EMPATADOS

Además del triunfo de la coalición de derechas el domingo 24, es importante resaltar el final con empate técnico que abrió una coyuntura diferente a la temida por unos y esperada por otros. Los fenómenos son multifactoriales. Por eso no hay que buscar las razones de ese empate solamente en el video de Guido Manini Ríos, ni exclusivamente en el enorme crecimiento de la militancia, ni en la fórmula; fueron más y muchas las causas.

El contexto internacional conformó, sin duda, el escenario electoral más difícil de los últimos años. La avanzada coordinada de la derecha a nivel internacional, las movilizaciones populares con saldos de muertes y lesiones graves en Ecuador, Chile, Bolivia y Colombia, la cacería de dirigentes en Bolivia, el tiro al blanco practicado por los carabineros chilenos, con el resultado de cientos de militantes con lesiones oculares graves, fueron algunos de los sucesos que enmarcaron el proceso electoral uruguayo. Al mismo tiempo, hay que agregarle el uso generalizado de las redes, no ya como un ágora de intercambio de ideas, sino como el conjunto de herramientas para manipular la opinión de la gente. Estos recursos fueron utilizados por los partidos de derecha a lo largo y ancho del globo, junto al control de los grandes medios de comunicación, que machacaron su versión de la vida y el mundo. Y por último, los golpes de Estado a presidentes democráticamente electos como Dilma Rousseff o Evo Morales imprimieron a la coyuntura una sensación de destino insoslayable. Aun ahora, con los resultados a la vista, lo que sucede en otros países sigue siendo percibido como un plan orquestado para la destrucción de los progresismos del continente.

En ese sentido es necesario enriquecer el nivel de los debates. Las críticas a la coalición multicolor deben ser en lo que corresponde, sin sumarnos a la banalización que llevaría a una oposición superficial. De hecho, nosotros también somos una coalición, y lo que la derecha hizo fue aprender de nosotros. En la estructuración y en las estrategias. Critiquemos sus políticas y evitemos la superficialidad.

La incursión de Cabildo Abierto en la política nacional es uno de los componentes más riesgosos del nuevo período, que puede tener como consecuencia la derechización del proceso en base a lógicas militares y con consecuencias militares. Si la guerra es la continuación de la política por otros medios, nuestro papel es evitar la continuación de viejas oposiciones militaristas por medio de la política.

El rol de las encuestadoras fue un factor activo para la desmoralización de la militancia toda, tanto de la dirigencia como de la militancia de base. No es la primera vez que sucede; sin embargo, la escasa diferencia entre uno y otro candidato deja planteada la duda de qué hubiera pasado si las agencias no nos hubieran convencido de que perdíamos. Es muy probable que hubiéramos podido repechar un poco más.

Simultáneamente, la militancia frenteamplista deconstruyó los prejuicios de su dirigencia en lo que refiere a la participación. Una vez más demostró madurez para evaluar la coyuntura y actuar en consecuencia. El conjunto del Frente Amplio (FA) debe reconocer este fenómeno y aprender de él para reconformar una fuerza política capaz de encarar los nuevos tiempos con unidad. Los colectivos recientemente creados, los comités, las redes, viejas y nuevas formas de organización se potenciaron mostrando una capacidad de delinear estrategias electorales. Hubo a lo largo de estos 15 años un traslado de saberes y compromisos a los trabajadores que implementaron los programas del FA en cada una de sus áreas. Nadie mejor que las y los arquitectos para enumerar todas las obras edilicias que se habían realizado, nada mejor que las y los trabajadores de la salud para relatar cómo se había implementado el Sistema Nacional de Salud, nada más elocuente que las y los trabajadores de la cultura para reconocer la recuperación de teatros en todo el país y las políticas impulsadas por el Ministerio de Educación y Cultura, que permitieron a cientos de artistas, por primera vez, vivir de su trabajo.

Durante estos años, la movilización popular dio muestras de reservas morales y de energía que el FA no supo o no pudo articular con su propio accionar político en la base y en los territorios.

