Surcados por arañazos

“En esta ola de recuerdos que refluye la ciudad se embebe como una esponja y se dilata. […] Pero la ciudad no cuenta su pasado, lo contiene como las líneas de una mano, escrito en las esquinas de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras, en las antenas de los pararrayos, en las astas de las banderas, cada segmento surcado a su vez por arañazos, muescas, incisiones, comas”. (Las ciudades invisibles, Ítalo Calvino)

El 29 de junio tomó estado parlamentario el proyecto de Ley de Sitios de la Memoria Histórica. Fue presentado por el senador Marcos Carámbula y discutido y consensuado por la Red Pro Sitios de Memoria, que integran la Institución Nacional de Derechos Humanos (INDDHH), Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos, Crysol, el Museo de la Memoria, la Asociación Ágora, la Fundación Zelmar Michelini, la Comisión de Derechos Humanos de la Junta Departamental de Montevideo, el Área de Derechos Humanos de la Universidad de la República, el Servicio Paz y Justicia, entre otros.

El proyecto de ley es otra iniciativa que se articula con la ya existente 18.596, sobre la actuación ilegítima del Estado en el período comprendido entre el 13 de junio de 1968 y el 28 de febrero de 1985, que reconoce su responsabilidad en cuanto a los crímenes cometidos en el marco del terrorismo de Estado y el derecho de las víctimas a la reparación. En su artículo 8, establece: “En todos los sitios públicos donde notoriamente se identifique que se hayan producido violaciones a los derechos humanos de las referidas en la presente ley, el Estado colocará en su exterior y en lugar visible para la ciudadanía, placas o expresiones materiales simbólicas recordatorias de dichos hechos; podrá definir el destino de memorial para aquellos edificios o instalaciones que recuerden esas violaciones y podrá determinar la celebración de fechas conmemorativas de la verificación de los hechos”.

La creación de instancias, sitios y marcas es una herramienta importante para las políticas públicas de memoria, que aportan a la reparación simbólica de las víctimas del terrorismo de Estado, con el objetivo de devolverles su dignidad y deconstruir el relato dominante durante décadas, así como al conocimiento de la verdad y la realización de la justicia. En Uruguay, la mayoría de las veces, estas iniciativas han recaído en las víctimas o sus familiares. La Marcha del Silencio, al cumplirse los 20 años del asesinato de Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruiz, Rosario Barredo y William Whitelaw, fue y es una de las principales manifestaciones de memoria y tuvo como principales protagonistas a los familiares de los desaparecidos y los asesinados. El Memorial de los Desaparecidos se inauguró el 10 de diciembre de 2001 en el Parque Vaz Ferreira, del Cerro; fue promovido por una comisión nacional y auspiciado por la Intendencia de Montevideo (IM), la Sociedad de Arquitectos del Uruguay y la Junta Departamental de Montevideo. El Museo de la Memoria, en lo que fuera la casaquinta del dictador general Máximo Santos, fue también un proyecto de organizaciones sociales en conjunto con la IM. Los cambios en el nomenclátor no sólo respondieron a iniciativas de los diferentes niveles de gobierno, sino también a impulsos locales de vecinos y familiares de las víctimas. Así se incluyó en la memoria colectiva del territorio a Héctor Gutiérrez Ruiz, a Zelmar Michelini, a Walter Medina, a Enrique Erro, a Líber Arce, a Washington Pérez, a Susana Pintos, entre otros. Las marcas de memoria que encontramos en varios lugares, por ejemplo a las puertas del teatro El Galpón o en el Obelisco de los Constituyentes de 1830, son el resultado del proyecto Memorias de la Resistencia, impulsado por referentes de la sociedad civil. El Memorial para los Desaparecidos de Mercedes, inaugurado el año pasado, fue también una iniciativa de las organizaciones de derechos humanos.

La mencionada ley 18.596 habilitó más recientemente a colocar marcas de memoria en los lugares de represión. Diversas iniciativas han sido presentadas ante la Comisión Especial del Ministerio de Educación y Cultura, con resultados positivos, y las marcas fueron instaladas a lo largo y ancho del territorio nacional, por ejemplo, la de la Cárcel de Cabildo o la de la Dirección de Información e Inteligencia Policial.

