue a explicar ese período histórico.

6. Lo que resta por hacer

Nos falta una política de Estado propia y enérgica en materia de reparación integral que incluya la construcción de la memoria como un elemento de consolidación de la democracia. Ningún período histórico termina cuando se mueren sus protagonistas, la construcción del NUNCA MÁS requiere de la objetivación de los procesos históricos, sus actores, los hechos, el contexto, las consecuencias. Experiencias comparadas hay. Sin ir muy lejos, en la otra orilla. En el que la fecha del Golpe de Estado marca un punto de reflexión en los centros de estudio sobre la dictadura o el Instituto Espacio Memoria se ocupa de “resguardar y transmitir la memoria y la historia de los hechos ocurridos durante el Terrorismo de Estado” con el objeto de promover la profundización del sistema democrático, la consolidación de los derechos humanos y la prevalencia de los valores solidarios de la vida, la libertad y la dignidad humana”. La transformación de los centros de reclusión en museos, es otro de los ejemplos a seguir de nuestros compañeros de infortunio.

7. El desafío de la felicidad

Por último quisiera agregar que hay un efecto sanador en nuestras vidas personales cuando el Estado cumple con su deber de reparar según lo que establecen las normas internacionales, pero también pienso que ser resilientes supone lograr construir la felicidad propia y colectiva. Esa derrota o esa victoria, se juega en nuestras cabezas.


[1] En aplicación de la decisión 1996/119 de la Subcomisión de prevención de discriminaciones y protección de las minorías de la Comisión de Derechos Humanos. “LA ADMINISTRACIÓN DE LA JUSTICIA Y LOS DERECHOS HUMANOS DE LOS DETENIDOS

Publicado en La República

La situación después de la Sentencia de la CIDDHH

Intervención de Adriana Cabrera Esteve a nombre de HIJOS URUGUAY con motivo de la Presentación de Cortos del 18 de abril de 2013, en el Centro Cultural de España (Versión resumida)

El campo de tensiones en lo que refiere a la búsqueda de una reparación integral de las víctimas del terrorismo de Estado se ha desplazado a diferentes escenarios según los momentos históricos. Pero los resultados en torno a la memoria, la verdad, la justicia y hasta la reparación económica han sido siempre magros, conseguidos con enormes dificultades algunos y siempre diferidos en el tiempo, algo que sin duda, beneficia a los victimarios.

1. Los familiares de los desaparecidos, hijos inclusive, jugamos un rol importante en la resistencia al terrorismo de Estado, impulsando las denuncias tanto en el exterior con la creación de Agrupación de Familiares de Uruguayos Desaparecidos (AFUDE) y del Secretariado Internacional de Juristas (SIJAU), como en el país con Luz Ibarburu, Martía Esther Gatti y Violeta Malugani a la cabeza. Además de las denuncias por desaparición también se denunciaban las torturas, la condiciones de detención y las prisiones prolongadas, algo que caracterizó el tipo de represión en nuestro país. Al mismo tiempo desde ese entonces había un reclamo de nunca más. Leyendo hace poco, declaraciones de Blanca Artigas en el 83, ella decía “Quisiera que nunca más las madres, las abuelas sufran lo que estamos sufriendo con estas desapariciones de nuestros hijos. Quiero que nunca más en la vida pase esto.” Esa sensación de que no le deseábamos a nadie lo que nos estaba sucediendo a nosotros, de que no queríamos ser como ellos, los victimarios, fue tomando fuerza y encontró sustento teórico en la interacción con juristas de primer nivel en ddhh que oían nuestras denuncias y nos abrían posibilidades de acción antidictatorial desde el mundo del derecho en un diálogo en que todos los protagonistas aprendíamos. Las normas internacionales de DDHH fueron así incorporadas a la lucha antidictatorial como grandes avances en la lucha de los pueblos, que contribuían al aislamiento de los regìmenes dictatoriales pero también enriquecían las propuestas alternativas desde el campo democrático…

En todo este período los polos en el campo de tensiones estaban muy claros, la ultraderecha actuando con todo el poder del Estado tomado por la fuerza de las armas y la sociedad, organizada social o políticamente reclamando derechos de primera generación: el derecho a la vida, fundamentalmente.

2. La salida de la dictadura significó un nuevo escenario. Se vivió con la esperanza de que por fin, se desarrollaran políticas reparatorias. Los familiares presentamos denuncias ante el Poder Judicial, asesorados por el grupo de abogados nucleados en IELSUR y a nivel parlamentario se formó la Comisión Parlamentaria Investigadora sobre la Desaparición de Personas a donde acudieron las víctimas y los testigos en busca de verdad y justicia. Las tensiones en esta etapa, fueron entre los civiles cómplices de la dictadura que ocupaban cargos de gobierno y los sectores progresistas empeñados en profundizar la democracia. Desde el inicio de esa etapa predominaron las opciones conservadoras. La impunidad de los crímenes del terrorismo de estado fue una de las construcciones de los partidos tradicionales que tuvo en la Ley de Caducidad uno de sus vértices pero que se extendió a múltiples componentes culturales de ocultamiento y desmemoria, que ampararon las raíces económicas, políticas e ideológicas del régimen dictatorial.

Si en la lucha por el No, la sociedad civil se había puesto a sus hombros la lucha por la democracia. La Ley de Caducidad la obligó a ser protagonista una vez más de la oposición a través del Referendum. El resultado de esta consulta popular generó un enorme retroceso en las luchas populares. El gran movimiento por los derechos humanos se sumió en la desmoralización y la perplejidad…

De la evaluación del fracaso del Referendum, se destaca como error, señalado especialmente por la comunidad de ddhh en Argentina, el de que los ddhh no se plebiscitan. Como factores positivos, fue importante la divulgación que de los crímenes de la dictadura se realizó, hasta entonces desconocidos por el grueso de la población, y la gran movilización de masas que se produjo en pos de ese objetivo. Sin embargo los años posteriores a la derrota del Referendum, fueron años oscuros que empezaron a revertirse recién con las marchas de los 20 de mayos, el reagrupamiento de los familiares de desaparecidos y la aparición en la escena internacional del Juez Garzón aplicando los últimos avances de la normativa internacional y abriendo camino a nuevos procesos de cambio. La búsqueda de respaldo jurìdico para la presentación de nuevas denuncias o la solicitud de reapertura de las mismas encontraron sustento, por ejemplo en el Pacto de San José de Costa Rica que definía el delito de desaparición forzada como un delito continuado y permanente ya en noviembre de 1969. Y en la imprescribilidad de los crímenes de lesa humanidad. Sin embargo todas esas causas tuvieron la misma suerte: el archivo amparado en la Ley de Caducidad. Tristemente célebre fue el fiscal Enrique Moller que aconsejó archivar todas las denuncias realizadas por los familiares…

