Este pueblo no se ahoga con marullo*

Por Adriana Cabrera Esteve

Festejos en la noche del 26 de octubreEstamos terminando un largo período de campaña electoral por el gobierno nacional. Resta ahora una segunda etapa, las elecciones departamentales y municipales. Hasta ahora la campaña ha tenido algunas aristas propias. La “positiva” de Lacalle y el enorme accionar de la derecha a través de los medios jugaron al camuflaje como forma de captar votos. Se empoderaron de los logros del FA y borraron de un plumazo, apelando a lo positivo de la desmemoria, la incapacidad de los partidos tradicionales, no sólo de gestionar bien el país si no de incorporar las necesidades populares como una de las principales variables a resolver.
A la operación mediática se sumaron las lecturas “ponderadas” de las encuestas de opinión por parte de algunos voceros que dejaron al descubierto el poco rigor científico con el que operan en períodos de zafra como este y la necesidad por parte del Estado de tener sus propios medidores de opinión, por ejemplo en manos del actual Instituto de Estadística. Algo que bien utilizado, podría ir informando a la ciudadanía, registrando las subjetividades de la población, retroalimentando la gestión, las proyecciones y las perspectivas.
La fuerte oposición entre derecha e izquierda subyacente en la contienda electoral tuvo en los virales de “Nany” una síntesis de alta calidad que aportaron densidad al debate, decodificando a través del humor, al estilo de los mejores conjuntos carnavaleros, lo que estaba en juego no sólo para las grandes mayorías sino también para los que se han beneficiado de la política económica y la agenda de derechos impulsadas por el Frente Amplio. “Nany” también demostró que jugar al centro, algo que intentaron algunos desmarcándose de sus contenidos, no sirve para aclarar ante la población las cosas que están en juego en un acto eleccionario. Molestó a algunos y hubo quejas de Lacalle y disculpas insólitas, por parte de actores que utilizan lenguajes y juicios mucho más agresivos o aplauden humoradas similares, por ejemplo, del personaje de Carlos Tanco: Darwin Desbocatti. Lo que indica que Nany puso el dedo en la llaga, o por lo menos algunas llagas.
Las elecciones dieron más del 56% de los votos válidos al Frente Amplio. Por primera vez, el FA logró superar el 50% sobradamente. Algo que ha sido preocupación de la militancia frenteamplista y que sigue siendo un tema de fondo para el próximo período. Por otro lado, las cifras parecen mostrar una votación no solo al candidato, sino principalmente a la fuerza política. De hecho, el Partido Socialista y el Frente Líber Seregni, dos de los principales sustentos políticos de Tabaré Vázquez, disminuyeron su votación.
Se juega en este período, una correcta lectura de esos números. Algo que por el momento no aparece en la selección realizada por el próximo mandatario del gabinete ministerial.
El próximo período abre condiciones para avanzar mucho en procesos de democratización, reducción de las desigualdades y consagración de nuevos derechos. No sólo porque volvemos a tener mayorías parlamentarias sino porque la población está dando muestras de una sensibilidad política acorde a los derechos conquistados. El triunfo del No a la Baja es una señal importante de que se puede dar los debates de fondo y construir el respaldo ciudadano contra las manipulaciones sistemáticas. Eso no implica dejar de preocuparnos por el 47% que votó sí a la baja de la edad de imputabilidad penal exigiendo mejores respuestas en materia de seguridad. La participación de las organizaciones sociales marcando la agenda de los últimos años debiera ser una señal de por dónde caminar en el próximo período. De alguna manera, la población ha dicho, parafraseando a Calle 13 en su hermosa canción “Latinoamérica”: este pueblo no se ahoga con marullo.
Participar y ser protagonistas en los diferentes espacios sociales y políticos son parte de los desafíos no solo para la 3311 sino para el conjunto del FA. Fortalecer el FA como fuerza política que promueva la movilización ciudadana, que llene de contenidos al movimiento y a las redes, ampliar los órganos de descentralización de los gobiernos departamentales y municipales, poner oreja a las demandas de la gente debiera ser parte esencial de nuestra hoja de ruta para el próximo período.
*De la canción “Latinoamérica” de Calle 13

*Editorial escrita para Cuadernos de Compañero Nro.17

¡Sí, podemos!

4Por Adriana Cabrera Esteve*

Estas elecciones internas presentan un elemento nuevo en la realidad nacional: la mayor jerarquía de la cuestión de género. En primer lugar, porque una mujer es precandidata a la Presidencia de la República. En segundo lugar, porque se aplicará, por fin, la Ley 18.476 o Ley de Cuotas. En su segundo artículo, la Ley establece que tanto para elegir las autoridades nacionales y departamentales de los partidos políticos como en las listas de candidatos para las elecciones nacionales y departamentales, las Juntas Departamentales, las Juntas Locales Autónomas, las Juntas Electorales y las Intendencias, se deberá incluir personas de ambos sexos en cada terna de candidatos titulares y suplentes, por lo menos en los primeros quince lugares. Pero, en el artículo quinto, aclara que esta disposición sólo regirá para las elecciones nacionales y departamentales de los años 2014 y 2015, respectivamente. Luego, la experiencia deberá ser evaluada. La Ley también llamada Ley de Ternas o de Participación Política Femenina, fue promulgada en 2009 luego de tres laboriosos años. Y hasta aquí lo que se logró.