Crear y educar en un nuevo relato que incorpore la verdad histórica supone estos espacios de homenaje y reconocimiento. Sin embargo, es de anotar la inexistencia en Uruguay de espacios de memoria en los lugares que fueron centros clandestinos y no clandestinos de represión, como la Escuela de Mecánica de la Armada, Automotoras Orletti, en Argentina, y el Memorial de la Resistencia de San Pablo en Brasil, donde antes funcionara el Departamento de Orden Político y Social. La iniciativa del Espacio Memorias para la Paz que pretendía crear un Museo para la Paz en la cárcel de Punta de Rieles y su entorno tuvo que conformarse con la plaza Museo y Memoria de Punta de Rieles.

En estos momentos hay dos iniciativas en curso. Una es el sitio del Servicio de Información de Defensa, que funcionó como centro clandestino de detención durante la dictadura. El edificio perteneció luego al Centro de Altos Estudios Nacionales (Calen) y hoy aloja a la INDDHH. Por allí pasaron los secuestrados en Argentina y trasladados a Uruguay en el marco del Plan Cóndor, en su mayoría aún desaparecidos. El lugar fue adaptado para el funcionamiento del CALEN primero y para la INDDHH después. Del relato de los sobrevivientes surge que casi no quedan huellas de cómo era entonces. La otra iniciativa proviene del Museo de la Memoria, que pretende construir un sitio abierto al público en el galpón 4 del Servicio de Material y Armamento, conocido como 300 Carlos o Infierno Grande, donde fueron torturados y asesinados presos políticos durante la dictadura. En el predio lindero al Batallón 13 fueron encontrados los restos de Fernando Miranda. La Red Pro Sitios de Memoria impulsa otros proyectos similares, cada uno con sus particularidades.

Creemos que la invisibilidad de esos espacios físicos contribuye a ocultar el pasado reciente. Los sitios de memoria son “una herramienta para la materialización de los hechos allí ocurridos”, reza el proyecto; de ahí la importancia de una ley que los resguarde. No sólo a los efectos de encontrar restos de desaparecidos, sino también de visibilizar el modus operandi de los represores y los rastros en muros y pisos que muchas veces subsisten a pesar de la pintura. Los sitios son escenarios de crímenes y como tales deberían haber sido tratados, para permitir a las víctimas su reconocimiento, para hacer estudios periciales y para crear equipos multidisciplinarios que determinasen las medidas necesarias para evitar su deterioro.

La memoria está unida indisolublemente a la búsqueda de la verdad y la justicia. Por eso los espacios físicos donde se cometieron violaciones a los derechos humanos deben ser preservados también como evidencia y se debe garantizar su accesibilidad y su intangibilidad. En Uruguay hay medidas que impiden innovar sobre algunos predios militares. Sin embargo, el transcurso del tiempo, el pacto de silencio de los militares y el ocultamiento de información han tenido como consecuencia su manipulación, transformación y a veces desaparición; es el caso de la casona de la calle Millán (Millán 4269), donde actualmente existe una cooperativa de viviendas.

Al mismo tiempo, la derecha, lejos de establecer una mirada autocrítica sobre el pasado, se ha reafirmado en su discurso, lo ha fortalecido con un equipo de abogados y expertos, y lo difunde a diario en las redes por medio de un grupo de trolls creados para tal fin. La omertá es, a esta altura, una patología con visos de cronicidad de nuestra democracia. Dos testimonios recientes de soldados parecen ser una grieta en esa pared oscura. Disputar ese relato con evidencias, existentes, por cierto, explayarnos y enriquecer la defensa de las libertades democráticas es un imperativo del momento político nacional e internacional.