Al mismo tiempo se fue creando una cultura de impunidad hegemònica en la población uruguaya que impedía hablar, proscribía términos como democracia, justicia, desaparecidos y también ponía bajo sospecha a los que osabamos pronunciarlas. La estigmatización de las víctimas tenía respaldo popular. Ganaba la idea de no volver al pasado y una suerte de reafirmación de la derrota en la consulta popular. “Ese tema ya se saldó” parecía ser el lema de la derecha con todos sus actores: partidos y prensa. La derrota más grande había tenido lugar en la cabeza de los uruguayos.

Otro caso emblemàtico fue la denuncia de la desaparición de Elena Quinteros no sólo por su heroicidad en el momento del secuestro, sino por sus consecuencias: la ruptura de relaciones entre Venezuela y Uruguay, la tenacidad y popularidad de Tota Quinteros y una voluminosa investigación realizada en el Ministerio de Relaciones Exteriores que nutrió la causa y que tuvo como consecuencia el procesamiento de Juan Carlos Blanco por el juez Eduardo Cavalli y la fiscal Mirtha Guianze, visto que los civiles no estaban amparados en la Ley de Caducidad. Esta causa fue la primera causa de derechos humanos que marginó a un juez, Alejandro Recarey por ser demasiado activo en la investigación y no detenerse a la hora de llamar a declarar a los responsables del secuetro, mientras suplía a el Juez Cavalli enfermo de cáncer. Cavalli fue obligado a levantarse de su lecho de enfermo para retomar el caso de Elena.

3. Un tercer escenario es el que se configura con el gobierno de Batlle, primer presidente en recibir a Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos. Al decir de Carlos Ramela, “el tema de los derechos humanos se nos venía encima” y como solución, el gobierno de Batlle se comprometió a investigar el destino de los desaparecidos mediante al Comisión para la Paz formada por Luis Perez Aguirre (Perico), Gonzalo Fernandez, Carlos Ramela, José Claudio Williman, Nicolás Cotugno y José D´Elía. La inicial promesa de investigar terminó consignada en el acta de intención de la comisión como “averiguar” y se fue debilitando progresivamente hasta funcionar con recursos mínimos en la Casa de Gobierno. A pesar de las expectativas ingenuas de lograr información por parte de los militares a los que se les ofreció el anonimato y la no inculpación, los resultados en la construcción de la verdad fueron demasiado magros, sin embargo por primera vez el Estado uruguayo reconoció la existencia del terrorismo de Estado en el pasado reciente.

4. Los gobiernos progresistas en la región suponen un nuevo escenario. Con la derogación y posterior declaración de nulidad de la Ley de Obediencia Debida y la Ley de Punto Final en Argentina, los familiares y los hijos, volvimos a presentar denuncias y a reactivar las ya existentes. Esas causas tuvieron como resultado los juicios que se están llevando a cabo en estos momentos: ¨Primer Cuerpo Ejército¨ que incluye la prisión clandestina Automotoras Orletti, ¨Plan Sistemático¨ que juzgó la desaparición de niños y la trata de vientres y la causa del ¨Plan Condor¨ actualmente en curso. Poco después, se presentaron en nuestro país, la Causa del ¨Segundo Vuelo¨ que incluye la desaparición de algunos de nuestros familiares y que luego fue acordonada con la causa por el secuestro de Adalberto Soba y de Bernarndo Arnone. Conjuntamente con las causas por los traslados del 77 y 78, ambas supusieron en 2009, la condena a 25 y 35 años de prisión de los mandos, el Goyo Alvarez, Juan Carlos Larcebeau, Nino Gavazzo, Jorge Silvera, Gilberto Vázquez, Ricardo Arab, Ernesto Ramas, Ricardo Medina, Luis Maurente y José Sande Lima. Resultaron prófugos Manuel Cordero, actualmente en Argentina y Jorge Troccolli. A estas siguió una oleada de denuncias y la lista de acusados no ha dejado de crecer.

A pesar de las mentiras de los militares por primera vez la sociedad civil entró a los cuarteles y comenzó la búsqueda de restos, impulsados desde Presidencia. Al mismo tiempo, un grupo de historiadores fue contratado para investigar en los archivos de la represión aunque los resultados de la investigación –publicado en cinco tomos por presidencia y luego por la UDELAR– tuvo como fuente primaria más importante los testimonios de las víctimas y un acceso muy recortado a los archivos además de la inaccesibilidad a los archivos de la DI.NAC.I.E.

La iniciativa de anular la Ley de Caducidad fue precedida de una dura polémica dentro de las organizaciones de derechos humanos y del Frente Amplio, que se fueron saldando a lo largo de la campaña y sobre todo en su última etapa. La apelación a la movilización popular fue generando una acumulación politica y cultural .

Tanto la recolección de firmas como la consecución de adhesiones al voto rosado fueron dificultosos y demandaron un gran esfuerzo militante. Uno de sus puntos débiles fue la coexistencia con las elecciones nacionales que condicionó el apoyo de los partidos políticos.

A pesar de los errores el resultado del plebiscito de un 48% de los votos dejó la bandera del plebiscito en una situación diferente a la derrota del voto verde ya que al no existir votos en contra, las posiciones contrarias a la anulación de la Ley de Caducidad se sumaban a los que no se pronunciaban.La participación masiva de jóvenes en las últimas etapas de la movilización fue un hecho relevante. Sin minimizar los efectos políticos de la derrota recibida, ni sus causas tanto las puntuales como las más profundas.