Los avances programáticos en estos 15 años han creado, en algunos aspectos, una nueva cultura en el pueblo uruguayo, a tal punto que la coalición de derechas se vio obligada a prometer que no habría retroceso en la agenda de derechos. Lejos de pensar que sólo hubo mejoras económicas, debemos reconocer que se hizo un proceso de enseñanza-aprendizaje en materia de derechos reclamados por la sociedad, por ejemplo, por el feminismo y la comunidad LGTBI, y reconocidos y legislados por los gobiernos frenteamplistas, que implicó un cambio cualitativo de relevancia para la sociedad uruguaya actual. En ese plano, logramos, en parte, lo que nos propusimos: que los valores impulsados se convirtieran en cultura. En otros campos, por el contrario, el FA no logró evitar que la derecha reconstruyera un relato en el que ella no aparecía como responsable de la crisis del 2002 y las percepciones de grandes sectores de la población evolucionaron hacia valores más conservadores. No pueden subestimarse a futuro las campañas orquestadas, con muchos recursos y respaldos internacionales, para promover el miedo, la xenofobia, la aporofobia, el odio al feminismo y a la izquierda.

Hubo errores de la presentación electoral, básicamente porque se pensó que el quid era ganar votos de centro y que para eso se debía empatizar con el ciudadano medio que valora a la persona trabajadora, exitosa incluso a contracorriente, y buena gestora. Ofrecer certezas fue el leiv motiv de la presentación electoral. Y tener un candidato que pudiera hacerlo. Una de las debilidades de esa estrategia fue que no generaba empatía con las grandes mayorías de trabajadores y trabajadoras, que son, por lo general, poco o nada exitosos, aunque se rompan el alma trabajando.

Los cambios en los comandos de las campañas dieron la imagen de una campaña errática. Sin embargo, hay que reconocer puntos altos: la Ola Esperanza consiguió levantar el estado de ánimo de los frenteamplistas, logrando niveles de movilización no previstos hasta ese momento, y el Voto a Voto supo dar en el clavo con las necesidades del discurrir de la campaña en el último período.

El desgaste de 15 años de gobierno, con escasa participación de la fuerza política en su rol pedagógico, como promotor de nuevas políticas y como agente de los cambios, se puso en tensión en este último período. Recordemos que las grandes convocatorias a la movilización popular durante estos años no provinieron del FA sino de las iniciativas populares: voto rosado, el No a la Baja y el No a la Reforma, las marchas del 8 de marzo y el 25 de noviembre, del 20 de mayo y la Marcha de la Diversidad. Durante estos años, la movilización popular dio muestras de reservas morales y de energía que el FA no supo o no pudo articular con su propio accionar político en la base y en los territorios.

Es necesario incorporar al análisis el rol que jugó la renovación generacional. Con los tres principales líderes en edad de no renovar su mandato, a diferencia de lo que ha sucedido en otros países de la región, el FA puso en la escena política a varios líderes y liderezas capaces de disputar la centralidad de la conducción política. Sin embargo, hay que reconocer que la construcción de nuevos dirigentes no es un proceso que se pueda realizar de un día para otro. Los liderazgos se cocinan a fuego lento y requieren tiempo. Nuestra militancia estuvo a la altura del desafío.

La cercanía entre militantes, ya sea de dirigentes como de las bases, y la población en su conjunto fueron las claves para lograr la votación del 24 de noviembre. Miles de mujeres y hombres y un enorme conjunto de jóvenes lucharon por el FA, por su proyecto de cambios, y pusieron en valor lo mucho que se había avanzado. El hipercriticismo idiosincrático uruguayo tuvo que rescindir su estoicismo y dejó lugar a una mirada más profunda y abarcadora de nuestra realidad, conscientes de que la fuerza política está conformada por personas diversas que quieren un mundo mejor.

Adriana Cabrera es escritora y fotógrafa.

Publicado en La Diaria el 5 de diciembre 2019

Barrios: Memorias

La ciudad no cuenta su pasado, lo contiene como las líneas de una mano, escrito en las esquinas de sus calles, en las rejas de sus ventanas, en los pasamanos de las escaleras, en las antenas de los pararrayos, en las astas de las banderas, cada segmento surcado a su vez por arañazos, muescas, incisiones, comas.
La ciudad no está hecha de esto, sino de relaciones entre las medidas de su espacio y los acontecimientos de su pasado.
Con aquellas ausencias tuve ante mí las dimensiones reales de mi soledad y una muestra de cómo las decisiones de la Historia pueden meterse por las ventanas de unas vidas y devastarlas desde dentro.