La reconstrucción de la verdad tiene una dimensión personal y una dimensión colectiva. Es una verdad dinámica que cambia con nuevos aportes, a veces de las víctimas, a veces de los vecinos, a veces de la comunidad. Esa verdad siempre precaria es un derecho de la ciudadanía, derecho a conocer los hechos y a hacerse cargo de su pasado, derecho a construir su identidad con ella. Una identidad difícil de objetivar, por lo dolorosa y traumática, pero necesaria para no repetir errores y estar alerta ante propuestas revisionistas. Estos sitios contribuyen a educar en derechos como garantía de no repetición y, en diálogo con la comunidad, a construir nuevas subjetividades. El cambio de uso de estos lugares crea nuevas relaciones y resignifica el territorio. Estas transformaciones siguen siendo un debe. Por otra parte, no deja de indignar la lentitud pasmosa con la que los gobiernos progresistas han avanzado en el análisis de los archivos, el sometimiento a la justicia de los responsables y la construcción proactiva de la memoria como garantía de un nunca más al terrorismo de Estado. Quizás estemos aún a tiempo de dar un giro a la situación. Nutrirnos de expertise, decisiones políticas y ejecutividad, y volcar los recursos materiales y humanos suficientes para desentrañar nuestro pasado.

Hija de Ary Cabrera Prates, detenido desaparecido el 5 de abril de 1976

Publicado en Dínamo/La Diaria el 28/8/17

Inauguración y permanencia

Ayer inauguramos la muestra “Desaparecidos, de búsquedas y encuentros” en el Museo de la Memoria. La misma estará en exposición hasta el 9 de octubre de 2016 y  se podrá visitar de lunes a sábados entre las 12 y las 18 horas. La dirección del museo es Av. de las Instrucciones 1057 casi Bvar. José Batlle y Ordóñez (ex Quinta de Santos).

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Lembrar é resistir

El DOPS, Departamento de Orden Política y Social, hoy convertido en lugar de memoria, fue la institución estatal en San Pablo, encargada del disciplinamiento de la sociedad y la represión de toda forma de oposición al gobierno brasileño antes y durante la dictadura . Se encargaba de investigar a las organizaciones políticas, sociales, hasta organizaciones de vecinos; censurar medios de prensa y emitir un certificado de buena conducta necesario para conseguir empleo. Allí eran inerrogados y torturados los presos.

El actual Memorial de la Resistencia forma parte de la Pinacoteca de San Pablo.