5. Un nuevo campo de tensiones se crea a partir de la Sentencia de la CIDDHH sobre el caso Gelman, por un lado entre el derecho interno y las normas internacionales. Contradicción que fue allanada por la Ley 18.831, el decreto presidencial que dejaba sin efecto las decisiones administrativas de gobiernos anteriores que amparaban las causas en la Ley de Caducidad y el reconocimiento por parte del Estado de los crímenes cometidos según lo exigía la Sentencia de la CIDDHH. Cabe destatar como esfuerzo de la sociedad civil, la creación del Observatorio, el cual integramos, y que tiene como objetivo el acompañamiento de las causas judiciales logrando reestablecer la coordinación de las organizaciones de derechos humanos.

Entre los hechos positivos del último período vemos la promulgación de la ley que establece el derecho al acceso a la información pública, vieja reivindicación de las organizaciones de derechos humanos vinculadas a la búsqueda de la verdad y a la veracidad de la información; la búsqueda de los restos y la creación de la Institución Nacional de Derechos Humanos.

6. El Poder Judicial es, por fin, el último campo de tensiones a abordar. Por un lado ha tenido un rol contradictorio. La SCJ declaró inconstitucional la Ley de Caducidad en plena campaña por el voto rosado en 2009. Simultáneamente fueron surgiendo jueces y fiscales que tomaron las causas de las víctimas del terrorismo de Estado con energía y convicción al tiempo que se fueron formando en las normas internacionales de derechos humanos y como en el caso de la Jueza Mariana Mota, utilizando los recursos más avanzados. Las resoluciones de la SCJ por mayoría, estableciendo la inconstitucionalidad de los articulos 2 y 3 de la ley 18.831 relativas a la no prescripción de los delitos y a su condición de crímenes de lesa humanidad son un golpe duro a los avances en materia de verdad y justicia. Al mismo tiempo el traslado de la jueza Mariana Motta a un juzgado civil conforma una amenaza directa a jueces y fiscales actuantes en causas de DDHH. Por otro lado las contradicciones dentro del Poder Judicial siguen apareciendo. Las últimas declaraciones del Tribunal de Apelaciones contrarias a la sentencia de la SCJ, la recusación de las sentencias de cuatro miembros de la SCJ a partir de las declaraciones de Ruibal Pino, constitutivas de prejuzgamiento, por cuatro fiscales así lo demuestran. Por un lado se avanzó en el sentido de que la Ley de Caducidad ya no tiene efecto en la actualidad, por otro lado se crea la imposibilidad de juzgar negando el caracter de delitos de lesa humanidad que hace imprescriptibles a los crímenes de la dictadura al tiempo que desconoce el principio de que al impedido no le corre término, por lo que deja a todos aquellos que durante años fueron impedidos de contar y denunciar sus dramas personales sin acceso a la justicia, derecho establecido en nuestra Constitución.

Creemos, y lo dijimos en la Asamblea de la INDDHH, que la posición del Consejo de dicha institución luego del traslado de la jueza Mariana Mota afirmando la necesidad de democratizar el Poder Judicial define la estrategia de la próxima étapa. En ese sentido nos pronunciamos en su momento.

Para lograrlo creemos necesario articular con las diferentes organizaciones sociales y políticas.

En resumen, cuando decimos NUNCA MÁS, QUÉ? Nos referimos a lo que falta por saber. No hemos olvidado nuestros reclamos históricos de verdad y justicia. Sí, nos sucede que el tiempo trancurrido, los vaivenes de un sistema adormecido en la impunidad, nos traen a la cabeza, una y otra vez, la voz de León Felipe. Como Hijos podemos decir:

Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto:
Que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan
con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre…
ha inventado todos los cuentos.
Yo no sé muchas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos…
y sé todos los cuentos.

Somos conscientes de que quienes aquí están comparten nuestra indignación y hartazgo por eso saludamos la iniciativa esperando que foros como estos, nos devuelvan al camino de democratización que habíamos comenzado y que hoy desde la SCJ se obstruye. Con él nos comprometemos.

La única voz

Por Adriana Cabrera Esteve

Algunos siguen preguntando si existe el amor

Y se siguen preguntando a dónde llega la razón

Pero yo no me olvido de todo lo que me diste te lo digo con una mano en el corazón.

La única voz de No te va a gustar

“Yo soy Blanca Nilo de Artigas, madre de la desaparecida María Asunción Artigas, que fue secuestrada el 30 de diciembre de 1977, junto con su esposo, estando ella embarazada. En abril del 78, un compañero de ella fue a visitar a mi consuegra que vivía en Buenos Aires, y le dijo que mi hija estaba embarazada de cinco meses y que estaba junto a su esposo, que no se veían, pero de alguna manera se comunicaban en el Pozo de Quilmes. Y ya no supe más nada hasta que en el 79, otro compañero me llamó de larga distancia y me dijo: Señora, vaya a buscar a su nieta, está en la Casa Cuna de Buenos Aires y es hija de María Asunción Artigas y de Alfredo Moyano, pesó kg. 2.950 y nació el 29 de agosto. Fuimos a la Casa Cuna de Buenos Aires y a la de La Plata, hemos dado todos los testimonios legales, recurrido a todas las organizaciones de derechos humanos, a la OEA, a las Naciones Unidas, y en ningún lado hemos tenido noticias. Quisiera que nunca más las madres, las abuelas sufran lo que estamos sufriendo con estas desapariciones de nuestros hijos. Quiero que nunca más en la vida pase esto”.

Así hablaba Blanca durante las años de dictadura y así lo registró Estela Peri en el 83 mientras estudiaba comunicaciones y filmó su testimonio. “Cuando hicimos ese audiovisual fuimos a la casa de Luz, de Sara y de Blanca. La de ella era una casa muy humilde, nos recibió con mucho cariño, era una mujer muy expresiva. Nos contó con la misma angustia de todos los otros cuál era su situación. En ese momento no había aparecido ninguno de los chiquilines. Lo que recuerdo es que era una mujer muy activa, muy movediza, iba a Buenos Aires, iba con las abuelas de Plaza de Mayo. Estaba muy metida en todo. Durante la dictadura se hacían charlas. A ella se la veía en las parroquias o en cualquier lugar donde se juntara gente. A esas charlas iban familiares de desaparecidos, de presos, de asesinados, de los rehenes. Iba un montón de gente a hablar porque en ese momento no había otra manera de tener información. Habían empezado a salir algunos semanarios como Aquí, Asamblea, después Compañero. Pero era muy poca la información por eso la gente quedaba muy conmovida cuando la escuchaban. Había quienes no tenían la menor idea de la existencia de desapariciones. Se sabía sí, de los presos políticos. Pero de la desaparición de niños, no”, nos cuenta, Estela.