Textos de Leonardo Padura e Ítalo Calivino

PONENCIA EN LA PRESENTACIÓN DE LA PÁGINA WEB “SITIOS DE MEMORIA”

Presentación por Madres y Familiares

Para Madres y Familiares la memoria ha sido siempre uno de sus énfasis. Desde muy temprano se nos planteó la encrucijada de qué hacer con el dolor que nos producía la pérdida de nuestros seres queridos en condiciones tan brutales. Darle sentido a nuestro pasado, convertirlo en una fuerza transformadora y creadora del NUNCA MÁS, fue una de las principales motivaciones. Por eso, Memoria, verdad y justicia, palabras más, palabras menos,  ha sido siempre la consigna que impulsamos. Y desde un principio, en lo que refiere a la memoria,  lo que estuvo en disputa fue el relato de lo ocurrido. Qué podíamos y qué no podíamos recordar. Los sistemas dictatoriales quieren controlar todo y las mentes totalitarias también. La derecha uruguaya, civil y militar, ocultó los crímenes y ese fue el discurso dominante. La dictadura no reconocía haber asesinado ni torturado ni desaparecido ni robado personas y niños. En el marco de una fuerte censura de prensa, miles de uruguayos transcurrieron la dictadura sin saber lo que estaba ocurriendo en cuarteles, comisarías y centros clandestinos de detención.

Nuestra propia historia nos ha demostrado que la memoria es un campo de tensiones en el que se quiere instalar un relato hegemónico. Fue una forma de resistencia el oponernos al ocultamiento que nos imponía la derecha. Y fue progresivamente que la ciudadanía comenzó a saber, a través del boca a boca, inicialmente y luego a través de los medios de prensa que empezaron a hacerse eco de las denuncias. No voy a hacer el recuento de cómo fue el proceso hasta que llegamos al reconocimiento por parte del Estado de los crímenes de la dictadura. Basta decir que en el último gobierno del partido Colorado, cuando recién se empieza a admitir algunos de los crímenes,  se reconocían solamente los 24 desaparecidos en Uruguay y se omitía la responsabilidad sobre los crímenes cometidos en el marco del Plan Cóndor. La transición de la dictadura a la democracia parece “La historia sin fin”. Una sucesión de anécdotas, luchas, disputas por lo público y la creación de una nueva historia. Lo que está sucediendo ahora con las placas de reconocimiento a las víctimas, los robos y vandalizaciones, son un claro ejemplo del tironeo por la historia oficial que parece no terminar más. Es como la utopía, siempre se aleja un poco más.

Al mismo tiempo, qué recordamos, cuándo lo recordamos, cuándo lo hablamos, ha sido un esfuerzo que ha recaído fundamentalmente en las víctimas pero que también ha dependido de la creciente legitimidad cultural de las denuncias. Las denuncias sobre violaciones, por ejemplo, no parece casualidad que hayan salido a la luz pública en simultaneidad con la última ola feminista. Igualmente las denuncias sobre persecución a la comunidad LGTBI durante la dictadura, escasamente conocidas, van también de la mano de la dignificación de dicha comunidad en el presente. Como dice Elizabeth Jelin, en su libro “La lucha por el pasado”: “A menudo,  (sin embargo), pasados que parecían olvidados definitivamente, reaparecen y cobran nueva vigencia a partir de cambios en los marcos culturales y sociales que impulsan a revisar y reconocer huellas y restos a los que no se les había otorgado ningún significado durante décadas o siglos”.

Entonces las tensiones por la memoria, siempre en conflicto, han permitido avances pero también pueden experimentar retrocesos. Por eso quizá, la importancia que adquiere para nosotros lo tangible. La memoria escrita, en negro sobre blanco. La memoria que adquiere institucionalidad, que atraviesa los debates políticos y se expresa en los libros de historia y en hallazgos de restos, que se constituye en políticas de Estado o que se construye como sitios. Y fundamentalmente que crea cultura en el respeto a los derechos humanos, cultura humanista que sirva como garante de sistemas más democráticos y atraviese el conjunto de la sociedad.

En el caso de Familiares, tempranamente algunos compañeros visualizaron la importancia de impulsar el Memorial de los Detenidos Desaparecidos y el Museo de la Memoria, entre ellos, quiero hacer un reconocimiento, Silvia Bellizzi y Annabella Baldovino que trabajaron para la creación del Museo y a Javier Miranda que trabajó para el Memorial. Solo por nombrar a los compañeros de Familiares porque hubieron otros. Cabe también el reconocimiento a un grupo de ex presas políticas que también por esos años, vieron la importancia de escribir sobre lo vivido en “Memorias para armar” entre las que se encuentra nuestra compañera Elena Zaffaroni.