Cuarenta y dos años después: Derechos Humanos y desmemoria

00A 42 años del Golpe de Estado quedan demasiadas asignaturas pendientes y todavía seguimos entrando en nuevos ciclos de esperanza, una y otra vez. Todos sabemos a esta altura que sin información no hay más verdad histórica que la que se ha logrado recopilar a través del testimonio de las víctimas, el acceso a unos pocos archivos y las excavaciones para encontrar un puñadito de restos óseos. ¿Es poca? No. Unos años atrás, los familiares soñábamos con que un gobierno reconociera los delitos de lesa humanidad y el terrorismo de Estado que implicó la dictadura. ¿Es suficiente? Tampoco. Crear otra comisión de la verdad si no encontramos una forma de sortear el pacto de silencio en el que se amparan los criminales de lesa humanidad, podría llegar a convertirse en el nuevo distractor quinquenal.
Jorge Batlle creó la COPAZ y ella permitió a los militares dar información en forma anónima sobre el destino de los desaparecidos. Se garantizó que su información no llegaría a la Justicia y que nadie sabría quién había brindado los datos. El resultado fue un grupo de expertos en inteligencia militar (que es lo que son) abocados a desinformar. Hacer revivir la esperanza, y luego frustrarla es una forma de tortura sistemática hacia las víctimas en la que son expertos. Las víctimas, ávidas de creer, o sea nosotros, recorrimos ese camino. El único resultado positivo fue que por primera vez el gobierno reconoció los crímenes de Estado.
Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos tuvo que publicar su propio “A todos ellos” libro con el que intentó sistematizar toda la información recabada por diferentes generaciones de investigadores (víctimas, periodistas e historiadores) para aportar algo más denso y científico en materia de información.
Con el gobierno de Tabaré Vázquez, lo que se llamó Comisión de Seguimiento de la COPAZ, a solicitud de los familiares, mantuvo sus puertas abiertas, pero la confiabilidad en las buenas intenciones de la patota militar se mantuvo. Así, por ejemplo, se le mostró a Macarena el lugar donde no yacía su madre ante las cámaras televisivas. Sin embargo, los antropólogos y los historiadores sí realizaron un trabajo científico y tuvieron algunos logros.
El gobierno de José Mujica, a pesar de su intención de no mantener “viejitos presos”, aceptó la Sentencia de la CIDDHH que obligó a Uruguay a reparar a las víctimas de delitos de lesa humanidad. Por reparación debe entenderse su reparación moral a través del acceso a la verdad, la memoria y la justicia. La Secretaría de DDHH amplió su cometido pero para cumplirlo hubiera necesitado mucho más personal especializado. El resultado es que todavía no se ha sistematizado ni siquiera el archivo encontrado por la ex Ministra de Defensa Azucena Berrutti en el ex CGIOR durante el primer gobierno frenteamplista.
Hoy contamos con la nueva comisión instalada por Tabaré Vazquez cuando aún era presidente electo. El problema es que si esta comisión no accede a los archivos de inteligencia militar y a la Secretaria de DDHH, además de la excelente persona que la dirige, Isabel Wschebor, no se le asigna personal suficiente para investigar toda la información que surja y la que ya tiene, estaremos una vez más ante una nueva frustración para las grandes multitudes que cada 20 de mayo recorren 18 de julio. Eso sí, cada vez habrá menos testigos y víctimas encabezando la marcha.
Esta última Marcha del Silencio traté de ir entre las primeras filas. Vi a León Gieco bastante cerca pero no vi a Luisa Cuesta, ni a Luz Ibarburu, ni a María Esther Gatti, ni a Quica Errandonea, ni a Tota Quinteros, ni a Violeta Malugani, ni a Blanca Artigas, tampoco vi a otros tantos luchadores por los DDHH que ya no están. Y no me quise alejar de esa tercera fila para que los pocos familiares que estábamos entre la multitud que solidariamente llevaba nuestros carteles fuéramos visibles aunque no nos reconocieran. Note sí, las nuevas generaciones de sobrinos, hijos y nietos de los que ya no están. Fui también al plenario de Familiares y recordé las ricas tortas saladas que traían las viejas para que fueran más llevaderas las discusiones enconadas en las que nos entrelazábamos con la buena intención de lograr verdad y justicia. La verdad, es que la mesa nos quedaba grande. Las organizaciones de DDHH tienen que buscar solidaridad porque una parte del sistema político, el Poder Judicial y personajes como el Ministro Fernandez Huidobro, los han ridiculizado, estigmatizado y trabajado para lograr su aislamiento sistemático, su debilitamiento, su frustración, su división, su desaliento. Y me pregunto, cómo una sociedad puede permanecer anestesiada, año tras año, ante tanta barbarie como la que se cometió por un puñado de civiles y militares con el poder de las armas. ¿Cómo se puede barrer bajo la alfombra contraviniendo todas las normas internacionales en ddhh? Porque el tiempo. Esa variable implacable. Y la lentitud de las respuestas lo hace posible. Me pregunto también si queremos una sociedad de desmemoria para nuestros hijos. Porque de ser así, ellos no van a saber reconocer los signos de autoritarismo si llegaran a presentarse en el futuro, tampoco van a saber cómo salirles al cruce antes de que se consoliden esos procesos y sea tarde.
*Hija de Ary Cabrera Prates, desaparecido en abril de 1976

Publicado en La República 1 de julio de 2015

20a MARCHA DEL SILENCIO

Luisa Cuesta 1 xHoy es la 20a Marcha del Silencio. A esos veinte años de marchas, hay que sumarle los otros. Para unos han pasado cuarenta años desde la desaparición de nuestro familiar. Más de cuarenta para otros. Menos de cuarenta también. Porque el terrorismo de Estado secuestró, desapareció, asesinó antes, durante y después de la dictadura. Y a pesar de eso, la gran mayoría de los crímenes siguen impunes. Queremos verdad para saber lo que sucedió. Eso en nuestro país quiere decir acceso a los archivos de inteligencia militar que ningún gobierno entregó todavía. La CIA desarchiva sus documentos a los 30 años, ¿por qué nosotros no? No hay Comisión para la verdad que pueda resolver la falta de información cuando todavía hay quienes defienden la omertá. Queremos memoria para no repetir los errores del pasado. Y queremos una Justicia que funcione acorde con las normas internacionales más avanzadas, para que la impunidad sea una mala palabra.

Hoy vamos a marchar sin Luisa Cuesta, que todavía no sabe dónde está Nebio. También vamos a marchar sin Luz, María Esther, Quica, Blanca, Violeta, Tota y la lista sigue.