A Blanca se la podía ver por todas partes. Una cita obligada fue la Plaza Libertad cuando íbamos allí con nuestras fotos. En esa época Blanca todavía nos agarraba del brazo y nos decía, “hay que tener esperanza”. No sé cuándo la fue perdiendo pero no dejó de asegurar la presencia de sus hijos los 1ros de mayo junto a los trabajadores, porque sabía que si estuvieran con vida, ellos no hubieran faltado. Luego fueron las Marchas del 20 de mayo, en primera fila como la supo captar la cámara de Anabella Baldovino.

Eduardo Pirotto, militante de Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos nos dice, “a los plenarios de Familiares, mientras pudo moverse con cierta independencia, no faltaba nunca”.

Sólo confío en su voz

Con ella, y unos pocos más, teníamos una cita obligada en agosto junto al Memorial de los Desaparecidos de La Teja. Había sido inaugurado el 5 de agosto de 2001 cuando pocos hablaban de desaparecidos o de derechos humanos. Allí nos convocamos junto a Graciela Montesdeoca, Gladys Rodríguez, Beatriz Castellonese, entre otros. Blanca nunca se achicaba cuando le pedían que hiciera uso de la palabra. Era una mujer de pueblo y lo decía: “Yo no sé hablar pero puedo decir lo que era mi hija”.

Ese día también pasó al centro de esa multitud que rodeaba el monumento y tomó el micrófono. Pequeña, con sus rasgos de india, con sencillez. Pero su mensaje había cambiado, ya no era el de 1983:

“Quiero agradecerles a todos los vecinos y a todos los que colaboraron para hacer posible esto, porque sin ayuda, nosotros no hubiéramos podido, así que de corazón, les agradezco y espero que en otros barrios hagan lo mismo que hicimos nosotros porque esto es muy lindo, que pasen los chiquilines o pase alguien que no sabe o no quiere saber y pregunte por qué es esto, qué es lo que pasa, y un familiar de desaparecido le diga quién los hizo desaparecer, los militares, que son los que saben adonde están y no nos lo quieren decir. Como falleció la pobre Tota Quinteros sin saber qué había sido de su hija, y yo si seguimos así, todas mis compañeras que somos mayores, va a ser así. Porque en este país, si no hay verdad y no hay justicia, jamas va a haber paz”.

Y fue así. Ella también falleció sin encontrar a su hija por eso tuvimos que reconstruirla con este rompecabezas. De a retazos.

Y no me olvido de tus caricias y no me olvido de tu dolor

Gabriel Otero, alcalde del Municipio A, era amigo de su hijastro por eso la conoció de niño y la recuerda como una mujer “dulce y triste”. Ella les preparaba la merienda cuando ellos jugaban en el fondo de la casa. Sin embargo, estaba “la penumbra” en el interior del hogar y el “esposo callado que miraba de reojo”. Gabriel describe a La Teja, “el barrio hervía pero estaba todo el mundo reprimido”. Cuando apareció María Victoria, su nieta, “todo el mundo se revolucionó”. “Fue ahí que nos desayunamos del por qué de cada cosa. Blanca lo disfrutó. Fue un momento de alegría”. Aunque no duró mucho, “mientras la nieta vivió con los Artigas fue al liceo Nro.38, luego volvió a Buenos Aires”.

Blanca había recuperado a su nieta antes que muchos. El primer caso fue el de Amaral García; el segundo, María Victoria. Había nacido en cautiverio como Carlos D´Elía.

Del tiempo en que María Victoria vivió en Uruguay, Estela Peri no recuerda mucho. “Sí supe que vivió un tiempo largo con ella, llegó a festejar los 15 años acá. Fue muy triste, porque Blanca se puso todas las pilas para criarla a pesar de que eran muy humildes. Hacerle un cumpleaños de 15 debió haber sido un gran esfuerzo”.

La nieta se fue en ese proceso dificil y complejo que han hecho los hijos de los desaparecidos aunque en general “termine primando un sentimiento de agradecimiento por haber recuperado su identidad”. El documental “Los hijos del Condor” da cuenta de ese período. Blanca viajando a Buenos Aires a visitar a su nieta y María Victoria, con su expresión adolescente, la misma mirada de su abuela, dulce e ingenua, contando su vida y sus sentimientos, sentada al lado de su apropiadora.

María Victoria tiene ahora una hija, “cuando vino, quiso llevarla a conocer el Memorial de los Desaparecidos y juntas recorrimos los lugares que había frencuentado de niña”, nos sigue contando Estela. “Mucho tiempo despuès me encontré a Blanca en la Terminal de Tres Cruces, me dio tristeza verla tan llena de cosas, la llevé a su casa. Parecía bastante sola”.

Que pensaste en nosotros primero, no te acordaste solo de vos 

Así como la Tota Quinteros heredó el apellido de su hija, Blanca heredó el de su hija María Asunción, por eso todos la llamamos, Blanca Artigas. Su hija fue vista en los pozos de Quilmes y de Banfield. Y sobre ella y su compañero fueron apareciendo testimonios que más tarde servirían para engrosar la denuncia sobre 37 traslados clandestinos desde Argentina durante los años 1977 y 1978 que culminaron con la desaparición de los detenidos. Esta causa permitió condenar el 22 de octubre del 2009 y llevar a la carcel por el delito de coautoría en reiterados casos de homicidio muy especialmente agravado, a Gregorio Alvarez y al ex marino Juan Carlos Larcebeau. Por desproligidades de la Embajada Uruguaya en Italia, logró zafar el ex marino Jorge Tróccoli.

Jesús Yañez, el artista que había diseñado el monumento a los desaparecidos de La Teja, la recuerda contar los dichos de su hija: “Cuando precises algo, siempre acordate de los compañeros”. Así lo hacía Blanca. Quizá por eso, la mirada transparente con que se acercaba a cada uno de nosotros. Jesús también nos cuenta de sus últimos años, “faltaba vida en la casa y estaba deteriorada. Los compañeros le llevaban leña y alguna otra cosa pero al final hubo que llevarla a un hogar de ancianos. Allí compartía el cuarto con dos mujeres más”. Ella tenía también un hijo en el exterior que periódicamente le mandaba alguna remesa para los gastos.