En esos momentos, los debates sobre este tema no eran vistos como relevantes. Pero todos esos impulsos fueron dándole a la memoria sobre el pasado reciente el lugar que luego iría tomando, sin desmedro del esfuerzo de los que hacíamos énfasis en otras áreas de la actividad en derechos humanos, como la búsqueda de la justicia y la verdad o la reparación integral.

En estos últimos años ha habido una movida importante en torno a los Sitios de Memoria. En parte aprendiendo de las experiencias de otros países pero también, por lo menos en mi caso, en la búsqueda de un nuevo lenguaje que dialogue con los sentidos. Creo que los Sitios de Memoria pueden convertirse en eso. En una experiencia transformadora. He tenido la suerte de conocer Sitios de Memoria o museos, como el Museo del Apartheid en Sudáfrica, o el de la Memoria y la Tolerancia en Ciudad de México, o las casas de Frida Kahlo y de León Trosky, también en México, o el ex DOPS de San Pablo, y debo decir que son más que lugares de memoria, son lugares de educación y de evolución del individuo. Lugares donde la investigación histórica y antropológica se mezcla con el arte para brindar una experiencia integral y transformadora en el escenario de nuestra propia existencia. Aspiramos a eso. A que los que visiten los sitios de memoria que crearemos salgan de esos lugares más sensibles, más humanos, más humildes, más conscientes de su pequeña humanidad. Y aspiramos a crear lugares abiertos y en diálogo con la comunidad e insertos en los procesos de investigación tanto de la Universidad de la República como de las instituciones del Estado que se dedicarán a esta tarea, como a las organizaciones sociales e individuos comprometidos con los derechos humanos.

Quiero destacar también que Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos  adhiere a la idea plasmada en la Ley 19.641 de que Sitios de Memoria son no sólo los sitios donde se registraron casos de prisión y tortura, sino también los lugares que, como el Memorial y el MUME, configuraron hitos en el proceso de construcción de la Memoria. También consideramos sitios los lugares de resistencia a la dictadura y a la cultura de impunidad. Entendemos que en este incipiente sistema de sitios de memoria debe haber un lugar para la memoria de lo hecho. Porque nosotros también hacemos la historia. Cada uno y todos.

Por último, quiero hacer también un reconocimiento a lo que hemos avanzado en estos aproximadamente cuatro años que llevamos trabajando juntos, desde las primeras reuniones en el Museo de la Memoria cuando nos repartíamos en talleres, unos para intercambiar sobre la ley de sitios que queríamos y otros para intercambiar sobre la estructuración de la red. Y a Marcos Carámbula que nos dio una buena mano presentando la Ley y respetando nuestros puntos de vista.

Tenemos que poner en valor lo que hemos logrado e ir por más.

Muchas gracias

DERECHOS HUMANOS: el vaso medio vacío

A veces incurrimos en la tentación de pensar que el estado actual de los derechos humanos en Uruguay es algo que nos fue dado, que existió siempre, que no hubo actores que lo impulsaron y que tampoco hubo actores que se opusieron a esos avances. Y es difícil decirles a las nuevas generaciones de activistas y también de ciudadanos cómo se fue construyendo ese sistema de derechos humanos que tenemos hoy. Un sistema con deficiencias, con aciertos, que se estructuró en base al impulso de los progresismos. Ese conglomerado heterogéneo que trata de definir qué es lo justo y lo injusto. Que trata de caminar hacia los derechos humanos, hacia más justicia social. Que puede dejar sabor a poco pero que es lo mejor que hemos logrado construir en términos de acumulación de fuerzas para cambiar y hacer de este mundo algo mejor.