Ya no hay más tiempo. Es ahora.

La movilidad urbana y el derecho a la ciudad

fim bici
Por Adriana Cabrera Esteve*
Las actividades en torno al Día Mundial de la Bicicleta fueron promovidas por la IM y contaron con la coordinación de varias organizaciones que promueven el transporte activo (UNIBICI, MASA CRITICA, URUBIKE) y otras que apoyaron como la CAF. Se sustanciaron en las jornadas del FIM BICI (Festival Internacional de la Música en bici); las Jornadas de Intercambio Académico “Bicicleta y Universidad”, en las que se hicieron presentes ponentes de diferentes ciudades del mundo; y las bicicleteadas a las que se sumaron centenas de ciclistas. Concitaron también el apoyo de organizaciones sociales vinculadas a la descentralización, como el Concejo Vecinal 2, que decidió exhortar a las instituciones públicas y privadas de su barrio a “proporcionar a sus usuarios y trabajadores lugares seguros donde guardar sus bicicletas así como a incentivar el uso de las mismas como aporte a la construcción de una ciudad más sustentable”.
Esta movida por un cambio en el sistema de movilidad urbana y la importante convocatoria que logró nos trae a la memoria el texto de David Harvey: “El derecho a la ciudad”. David Harvey afirma que el derecho a la ciudad es mucho más que la libertad individual de acceder a los recursos urbanos, se trata del derecho a cambiarnos a nosotros mismos cambiando la ciudad. Y para mayores coincidencias finaliza el texto argumentando, “la democratización de ese derecho y la construcción de un amplio movimiento social para hacerlo realidad son imprescindibles si los desposeídos han de recuperar el control sobre la ciudad del que durante tanto tiempo han estado privados, y desean instituir nuevos modos de urbanización”.
En mi caso, comencé a andar en bici por Montevideo en 1985 cuando luego del desexilio no tenía un sueldo y sí tenía ese medio de transporte que me resultaba rápido, gratuito y constituía una forma de realizar ejercicio sin costos adicionales. De ese período al momento actual mucho ha cambiado en la cultura de los montevideanos y cada vez son más los que se animan a bicicletear por la calzada disputando a los automóviles y al transporte colectivo su lugar. Las motivaciones son de diferente índole. Algunos lo hacen por su salud, otros por razones económicas, otros porque adhieren a la idea de realizar cambios, al decir de Harvey, en nosotros mismos para cambiar la urbe.
En materia de movilidad, democratizar la ciudad supone ejercer el derecho a usar la calzada, derecho del que se han apropiado los usuarios de automóviles y las empresas de transporte. Y para los gobernantes supone oír y dar respuesta a las demandas de los movimientos sociales en desmedro de los intereses del capital, la industria del automóvil, la del combustible, las automotoras y los propios automovilistas. Hoy, el derecho a la movilidad urbana, no es sólo bajar el precio del boleto o asegurar un transporte colectivo eficiente. Es también contemplar el medioambiente y pensar en formas más sustentables. Ejemplos comparados, hay. Una de las ponencias de las Jornadas de Intercambio Académico presentó el abordaje del tema por parte del Gobierno Provincial de San Luis, Argentina, donde a espejo de nuestro Plan Ceibal, se promulgó el Plan TUBI a través de una Ley Provincial y ya ha regalado 44.000 bicicletas. La idea es que cada niño luego de terminar el nivel primario reciba la suya. También se les imparte educación vial y se construyen bicisendas. Para los adultos, la política provincial ambientalista implica el financiamiento de bicicletas a los funcionarios del Estado. Los costos son absorbidos en un 50% por el Municipio y el otro 50% por el Ministerio de Medio Ambiente de la Provincia. Otras ciudades de América del Sur, como San Pablo y Buenos Aires, también comienzan a crear espacios para el transporte activo.
En Montevideo, aunque se empiezan a dar los primeros pasos, queda prácticamente todo por hacer. Resolver cuál va a ser el lugar donde transiten las bicicletas, así como regular la obligación de las instituciones a ofrecer bicicletarios seguros para guardar las mismas, son dos caras de la misma moneda a la hora de incentivar el transporte activo. Ofrecer este medio de transporte en los barrios más carenciados, ya sea regalando bicicletas o ayudando a su financiación; crear ciclovías en las grandes arterias de manera que los más necesitados y los que lo deseen puedan usar este medio de transporte a la hora de dirigirse a su lugar de trabajo o estudio; proporcionar estaciones de bicicletas al lado de las terminales de ómnibus a la que puedan acceder los trabajadores y estudiantes del interior que viajan a diario a Montevideo, siguen siendo nuestros sueños para el Montevideo del futuro.
Por si fuera poco, el último informe de la UNASEV (La República 21/3/15), da cuenta de la existencia de más de dos millones de vehículos motorizados (para poco más de tres millones de habitantes), de una tasa de mortalidad de tres personas cada diez mil vehículos, y en relación a su frecuencia, tres fallecidos cada dos días. Si agregamos a ello la contaminación que emana de los caños de escape, la polución sonora, el estrés y las demandas sociales, todo parece indicar que es el momento de profundizar las políticas públicas destinadas a un cambio de modelo en la movilidad urbana que contemple las necesidades de toda la población y habilite formas sustentables de trasladarse en la ciudad. Esta es, por cierto, una preocupación más relevante que la forma en que un legislador intenta sortear una multa por su infracción de tránsito o lo bien o mal que se realizan los controles.
*Escritora