No lo dudes de todo eso no me voy a olvidar 

Eduardo Pirotto, en ese entonces, asistente social de SERSOC, estuvo cerca en sus últimos tiempos. “Estuvo enferma, postrada”, nos cuenta. Eduardo hacía un acompañamiento, la visitaba con cierta regularidad. En Familiares se hacían baquitas para ayudarla. SERSOC brindaba algo de apoyatura como suministrarle los pañales y ver cómo era la asistencia que le daban los hijos. Recuerda la condición muy humilde de su casa, “esos detalles los tengo muy presentes. Fue un tiempo dificil para Blanca. Fue dificultoso convencerla de dejar el hogar”.

Publicado en Noteolvides Nro.14

Fingimos tener paciencia

Por Adriana Cabrera Esteve

 La verdad es que esta situación en la que nos encontramos luego de la sentencia de la Suprema Corte de Justicia declarando inconstitucional los artículos 2 y 3 de la Ley 18.831 nos hace acordar a la canción de Lenine, Paciencia, en la que afirma “la vida no para/ la vida es tan rara” y bastante antes,

 “Cuando todo el mundo
espera la cura del mal
Y la locura finge
que todo esto es normal
Yo finjo tener paciencia”

 Mi padre fue secuestrado en 1976, en ese entonces tenía 20 años, hoy tengo 57. Pasaron 37 años y, como Lenine, fingimos tener paciencia. Lo mismo ha sucedido con otros hijos, niños recién nacidos o pequeños cuando secuestraron a sus padres, ahora comienzan a ver pequeñas canas en el espejo, sólo para recordarles que la vida no para. El tiempo corre a favor de los criminales. Nosotros perdemos el tiempo que ellos ganan. Nuestros años pasan y seguimos lideando con diferentes formas de impunidad. Y lo más terrible, los años de los culpables de crímenes de lesa humanidad, también pasan y salvo un pequeño número de condenados, la gran mayoría están en libertad. También han pasado los años de Luz Ibarburu, Tota Quinteros, Violeta Malugani, María Salvia de Errandonea, Guillermo Sobrino y la lista es larga. Los vimos y nos vimos denunciar ante los organismos internacionales o coordinar con las madres argentinas, los vimos y nos vimos llevar las fotos de nuestros familiares a la Plaza Libertad, los vimos y nos vimos cargar la presencia de nuestros familiares a las concentraciones de los primeros de mayo o a las marchas de los 20 de mayo. ¿Qué queríamos? Lo que quiere cualquier ser humano al que le roban un ser querido: tenerlo de vuelta. Y cuando resultó que no era posible, denunciar sus secuestros, exigir justicia. Pero también vimos otras cosas. Vimos, más recientemente, hombres y mujeres que luego de años de silencio se animaron a contar y a denunciar lo sucedido en las cárceles de la dictadura. Durante décadas no habían podido hacerlo; cuando les fue posible, el plazo, según la SCJ, insólitamente había prescripto. ¿Qué sucedió con aquello de que al impedido no le corre término? ¿Qué tiene todo esto que ver con la obligación del Poder Judicial de garantizar el acceso a la justicia de las víctimas?

La sentencia de la SCJ va en contra de la imprescriptibilidad de los delitos de lesa humanidad, pero más aún, va en contra del concepto mismo de crimen de lesa humanidad. Lo desconoce como si Uruguay no hubiera suscripto los tratados internacionales que lo obligan a tratar los crímenes cometidos desde el Estado como tales. Y se opone, sin duda a la Sentencia de la Corte Interamericana de DDHH que obliga al Estado uruguayo a reparar los crímenes de la dictadura y a actualizar su actuación y su legislación interna acorde a las normas internacionales de derecho.

 El 23 de febrero, a través de un comunicado de prensa, Hijos Uruguay decía: “Debemos además expresar que no logramos salir de la sorpresa y el estupor que nos generan estos hechos, cuando creíamos que en nuestro país se comenzaban a avizorar ciertos avances respecto a nuestros históricos e insoslayables reclamos.

 Avances que se traducían en un lento pero palpable aggiornamiento de nuestra jurisprudencia con el derecho internacional o en el paulatino cumplimiento de la sentencia de la Corte Interamericana, los resultados en los trabajos de excavaciones en los predios militares y la investigación histórica con el correspondiente acceso y difusión de parte de los archivos de la dictadura.

 Cuando comenzaba a insinuarse un cambio cultural que buscaba desembarazarse de la impunidad como regla de juego y condición inalterable en el perverso juego de las relaciones sociales tuteladas por la memoria del horror.”

 Entre los defensores de la teoría de los dos demonios y los defensores del terrorismo de Estado, quizá no debió sorprendernos que sigan existiendo en nuestro país quienes se inclinan a favor de los victimarios en lugar de defender a las víctimas. Quizá tampoco debió sorprendernos que haya quienes desconocen todos los avances de la humanidad en materia de derechos desde el Holocausto a la fecha. Por eso, creemos necesario apoyar la Declaración de la Institución de Derechos Humanos sobre administración de justicia y derechos humanos y exhortar al Poder Legislativo a comprometerse en la democratización del Poder Judicial, legislando para establecer un sistema claro y transparente de ingresos, nombramientos y ascensos de los magistrados y funcionarios, así como la creación de un Consejo Superior de la Magistratura. También exhortar a jueces y fiscales a cumplir con la Sentencia de la CIDDHH sin ceder a las presiones y amenazas implícitas en el traslado a un Juzgado Civil de la Jueza Mariana Mota. Por último, se hace imprescindible que el Presidente y sus ministros tengan una actitud enérgica, proactiva e inequívoca de compromiso con los derechos humanos tal cual lo establece el programa elegido por la ciudadanía al que se deben.