Acaba de fallecer Louis Joinet. No puedo dejar de recordar lo que fue para los familiares de detenidos desaparecidos en el exilio encontrar voces como la de él, o como la del jurista uruguayo Alejandro Artuccio, cuando sabíamos que teníamos que denunciar la desaparición de nuestros familiares pero no sabíamos cómo ni dónde y todas las puertas parecían cerradas. Ellos nos decían que había opciones para buscar y para encontrar. Nos enseñaban que había normas del derecho internacional que nos amparaban. De esas voces de juristas internacionales y también de los familiares que acudimos a los gobiernos e instituciones en el exterior, y de esas madres, hermanos e hijos que dentro del territorio se la jugaban recorriendo las morgues y golpeando las puertas de civiles y militares para preguntar dónde estaban sus hijos, sus hermanos, sus esposos, sus padres; de todas esas voces, se fue construyendo este sistema. Y también de las enormes solidaridades de los compañeros, de los investigadores, periodistas, historiadores, abogados. De ese colectivo de gente de izquierda, heterogéneo, con el nombre que quieran ponerle, porque las izquierdas siempre tienen muchos nombres, de ese espacio amplio, surgió la incipiente verdad y reparación que tenemos ahora –entendiendo por políticas de reparación, la memoria, la verdad, la justicia y la reparación integral–.

Claro que los uruguayos siempre pensamos que el vaso está medio vacío. Tenemos esa idiosincrasia. No creo que sea un defecto; por el contrario, es la agudeza de la ciudadanía que ve el vaso medio vacío porque efectivamente la historia ha demostrado que no existen los sistemas totalmente justos, plenos, ideales. En la historia, los vasos siempre han estado medio vacíos. Entonces, identificar qué es lo que hay dentro del vaso y lo que falta es una tarea muy inteligente de los uruguayos, que no tiene que desmoralizar, sino que, al contrario, tiene que ser vista como diagnóstico y punto de partida para nuevos pasos. Por ese lado va este artículo.

En el exilio, en 1978, formamos la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos. También se formó el Secretariado Internacional de Juristas por la Amnistía en Uruguay (SIJAU), asesorado por juristas como Theo van Boven y Louis Joinet. A su influjo, a medida que construíamos esa red de solidaridad con el pueblo uruguayo, fuimos también aprendiendo a revalorizar la democracia y los derechos humanos. Aprendimos que democracia y derechos humanos eran dos paradigmas por los que había que transitar si uno quería cambiar el mundo para mejor, que no eran herramientas, que eran un fin en sí mismos, que eran parte de nuestro objetivo de justicia social. Ese fue un gran aporte del sistema internacional de derechos humanos a las realidades latinoamericanas.

En segundo lugar, es necesario destacar que esa verdad, que conocemos actualmente, se construyó con mucha dificultad. En esa época armábamos las listas, siempre inconclusas, de compañeros presos y de los que estaban desaparecidos. Y a veces había que pasar los nombres de uno a otro lugar, según lo que hacían los militares con ellos. Darles seguimiento a las atrocidades impulsadas por las Fuerzas Armadas durante el terrorismo de Estado cuando definían que un compañero iba a “destino final”, forma elíptica con la que se referían a la desaparición, fue un trabajo muy arduo que se hizo entre muchos. Cuando aparecía alguien que había logrado zafar de las cárceles o de los pozos –así se llamaba a los centros clandestinos de detención–, le solicitábamos su testimonio, le preguntábamos si había visto a alguien conocido, y de esos testimonios se empezó a armar la historia de los hechos. Esas informaciones nos fueron dando una idea de lo que estaba pasando y se fue construyendo la noción del desaparecido tal como la conocemos hoy.

En Uruguay pasó algo parecido. Se dio ese caminar juntas para buscar acá y en Argentina, o donde fuera, porque hay que decirlo: “las viejas” viajaron a donde les dijeran que podía servir. Esos fueron los primeros pasos en la construcción de la verdad. Se trabajó mucho para el referéndum luego de que se votara la Ley de la Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado. Fue una gran batalla por el respeto a la vida y a la justicia; también se trabajó mucho por el plebiscito para anular la ley de caducidad, que quizá fue un error, porque los derechos no se plebiscitan. Paralelamente, los familiares y los ex presos políticos nunca dejamos de interponer denuncias tanto en Argentina como en Uruguay. Y mientras sucedía todo eso, en el Frente Amplio (FA) hubo grandes debates internos sobre cómo abordar el tema de los derechos humanos, cómo reparar a las víctimas, cómo lograr la memoria, la verdad y la justicia. Sobre qué era lo posible y qué era lo imposible.