Hugo Cores y el Congreso del FA: Gobernar es luchar

hugo cores

Por Adriana Cabrera Esteve                                                                                                                                           

Que el próximo Congreso del Frente Amplio lleve el nombre de Hugo Cores es de una enorme carga simbólica.  No se puede pensar en Hugo, sin pensar en su capacidad de lucha por justicia social; no se puede pensar en él, sin pensar en derechos humanos.

Si tuviera que atribuir a algo su compromiso con los ddhh, diría que tuvo tres vertientes. La primera fue el valor que los viejos anarquistas dieron a la solidaridad. Esta estuvo integrada a su propuesta  ideológica, creían en la construcción de una sociedad basada en la solidaridad. Mucho después, durante el “pachecato” y la dictadura militar este valor se tradujo en solidaridad con los presos políticos y sus familias.

Siendo marxista, Hugo siempre reivindicó el compromiso del anarquismo con los valores ideológicos, valores vinculados a la defensa de la libertad, la igualdad, la justicia, la cooperación y muy en particular a la defensa de estos valores con sus prácticas de vida, por eso, se convirtieron en una ética personal.

La segunda vertiente se podría decir que venía de su propia experiencia existencial. Como todos los luchadores de su época, Hugo conoció la tortura y la prisión. Desde las luchas juveniles, la represión a los bancarios en el 68 y 69, luego en 1971, hasta la más dura en Buenos Aires donde fue secuestrado un 14 de abril de 1975. Allí se encontraba organizando el congreso fundacional del PVP cuando fue secuestrado en un bar. Lo habían estado esperando en el Correo Central donde tenía una casilla de correo. Allí comenzó la persecución. Logró escapar del Correo,  subió a un ómnibus seguido por los autos de los militares y concluyó en un bar de Alem y Sarmiento donde antes de ser capturado gritó que era Hugo Cores, que lo querían secuestrar y pidió que llamaran a un senador de la República Argentina. Ya detenido, Hugo siguió gritando su nombre y pidiendo que alguien denunciara su secuestro. Fueron días de durísimas torturas pero había logrado que su foto y el relato de su secuestro estuvieran en la prensa nacional e internacional. Apareció   en una comisaría de San Justo. Luego fue trasladado al Penal de Sierra Chica. Fue la solidaridad lo que impidió su desaparición. El jurista argentino Leandro Despouy y el francés, Jean–Louis Weil protagonizaron las gestiones que terminarían con su aparición y posterior  exilio  en Francia. Este vínculo daría lugar a lo que pienso fue la tercera vertiente, la relación con el grupo de juristas nacionales e internacionales que aportarían desde el conocimiento del derecho, el marco teórico a la táctica de denuncias que impulsaría Hugo y el Partido por la Victoria del Pueblo en Europa primero y en América Latina después. Las denuncias ante el Tribunal Russell, la creación del Secretariado Internacional de Juristas por la Amnistía en Uruguay, el apoyo a la lucha de los familiares de los detenidos desaparecidos y de los presos políticos, la denuncia de la dictadura uruguaya ante los organismos internacionales y también la coordinación y la unidad con todas las fuerzas que se oponían a la dictadura.