Publicado en La República

Encuentro-despedida

Ayer acompañamos los restos de Alberto “Pocho” Mechoso. Desde el 26 de setiembre de 1976 estaba desaparecido. Lo habían secuestrado en Buenos Aires en el marco de la represión al Partido por la Victoria del Pueblo. Había sido visto en Automotoras Orletti, uno de los tantos centros de detención clandestinos de las dictaduras del Cono Sur. Luego de ser salvajemente torturado el 14 de octubre del mismo año fue tirado junto a otros siete detenidos en tambores metálicos al Canal San Fernando de la Provincia de Buenos Aires. Sus cuerpos fueron cubiertos de cal y cemento. Los otros restos identificados hasta el momento en las mismas circunstancias fueron los de Marcelo Gelman y María del Carmen Pérez,  embarazada de nueve meses. Tiempos de horror.

Aunque la tristeza no sea menos tristeza, hoy ya no está desaparecido como quisieron sus secuestradores y sus asesinos tampoco están impunes.

Mechoso 01

Mechoso 03

Mechoso 08

Mechoso 09

Mechoso 011

Mechoso 012

Mechoso 014

Mechoso 022

Eva y Lola

Participación a nombre de Hijos Uruguay en la Mesa Redonda del Festival de Cine de DDHH

21-06-12

Italo Calvino en su libro Las ciudades invisibles habla entre otras, de las ciudades y la memoria. Y para describir a Zaira, una de estas ciudades, dice: “Podría decirte de cuántos peldaños son sus calles en escalera, de qué tipo los arcos de sus soportales, qué chapas de zinc cubren los tejados; pero ya sé que sería como no decirte nada. La ciudad no está hecha de esto, sino de relaciones entre las medidas de su espacio y los acontecimientos de su pasado…” Y más adelante continua “En esta ola de recuerdos que refluye la ciudad se embebe como una esponja y se dilata. Una descripción de Zaira tal como es hoy debería contener todo el pasado de Zaira. Pero la ciudad no cuenta su pasado, lo contiene como las líneas de una mano, escrito en las esquinas de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras, en las antenas de los pararrayos, en las astas de las banderas, cada segmento surcado a su vez por arañazos, muescas, incisiones, comas.”

Al igual que Zaira, en nuestros países hubo quienes se negaron a contar nuestro pasado pero quedaron los arañazos, las muescas, las incisiones, marcándonos y definiendo nuestras identidades. Y todavía hoy, casi 40 años después, seguimos descubriendo retazos de verdades como las líneas de nuestras manos para saber quiénes somos. La verdad ha sido el campo de tensiones entre la impunidad y la justicia. Por eso es un eterno borrador que corregimos, rehacemos, borroneamos. Nuestra verdad es eternamente porosa y sus orificios cambian de lugar, se superponen, se cierran o se abren según surgen nuevos datos. Y la memoria, el espacio resiliente de nuestros pueblos empeñados en lograr que el espejo refleje su propio rostro.

Nada nos fue regalado a la hora de reescribir nuestra historia. Sabíamos que la decisión de olvidar, algo que las víctimas hacen con frecuencia para sobrevivir, no podía ser una decisión de gobierno. En el cono sur, la negación de la justicia vino de la mano de la negación de nuestra propia existencia consciente. El relato histórico inventado por los centros de poder que marginaba al olvido y la desmemoria  años de vida de miles de latinoamericanos fue el complemento indispensable para garantizar la impunidad de los crímenes de lesa humanidad.

La deconstrucción de la cultura de impunidad no ha sido fácil y no es una tarea acabada. Fue la tenaz actitud de denuncia de víctimas, investigadores y testigos en parte como una reivindicación de sí mismos pero fundamentalmente con una fuerte apuesta a la construcción de formas mejores de democracia, lo que ha aportado en este largo proceso. A este esfuerzo colectivo suman trabajos como los de Sabrina Farji y Victoria Grigera Dupuy. Y yo diría que SUMAN con mayúscula porque problematizan el conocimiento de la verdad que es lo mejor que se puede hacer para conocerla y lo hacen haciendo honor a la frase del escritor español, José Bergamín: “si fuera objeto sería objetivo pero soy sujeto”. Sabrina nos invita a la intimidad de sus personajes con escenas de primeros planos, muchos de ellos de detalles. Y es desde un entramado de subjetividades que construyen nuevos saberes colectivos. En ese sentido lo primero que nos gustaría resaltar de Eva y Lola, la película de Sabrina Farji, es su adherencia valiente y sensible a la realidad de los hijos de detenidos desaparecidos.

Cuando digo sensible, lo digo porque admite la identificación con la problemática, tanto para los hijos recuperados como para los otros, los que pudimos convivir con nuestro padre o madre desaparecidos como los que no llegaron a conocerlo o recordarlo pero que siempre conocieron su identidad. El proceso de identificación se da en las grandes y pequeñas cosas y cuando no toca a unos toca a otros:

Eva siempre “llega tarde”. Acá corresponde una confesión pública, nuestras reuniones se caracterizan por esa flexibilidad temporal que sólo entre nosotros respetamos sin alterarnos. De alguna manera, parecemos estar peleados con el tiempo, la más fatal e intransigente de las variables existenciales. O quizá debiera decir que somos amigos del tiempo.

La tristeza, sólo alterada por alguna sonrisa casi siempre rodeada de conversaciones sarcásticas y muy pocas veces por la carcajada. Pero en convivencia con la búsqueda o el esfuerzo por salir de ese enredo, no dejándolo sino desenredándolo.

La difícil exploración de la estabilidad emocional esa que debe compensarnos de todas las ausencias y es quizá, en algunas ocasiones, mucho pedir, en otras, el intento de un núcleo familiar verdadero en compensación por los núcleos familiares mentirosos de los apropiadores. “Sos de verdad” dice una de las personajes a su pareja.

La elaboración sobre la dicotomía verdad/mentira, algo con lo que otros conviven sin alterarse y para nosotros supone una elaboración profunda quizá porque es la mentira la que ha horadado parte de nuestras vidas. A veces no exactamente la mentira pero sí una colección de silencios, o de medias verdades o de eufemismos: proceso por dictadura, educación por apropiación, trasládese para destino final por asesínese y desaparézcase.