Pero además de los debates, importan los hechos. Apenas el FA tuvo el gobierno departamental de Montevideo, empezó a implementar medidas reparatorias en diálogo con las organizaciones sociales: la construcción del Memorial de los Desaparecidos en el Cerro de Montevideo; el Museo de la Memoria y los cambios en el nomenclátor ciudadano, y la incorporación a la plantilla de empleados de algunos de los hijos de los desaparecidos, por ese entonces jóvenes a los que en su mayoría les faltaba el apoyo de la generación destinada a apuntalarlos en la vida. Fueron los gobiernos departamentales frenteamplistas los que empezaron a reparar lo que la dictadura nos había quitado y los gobiernos nacionales de derecha habían negado y ocultado.

Durante el gobierno nacional del FA se logró, y vale la pena enumerar: la Ley de Habeas Data (18.331), que habilita a cualquier uruguayo a solicitar la información que todo organismo del Estado tenga sobre sí; la ley de creación de la Institución Nacional de Derechos Humanos y Defensoría del Pueblo (18.446); la Ley Interpretativa de la Ley de Caducidad en 2011 (18.831), que devolvió al Estado la pretensión punitiva; la Ley de Reparación de las Víctimas del Terrorismo de Estado (18.596); la creación de la Secretaría de Derechos Humanos para el Pasado Reciente, que dio continuidad a las investigaciones contratando un equipo de historiadores y antropólogos; el ingreso a los cuarteles a buscar los restos de los desaparecidos; el acceso a una parte de los archivos de la represión; el decreto de 2011 que dejó sin efecto todas las decisiones de los gobiernos blanquicolorados que amparaban en la ley de caducidad a los criminales de lesa humanidad denunciados por las víctimas –de esta manera, y por resolución del Ejecutivo, se borró de un plumazo la caducidad–; la creación de la Fiscalía especializada en casos de Derechos Humanos; la ley que elimina la doctrina de seguridad nacional de las Fuerzas Armadas; y, por último, la Ley de Sitios de Memoria, aprobada recientemente, cuya implementación está en curso.

Después de luchar tanto para que hubiera justicia en nuestro país, nos encontramos con que habíamos subestimado los estamentos más reaccionarios de nuestra sociedad. Uno de sus máximos exponentes, la Suprema Corte de Justicia (SCJ), tal como anunciara su vocero, Jorge Ruibal Pino, estableció una muralla a los derechos humanos. Y las Fuerzas Armadas, lejos de romper con los lastres totalitarios de un pasado de terrorismo de Estado, optaron por la complicidad del silencio y el encubrimiento de los crímenes realizados durante la dictadura. Hasta el momento, no se han encontrado las formas de lidiar con estos obstáculos para lograr una profundización democrática mayor.

Así y todo, hubo condenas, que distan de ser suficientes. Solamente 20 militares fueron condenados y seis de ellos tienen prisión domiciliaria. En la actualidad, hay 156 causas en presumario, 94 fueron archivadas y 14 tienen ejecución de sentencia, según consta en la página del Observatorio Luz Ibarburu. Mientras, los abogados del Centro Militar interponen todo tipo de dilatorias y la SCJ se niega a reconocer como crímenes de lesa humanidad, y por tanto imprescriptibles, a la desaparición forzada, la tortura y la violación, haciendo oídos sordos a las normas de derecho internacional.

Los militares no han querido decir dónde están los desaparecidos, y la búsqueda del equipo de antropólogos ha tenido escasos hallazgos. El personal asignado a la Secretaría de Derechos Humanos para el Pasado Reciente no ha sido suficiente para analizar en su totalidad los archivos a su disposición. La Ley de Reparación Integral, que sacó a muchos de la indigencia, no está aún de acuerdo a lo que exige la INDDHH. Y la Ley de Sitios de Memoria, fraguada desde las organizaciones sociales, se demoró tanto en la Cámara de Diputados, que tuvo que ser votada cuando ya no se le podía asignar recursos.