Con sus carencias supone, sin duda, un cambio en calidad de la democracia uruguaya y un desafío para quienes han levantado la bandera de la equidad de género en el escenario político. Es también una prueba para todas aquellas que tengan la oportunidad de ocupar esos lugares ya que lo que hagan será mirado con lupa y no faltará quienes las exhorten a renunciar para ceder su lugar a un hombre. Lo fermental de este período sólo puede evaluarse si miramos la situación de la que venimos y en la que aún estamos.

El sufragio femenino en Uruguay fue aprobado recién en 1932 y se hizo efectivo en 1938. La primera mujer ministra, por un corto período, fue Alba Roballo, por el Partido Colorado, en 1968. En el gobierno de Tabaré Vázquez, hubo la mayor cantidad de mujeres Secretarias de Estado llegando a haber cinco en algún momento del período.  En el segundo gobierno del FA supo haber una en trece (actualmente hay dos). Sólo para tener en cuenta, en Suecia, la presencia femenina en el Gabinete Ministerial es del 52%.

En lo que refiere a la presencia femenina en el Parlamento, esta ha ido, felizmente, en aumento, aunque nada que entusiasme demasiado. De un 4.6% en 1989 pasamos en 2009 a un 13%, año en el que fueron electas cuatro senadoras y quince diputadas. Y entre tanto, durante el primer gobierno frenteamplista, tuvieron que digerir el veto presidencial a una demanda histórica del movimiento de mujeres como fue el artículo que legalizaba el aborto en la Ley de Salud Sexual y Reproductiva. Algo que tuvo que subsanarse en la segunda legislatura frenteamplista.

En lo departamental, en 2010 se dio un gran salto al ser electas tres mujeres como Intendentas. Y en las Juntas Departamentales, el porcentaje pasó de un 15.3% en 2005 a un 17.1% en 2010.

La creación del tercer nivel de gobierno abrió nuevas posibilidades a la participación de mujeres en instancias de gestión de la cosa pública. Cada Municipio con un mínimo de cinco mil habitantes tiene un gobierno municipal formado por cinco concejales de los cuales el más votado es el alcalde o alcaldesa y preside el concejo. De 89 municipios, 23 están encabezados por mujeres.

A nivel internacional, América Latina tiene actualmente, tres presidentas mujeres. Según el informe 2013 del Foro Económico Mundial la participación política de las mujeres ha mejorado en los últimos años sustantivamente, Nicaragua, por ejemplo, ocupa el quinto lugar mundial luego de los países nórdicos. Pero Uruguay se encuentra entre los peores de Latinoamérica junto a Paraguay, Honduras, Perú y República Dominicana.

Históricamente, la división del trabajo ha destinado las mujeres al espacio privado y los hombres al ámbito público. A lo largo de los siglos, los saberes y destrezas de ellas se han desarrollado en la esfera del hogar y cuando salieron al mercado de trabajo lo hicieron mayoritariamente en el área de los servicios. Hospitales y escuelas están llenos de personal femenino. Mientras tanto, los hombres adquirían saberes y destrezas en el espacio público. La política ha sido un espacio de poder masculino por excelencia y los liderazgos tanto de partidos políticos, organizaciones sociales o incluso en el ámbito empresarial han recaído mayoritariamente sobre hombres. La toma de decisiones sobre el conjunto de la sociedad, también el 52% femenino, ha estado en sus manos. Por eso fue necesaria una norma que diera un giro contundente a la postergación de género. Postergación que trajo consigo la invisibilidad de lo que le ocurre a gran parte de la población, no sólo las mujeres si no también los que estaban a su cargo, niños, niñas, adultos y adultas mayores, discapacitados y discapacitadas. Por ejemplo, datos recientes de la II Encuesta de Salud Adolecente indican que en nuestro país 8,6 % de las niñas y muchachas de 13 a 16 años han sufrido agresiones sexuales y también 4,8 % de los varones de la misma edad. ¿Era esto relevante antes? No. ¿Se denunciaba? Tampoco.

La desnaturalización de la violencia doméstica, de la trata de niños y niñas, de las condiciones del trabajo doméstico no remunerado, de la discriminación por etnias u orientación sexual son algunos de los avances que han acompañado la incorporación de la mujer a la política nacional. Pero además, a la política uruguaya le ha hecho falta la mirada femenina también para los problemas que atañen a la población masculina y los grandes temas de la sociedad.

Tendremos que recuperar el tiempo perdido. Comienza un quinquenio en el que habrá que hacer la diferencia, dejar nuestra marca en la historia. Para eso, es necesario que aprendamos a hacer política también entre nosotras y con otras. Construir cada una su espacio. Cambiar las relaciones de competencia que nos impone el sistema por relaciones de solidaridad. Necesitamos destinar toda nuestra energía a lo mucho que hay para hacer.

*Editorial de Cuadernos de Compañero Nro.15