Es esta dicotomía lo que en la película aparece como el eje central del dilema: la línea divisoria, y es esa cuerda floja en la que los personajes son un poco acróbatas y en la que viven con equilibrios frágiles. Los recursos estéticos sugieren la asunción de la verdad como un nuevo nacimiento. En el lenguaje visual, los planos negros, espacios oscuros con una puerta/abertura al fondo, casi un símil del canal de parto. En la trama, el contexto de un año que termina y otro que comienza. En la banda musical, los sonidos monotónicos del piano. También recursos de la narrativa infantil como el baúl donde se esconden los objetos perdidos, el tren mecánico que no va a ninguna parte en una noria permanente, un círculo cerrado con el que debe de romper el personaje.

 El sentimiento de hermandad que Sabrina elije mostrar mediante  imágenes en espejo o en embrión de gemelares, también refleja nuestras sensibilidades. La empatía con los que han vivido situaciones similares.

Pero también una adherencia a la realidad en otros aspectos. La oposición entre la casa de los apropiadores, pulcritud militar, superficies vacías vs la casa de Eva, con el desorden de la vida. Las telas de colores. La frivolidad de la apropiadora. Los bonos, esa forma extraña de reparación económica y sin embargo las implicancias en el duelo por la desaparición de su padre que necesariamente debe hacer Eva, o quizá no. El contexto de lucha: las abuelas, Eva trabaja con ellas. La reivindicación del derecho a la identidad.

Por último sólo resta felicitarlas a ellas y a su equipo.

Muchas gracias

Todos son nuestros hijos

Entrevista a Olga Ramos

Escribe: Adriana Cabrera Esteve

Todos la identificamos como “la abuela de Soledad” porque junto a la búsqueda de su hija Ileana García, y su yerno, Edmundo Dossetti, detenidos desaparecidos el 21 de diciembre de 1977, en Buenos Aires, Olga tuvo que enfrentar, con éxito, la recuperación y educación de su nieta. También tuvo que darle respuestas. Soledad preguntaba y sus preguntas fueron adquiriendo profundidad a través de los años. Así se fue enterando de lo que, muy dentro de ella, ya sabía. “Nunca le mentimos”, me cuenta, “porque si nosotros le mentíamos, ¿en quién iba a confiar? Le decíamos que sus padres querían estar con ella pero que no los dejaban”. Alguna vez manifestó temor. Cuando su abuela viajaba a Buenos Aires, una vez a los cuatro años, le pidió que no fuera. “Tengo que ir a buscar a papá y a mamá, le decía, porque yo tenía esperanza. ¿Cómo iba a pensar que alguien fuera capaz de matarlos?” “Y si te llevan a vos ¿con quién me quedo yo?”, le preguntó su nieta.

Recuperarla había sido “muy arduo”. “Esa noche cuando los militares le hicieron abrir al portero ellos estaban por cenar”, nos cuenta, “eran las once u once y media. Entraron con violencia, los bajaron por la escalera a golpes, empujones y patadas. Ileana empezó a gritar: qué van a hacer con mi hija. Se ve que se aferraba a ella. Los vecinos vichaban por los visillos como podían. Oyeron las cachetadas y los golpes hasta que la arrastraron al ascensor desvanecida. A Soledad se la dieron al portero. Dijeron que le iban a avisar a los abuelos para que la vinieran a buscar. Pero nadie nos avisó. Cuando pasaron tres días, el vicepresidente del consorcio le escribió una carta al padre de mi yerno. Enseguida vino mi consuegra a avisarme y nos fuimos a Buenos Aires. Soledad ya no estaba. Fuimos al juzgado. Gasté en abogados y escribanos porque no sabía qué pasos dar. Después me acordé que Ileana me había dicho: mami si nos pasa algo andá a Suipacha 280. Era el ACNUR. Pero en ese momento no me acordé. Primero fuimos al juzgado y la jueza nos dijo que la nena estaba en la Brigada Femenina de San Martín. Era una bebé de siete meses y no tuvieron la sensibilidad de ponerla en una casa-cuna, la pusieron en una cárcel de mujeres. Cuando fui allí, Soledad ya no estaba. Las milicas me hicieron el cuento, y me dolía cuando entraban y se persignaban ante la virgen y después hacían las cosas que hacían. Me dijeron que se la habían dado a una familia y después no me la traían. Recién la recuperé el nueve de enero. Me seguían. Yo nunca presté atención porque no tenía miedo de nada. Pensarían que me conectaría con alguien. Yo estaba simplemente desesperada y desorientada. En el hotel me habían dicho que me seguían unos Ford Falcon cuando salía. Pero yo no veía a nadie. Iba a las embajadas como me decían. Los muchachos de los juzgados de San Isidro me daban trencitos con alguna indicación. Pobrecitos, vaya acá, vaya allá, me decían arriesgándose. Un día vinieron a buscarme los milicos aunque yo no les había dado la dirección y me dijeron que ya tenían a la nena que podía ir a verla. Fue en vísperas de Reyes, yo le había comprado un juguete. Cuando la vi, le dije: Soledita, que era como la llamaban sus padres,¿me das un besito? Porque Ileana, ese mes que yo estuve, le estaba enseñando a dar un besito. No sabés lo que fue, el salto que dio. Reconoció la voz, reconoció su nombre. Uno cree que no se acuerda de nada, pero dentro de ella está todo ese daño que le hicieron, la violencia con que golpearon a su madre, la violencia con que irrumpieron en la casa, la violencia de separarla de todo, de estar quién sabe con quién, de ni siquiera darle su verdadero nombre. Ella ya decía papá y mamá. El padre como trabajaba todo el día, cuando llegaba a la casa le decía a la madre: dejame que la baño yo, si no, no se va a enterar de que tiene padre, el flaco era muy alto y la ponía en el antebrazo, le cantaba canciones y le echaba agua. Ileana le tomaba el pelo diciendo que no tenía tono, de mañana se levantaba temprano a prepararle la mema y se la llevaba a Ileana para que se la diera”.

Olga tuvo que esperar al diez de febrero para tener a su nieta. Tenía una fotocopia del DNI de Soledad, fotos y además, los vecinos atestiguaron que se trataba de su abuela. “Todo eso me ayudó”, continúa, “la jueza decía que las autoridades declaraban que los padres no estaban requeridos”. Olga podía tenerla pero no sacarla del país. “Estábamos viviendo en el altillo de una pensión. Un día fui al juzgado y había otra jueza, mi lucha en ese momento era por restituir a sus padres a Soledad, nunca pensé que alguien los hubiera matado. Me costó años convencerme. Ella me dio un papel que me daba la guarda, yo no sabía que era dentro de Buenos Aires solamente. Ahí me ayudó la ignorancia, ella me dijo ¿se anima a irse a Montevideo con Soledad? Cuando fui a comprar los pasajes el señor de la agencia me dijo, usted con esto no puede sacar a un menor del país, y yo le dije: la jueza me dijo que sí. Y él me dijo, yo no tengo inconveniente en venderle el pasaje, pero la van a hacer volver de Montevideo. Y cuando llegué acá le pasé a Soledad a mi marido por arriba de la barandita para yo ir más fácil al mostrador a hacer los trámites, y ahí salimos. No teníamos plata para un taxi y nos vinimos en ómnibus con la nena. Después cuando fui a ver al cónsul, él me dijo que lo que yo había hecho era un secuestro”. Olga volvió a Buenos Aires para hacer los trámites pero nunca más con Soledad.

Ella y su esposo habían sido blancos de Erro. Un día, sin ponerse de acuerdo, ambos se hicieron frenteamplistas. Quizá por eso entendieron que su hija luchara contra la dictadura. “Ileana tenía diecisiete años cuando conoció al Flaco. Un 25 de abril, lo conoció en el parque. Cuando vino la democracia supimos que eran del GAU. No sé si por suerte, pero no sabíamos nada. Yo veía que hacían cosas, veía a los compañeros en su casa, pero qué les iba a reprochar si estaban haciendo lo más digno. Ellos estaban siempre pensando en volver. Aunque él tenía un buen trabajo. Yo estuve con ellos todo el mes de noviembre del 77 porque Soledad cumplía seis meses y el Flaco, cumplía 25. Quise estar con ellos y me tomé las vacaciones en noviembre”. “Cuando regresé, Iliana todos los días nos escribía un poquito porque no quería que nos perdiéramos los adelantos y las gracias de Soledad. Él siempre escribía algo al final. La última carta fue el 21 de diciembre del 77.”

Cuando le hablo de su participación en Familiares me cuenta que fueron Luz Ibarburu, María Esther Gatti y Violeta Malugani las que los contactaron. La decisión de buscar juntos a los desaparecidos fue algo que Olga y su esposo tuvieron que pensar unos días. No tenían miedo por ellos, tenían miedo por lo que le pudiera suceder a Ileana y su compañero en caso de estar vivos. Sin embargo se integraron y fueron fundadores de la agrupación. Luego de recuperada la democracia recibió algo de información sobre el destino de su hija. “Adriana Chamorro, una detenida política, cuando terminó la dictadura argentina nos llamó por teléfono desde Canadá y nos dijo que había estado con Ileana en un calabozo cuatro o cinco meses hasta el 28 de junio cuando se la llevaron. Después vino a Uruguay e hicimos la denuncia ante la comisión investigadora del Parlamento. Volvió también hace un tiempo cuando pretendíamos la extradición de (ex marino Jorge) Tróccoli porque sabíamos que era el responsable de la desaparición de mi hija y mi yerno. Pero alguien lo ayudó. No sé quién”. Olga es una de los familiares que denunciaron cinco o seis traslados clandestinos a Uruguay de cerca de cuarenta uruguayos detenidos en Argentina entre 1977 y 1978 ante el juez Luis Charles. La causa tuvo como resultado la condena de Gregorio Álvarez y Juan Carlos Larcebeau. “Hubo condenados, pero Tróccoli que era el responsable directo huyó” me dice. Una investigación administrativa atribuyó la responsabilidad al ex embajador en Italia, Carlos Abín quien fue por esto separado del cargo.

Conversando sobre la situación actual, Olga afirma que “el Estado tiene que hacerse cargo. Me dio fastidio cuando Mujica dijo que no quería que esos pobres viejitos murieran presos. ¿Y de estos pobres viejitos?”, pregunta y se señala a sí misma, “que nunca le tiraron una piedra con una honda a nadie, que lo único que han hecho fue luchar por restituir la democracia y por sacarlos a ellos del aljibe donde estaban bebiendo orines, ¿no merecen la compasión de él? El gobierno tiene obligaciones con nosotros. Mi esposo murió llamando a su hija y confundiendo todo el tiempo a Soledad con Ileana. En esta casa no se dejó de nombrar un día a mi hija. Estoy sentada aquí y me parece verla entrar. Tendrían que haber tenido más respeto. El otro día, (en el Batallón 14), para mí fue horrible ver aquel cuerpito tirado boca abajo. Porque todos los que encuentren son nuestros hijos”.

Publicado en No te olvides

VISITAS

(de Rubén Olivera)

Es preferible que te sientes
así podremos descansar,
la calle está tan peligrosa
a la hora que solés llegar

Es que a partir de mis insomnios
vos me empezaste a visitar
y algo de alcohol hace milagros
para sentir que estás acá.

Pero porqué hablo yo solo
y nunca te puedo escuchar,
si en este mundo todos tienen
alguna historia que contar.

Es que me olvido que tú vienes
desde otra muerte a visitar,
que siempre cuidas a tus vivos
como cuidamos de vos.

Pero no es llevándote unas flores
si no sabría a qué lugar,
a veces te cuido en carteles
y hoy te quiero cobijar.

La calle está tan peligrosa
a la hora que solés llegar,
si te preparo ya una cama
quizás no tengas que marchar.

Es que me olvido que tú vienes
desde otra muerte a visitar,
que siempre cuidas a tus vivos
y que entendés cuando

una parte mía busca la alegría
y la otra no sabe que hacer,
hoy somos tus sobrevivientes
que a veces te sienten volver.

Es preferible que te quedes
así podremos descansar,
ya que los dos ahora sabemos
a que se llama soledad.

Es que a partir de mis insomnios
vos me empezaste a visitar
y algo de alcohol hace milagros
para sentir que estás acá.

Es que me olvido que tú vienes
desde otra muerte a visitar,
que siempre cuidas a tus vivos
como cuidamos de vos.

Pero no es llevándote unas flores
si no sabría a que lugar…