Estas ideas no sólo aportarían a la lucha por la democracia, sino que se convirtieron en una mirada sobre la construcción de ciudadanía. Ya no se trataba de la solidaridad hacia las víctimas de la dictadura, sino de las normas que deben regir la convivencia en un Estado democrático. La impunidad quebraba y quiebra esas normas básicas: igualdad ante la ley, el derecho de las víctimas a conocer la verdad, a que sea reparado el daño, el acceso a la justicia, las garantías de no repetición de los crímenes. Por eso en julio del 2005 decía: “la labor del FA no se agota con proponer soluciones económicas sino con un nuevo concepto de ciudadanía. Una cultura solidaria, antagónica a la que propone el neoliberalismo. Solidaridad y no ley-de-la-selva. Verdad y no ocultamiento. Justicia y no impunidad. La movilización espiritual y cultural de la nación, de sus jóvenes, de sus creadores, de sus artesanos, sus artistas, sus intelectuales, sus obreros y de sus empresarios, que quieren crecer y hacer crecer al país, todo eso, es una propuesta que va más allá de la acción administrativa del gobierno”.

Hugo veía el gobierno como un campo de lucha. Lucha como en la vida misma. Entre el compromiso de la acción política y la pasividad, entre el pensamiento crítico y la inercia, entre los simplismos demagógicos y los razonamientos complejos, entre la inflexibilidad o la atención a las divergencias, entre ser razonables y adaptativos o atrevernos a luchar por aquellas banderas que son “nuestra memoria y nuestra identidad”. No basta con tener el gobierno, es necesario “enamorar” como se dice últimamente. Enamorar, mostrar que se está haciendo lo que prometimos y “denunciar los obstáculos que las derechas nos han colocado en el camino”.

En varios temas este Congreso tiene esas disyuntivas.

Tenemos un Poder Judicial que se ha convertido en un bastión de la derecha. ¿Por qué no decirlo? Las sentencias de la SCJ alarman a la comunidad internacional mientras,   por si teníamos dudas sobre su origen ideológico, van acompañadas de la jactancia del Semanario Búsqueda. Protegen los intereses de los terratenientes, de los acreedores de PLUNA y de los criminales de lesa humanidad y violan los derechos de los magistrados y las víctimas de la dictadura, amparados en la independencia de poderes que no supieron defender cuando debían eliminar la Ley de Caducidad que sí la violaba. Nuestro congreso debe incorporar este tema a su agenda. Proponerle a la ciudadanía desconcentrar el poder que tiene actualmente el máximo órgano del Poder Judicial y reformar también la Ley de la Judicatura dotando de transparencia y estableciendo criterios claros de ingreso y ascenso de los magistrados.

Se debe reimplantar el impuesto de Primaria a los terratenientes, eliminar los privilegios jubilatorios de los militares, poner impuestos a las zonas francas para que las riquezas sean mejor distribuidas y poder atacar ese 24% de pobreza infantil  que aún nos avergüenza. Para eso estamos, para favorecer a los desposeídos, para construir mayor justicia social. Son estas medidas las que entusiasmarán a las nuevas generaciones como han entusiasmado la agenda de derechos y la Ley de Medios. Sabemos que son espacios de poder duros pero no por eso intocables.

Hugo supo de divergencias y de unidad de acción. Durante su juventud fue un integrante orgánico de la FAU en una familia de comunistas y un marxista no ortodoxo entre anarquistas. Su madurez lo encontró estudiando a los estructuralistas marxistas, a Gramsci, muy cerca de las luchas y lejos del marxismo leninismo ortodoxo. Es esa mixtura entre valores ideológicos comprometidos con la lucha de los más humildes, su vida, los derechos humanos y la filiación al marxismo crítico lo que dio la significación a sus aportes que hoy homenajeamos ante este nuevo congreso del FA.

 Fotografía de Juan Angel Urruzola

Publicado en Voces 21/11/13

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