Sí, el vaso no está lleno. Y, lo que es peor, hay posibilidades de grandes retrocesos. Por eso, es necesario distinguir a quienes nos han extendido una mano de quienes pusieron obstáculos y nos han expuesto a las maniobras de contrainformación de los militares, formados para jugar, año a año, con nuestras esperanzas. Esos sectores actúan hoy y procuran el apoyo ciudadano mediante diversas opciones político-partidarias. Y por más que hablen de la importancia de los valores democráticos y hagan promesas electorales en torno a la búsqueda de los desaparecidos, ya vimos en el pasado lo que son capaces de hacer. Por eso, en octubre, votaré por que se destinen más recursos para continuar la búsqueda de los desaparecidos y la investigación de los archivos de la represión. Por más justicia, por más educación en derechos humanos, muy en particular para los funcionarios públicos del Poder Judicial y las Fuerzas Armadas; y por más políticas de memoria que sirvan cómo antídoto contra los fundamentalismos y las prácticas autoritarias. Votaré por seguir construyendo un país más progresista.

Adriana Cabrera Esteve es hija de Ary Cabrera Prates, detenido desaparecido el 5 de abril de 1976.

Publicado en La Diaria el 24 de septiembre de 2019

INAUGURACIÓN DEL SITIO DE MEMORIA DE TOLEDO

El 30 de agosto fue inaugurado el Sitio de Memoria de Toledo. El mismo había sido declarado Sitios de Memoria por la Comisión Nacional Honoraria de Sitios de Memoria (CNHSM), en su sesión del 6 de marzo de 2019. El predio ubicado cerca del Batallón 14 de Paracaidistas de Toledo, Canelones, en el que fueron hallados los restos de Julio Castro (2011) y Ricardo Blanco Valiente (2012) en fosas clandestinas.

El mismo fue solicitado ante la CNHSM por parte del Colectivo de Memoria de Toledo integrado por vecinas y vecinos de esa localidad quienes tienen como objetivo promover valores de paz, democracia, justicia social, participación y derechos humanos. Este colectivo también se movilizó para el reconocimiento oficial del que luego fuera denominado “Camino a la Memoria” por parte de la Junta Departamental de Canelones el 21 de setiembre de 2018, próximo al Batallón 14.

Los acontecimientos ocurridos en ese lugar son representativos de las prácticas violentas enmarcadas en el terrorismo de estado que marcó a nuestro país en tiempos de dictadura. La CNHSM entiende necesario salvaguardar el predio, crear las condiciones para su conservación, investigación, mantenimiento y divulgación de lo ocurrido con el propósito de resignificar nuestro presente a partir del conocimiento de lo ocurrido en el pasado.

El predio fue declarado Monumento Histórico Nacional el 2 de diciembre de 2014 por parte del Ministerio de Educación  y Cultura, a solicitud de Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos y de la Secretaría para los Derechos Humanos.  Había sido entregado en comodato a la Intendencia Canaria por parte del Ministerio de Defensa Nacional en 2013.

Julio Castro, nacido en 1908 se graduó de maestro en 1927. Fue director de escuela, inspector de primaria, docente de Magisterio, activo impulsor de las Misiones Sociopedagógicas de 1945, fundador de la Federación Uruguaya de Magisterio, colaborador de UNESCO y periodista. Fue detenido el 1 de agosto de 1977 en la intersección de Rivera y Llambí. Estuvo desaparecido 34 años. Sus restos evidenciaron el trato violento al que fuera sometido. Alambres y ligaduras en las manos, fractura perimorten en costilla y evidencia del impacto de un proyectil en el cráneo.

Ricardo Blanco Valiente, nacido en 1938, fue funcionario de UTE en la ciudad de Mercedes y luego tuvo un almacén en el barrio de Sayago, Montevideo. Fue detenido en su domicilio de la calle Carlos Ferreira Odetto, el 15 de enero de 1979. Estuvo 34 años desaparecido. El análisis de sus restos reveló una fractura en fémur derecho, otra en una costilla derecha y una lesión por arma de fuego en fémur izquierdo.

Hallazgo en el Batallón 13

El 27 de agosto el Grupo de Investigación en Antropología Forense  ( GIAF) encontró los restos de, lo que suponemos, es un detenido desaparecido, en el ex Batallón de Infantería Blindado Nº 13 . Le sucederá una larga espera de la información sobre los estudios antropológicos y de ADN. Los Familiares de Desaparecidos estuvimos presentes.

NO A LA REFORMA, EL MIEDO NO ES LA FORMA

Lanzamiento de la campaña contra la reforma constitucional impulsada por algunos sectores del Partido Nacional y el movimiento Vivir sin Miedo que entre otras cosas propone allanamientos nocturnos y la creación de una guardia nacional integrada por militares.

A %d blogueros les gusta esto: