Poder Judicial: un debate necesario

Por Adriana Cabrera Esteve

Publicado en La República 26/10/13

Ya hace unas semanas, cuando nos visitara,  Pablo De Greiff, relator de la ONU, al presentar su informe ante la prensa afirmó que las últimas decisiones de la SCJ son una amenaza para la justicia. Al parecer habrían despertado alarma no sólo a nivel nacional sino a nivel internacional por lo que él sugirió capacitación continuada, reformas y mejoramiento del Poder Judicial. En el mismo sentido han apuntado las declaraciones de la Institución Nacional de DDHH.

Hay varios temas a pensar. La SCJ tiene demasiadas competencias concentradas. Tiene poder disciplinario respecto a los jueces, los abogados y los funcionarios, administra el presupuesto, decide la constitucionalidad de las leyes y además hace jurisdicción  o sea resuelve en casación los casos que llegan a esa instancia. Ese es un poder enorme. Sin duda debe conservar el poder jurisdiccional.  El problema es que la SCJ también resuelve a quién designa y a quién asciende, si crea un juzgado, si le da recursos. Y estas decisiones, las toma muchas veces como respuesta a los fallos con los que no está de acuerdo. Algo que seguramente intimida a muchos de los jueces, cuestiona su independencia y vulnera sus derechos. Por otra parte, para garantizar el nivel y calidad de los jueces sería deseable que entraran por concurso y ascendieran por concurso pero esto no es lo que sucede. ¿Por qué razón confiamos en su aptitud para resolver los destinos de los ciudadanos en los múltiples aspectos de nuestras vidas vinculados a la justicia? Una forma de encarar este problema podría ser la reforma de la Ley Orgánica de la Judicatura algo que se podría hacer con mayorías simples en el Parlamento, con las que ya contamos. Pero de lo que no cabe dudas es que debiera formar parte del programa del Frente Amplio a discutirse los próximos 23 y 24 de noviembre.

Hoy la SCJ decide por sí y ante sí los traslados de los magistrados. Existe un método para establecer su calificación. A cada uno lo califican sus organismos superiores. Sin embargo, los jueces no pueden saber cómo los califican ni por qué. Pueden conjeturar pero la transparencia brilla por su ausencia.

Los funcionarios judiciales también dependen de la SCJ. Existe una Dirección General de Asuntos Administrativos cuyos integrantes también son designados por la SCJ.

Sería bueno que la función administrativa dependiera de otro organismo. La INDDHH aconseja la creación de un Consejo Nacional de la Magistratura. Este podría ser incluso electivo. En algunos países hay un ministerio de justicia que administra el presupuesto del Poder Judicial sin embargo la propuesta que presentó la Unidad de DDHH, Participación y Compromiso y luego el Pilar de Transformación Democrática del Estado y la Sociedad a la Comisión de Programa del FA retomaba la inicialmente realizada por la INDDHH. A pesar del respaldo técnico de la iniciativa, esta desapareció del documento final de programa propuesto a la militancia frenteamplista para su discusión. No sabemos por qué. Lo que está claro es que independizar la administración de los recursos humanos y materiales debería ser una prioridad si queremos mejorar la calidad del servicio que brinda la institución y asegurar su transparencia.

El gran ausente de nuestro sistema judicial es el usuario. En nuestro país el usuario no es parte del proceso judicial como lo es en Argentina donde existe la figura del querellante. Si a esto agregamos que la mayoría de nuestros juicios no son orales y públicos sino a puertas cerradas y entre papeles, queda claro que al usuario/ciudadano sólo le queda enterarse del resultado de sus denuncias por la TV. Modernizar al Poder Judicial e incorporar la presencia de los usuarios como se ha hecho en otros ámbitos del Estado podría ser un avance en la democratización del país. Lejos de ser una herejía, en otros países, por ejemplo los anglosajones y entre ellos EEUU, los jurados están formados por grupos de ciudadanos. Esta es una forma de participación en la administración de la justicia que ni proponemos ni denostamos pero que rompe con la noción de que todo lo que sucede dentro de los juzgados para que sea independiente debe estar bajo la égida de la SCJ.

Otra “herejía” a deconstruir es la propuesta de crear un Tribunal Superior Constitucional que sea independiente de la SCJ, en varios países de América existe el Tribunal Constitucional. Esto es así, porque decidir la constitucionalidad o no de las leyes es una función distinta a la de decidir sobre las sentencias. Crearlo, igual que crear un Consejo Superior de la Magistratura supone reformar la Constitución. Sin embargo debatir qué tipo de Poder Judicial queremos sólo puede ser saludable para nuestra democracia y sin lugar a  dudas una asignatura pendiente.

Modelo para armar

Por Adriana Cabrera Esteve5

La propuesta de la Unidad de Derechos Humanos, Participación y Compromiso de la Comisión de Programa del FA ratifica la histórica obligación de nuestra fuerza política con la reparación integral de los crímenes de lesa humanidad cometidos por civiles y militares en el pasado reciente, entiéndase por tal: la memoria, la verdad y la justicia. Reafirma el carácter universal, interdependiente e indivisible de los derechos humanos abordando en forma integral nuestra responsabilidad para con ellos. Y plantea la reforma del Poder Judicial. Por el rol fundamental del sistema judicial en la protección de las libertades y los derechos de la ciudadanía esta propuesta resulta central a la hora de pensar no sólo los derechos humanos sino también la calidad del estado que queremos en términos democráticos y también funcionales.

 Varias razones hacen imperiosa esta reforma. Por un lado la situación en materia de seguridad pública. Permanentemente se piensa la falta de represión policial como factor unicausal de la inseguridad. Sin embargo, varios datos de la realidad demuestran que es un tema polémico  y plagado de contradicciones. Mientras la derecha reclama más represión o la baja de la edad de imputabilidad, la izquierda históricamente ha apostado a las políticas sociales. No por eso, el gobierno frenteamplista ha sido ingenuo. Nunca  como durante el gobierno frenteamplista se ha perseguido tanto a los grande narcotraficantes y a los delincuentes de guante blanco. Tampoco la fuerza política lo ha sido. Durante 2012, a instancias del Presidente Mujica, la Estrategia por la Vida y la Convivencia fue fruto de una discusión generalizada intentando remover patrones culturales de larga data como la violencia doméstica, responsable del 2,9% de las muertes violentas; o los suicidios, culpables del 43,4%, o los accidentes de tránsito que suponen, nada más ni nada menos, que el 36.7% de las muertes violentas en nuestro país.

 El cuello de botella

 En comparación con otros países latinoamericanos, Uruguay tiene una de las tasas de homicidios más bajas, 6.1 cada 100.000 habitantes, mientras que en otros países del continente como Venezuela encontramos tasas de 57 cada 100.000 o en Colombia, 20 cada 100.000. Sin embargo la percepción de la ciudadanía, crónica roja de por medio, no incorpora esos datos  y la sensación de inseguridad llega a amplios sectores de la población   presionando sobre los jerarcas del Ministerio del Interior. Tampoco incorpora que el homicidio es el delito con menor brecha de procesamiento. Es decir que la gran mayoría son encarcelados. El problema es que, sin importar la causa,  la gran mayoría de los presos no tienen sentencia. Sólo el 37% de los privados de libertad son penados. Este dato de la realidad, no sólo cuestiona la eficiencia del Poder Judicial, también deja en evidencia la desprotección del 63% de los encarcelados que podrían, eventualmente, ser considerados inocentes al finalizar el juicio. Mientras tanto, el tiempo de prisión no es inofensivo. El 59% de reincidentes contabilizados en 2012 nos dan la idea de que para muchos, la cárcel resulta ser una “escuela del crimen” en vez de un lugar de rehabilitación. Al mismo tiempo, mientras que hay 7.664 plazas en las cárceles, hay 9.413 presos. A 1.749 presos, también se les están violando sus derechos porque estar privado de libertad no quiere decir estar hacinado. La lentitud en los plazos judiciales es extensiva a la justicia no penal, por ejemplo a los juicios laborales.

Evitaría el hacinamiento, un Poder Judicial más eficaz que resolviera ágilmente las causas judiciales y que usara penas alternativas.

La impunidad

Otro ejemplo de ineficiencia judicial la encontramos en los juicios vinculados a crímenes cometidos durante el terrorismo de estado. El Observatorio Luz Ibarburu creado recientemente contabilizó 215 causas por violaciones a los derechos humanos. La gran mayoría presentadas entre 2011 y 2012 pero también un número importante datan de la salida a la dictadura. La información que brinda sobre las causas no es nada menor. Las principales son la tortura, el asesinato, la privación de libertad y la desaparición forzada. Todos delitos graves. Sin embargo, de todas ellas 169 (78%) se encuentran en etapa de presumario, 32% fueron archivadas, 15% están en etapa de sumario, y sólo un 1% ha tenido sentencia. Mientras tanto, el tiempo pasa y garantiza a los responsables de crímenes de lesa humanidad, su impunidad.

Mirándola de adentro

Paralelamente, la Asociación de Funcionarios Judiciales del Uruguay (AFJU) viene denunciando la ineficiencia e ineficacia en el funcionamiento de las oficinas del Poder Judicial y en la formación de los magistrados. Repetidamente ha manifestado su preocupación ante distintos ámbitos del gobierno. Reclaman la reforma de la Ley Orgánica de la Judicatura dando garantías en el ingreso, ascenso y calidad técnica de los magistrados. Como forma de lograrlo exigen sustituir la antigüedad por el concurso. También piden una política de descentralización en concordancia con otras áreas del Estado. En ese sentido proponen la reinstalación de la Justicia de Paz en los barrios en Montevideo y la creación de Tribunales de Apelaciones en las regiones alejadas del interior del país, muy en particular en el norte. Además, han expresado su preocupación por la superintendencia administrativa que ejerce la SCJ que aunque delega funciones en la Dirección Nacional y en las Divisiones, modifica sus decisiones, con un resultado de marchas y contramarchas que tienen como consecuencia la inercia de los mandos medios.

Todos los caminos conducen a Roma

 Cabe señalar que, recientemente, ante la decisión de la SCJ, sin fundamento, de trasladar a la Jueza Mariana Mota quien estaba a cargo de la mayoría de las causas por violaciones a los derechos humanos durante la dictadura, la Institución Nacional de DDHH (INDDHH) emitió un comunicado sobre la administración de justicia y los derechos humanos en el que aconsejaba actualizar al sistema judicial acorde a los instrumentos internacionales de manera de convertirse en un verdadero garante del estado de derecho. En ese sentido aconsejaba la creación de un Consejo Superior de la Magistratura, un Tribunal Superior Constitucional, la reforma del Ministerio Público y Fiscal y la sanción de un nuevo Código del Proceso Penal actualmente en trámite en el Parlamento.

La INDDHH tiene entre sus funciones la de “promover la adopción de las medidas que se consideren adecuadas para que el ordenamiento jurídico y las prácticas administrativas e institucionales se armonicen con los instrumentos internacionales” y es en base a esta potestad que realiza sus propuestas.

 La propuesta  

Asegurando la garantía de independencia al Poder Judicial en tanto poder del estado, parece imprescindible encarar una serie de cambios en el sentido de dotarlo de transparencia y a su vez de solvencia. En ese sentido la propuesta programática debería considerar la creación de un Consejo Superior de la Magistratura que asuma las funciones administrativas y asegure la carrera judicial incluyendo la convocatoria a los magistrados, su selección, capacitación, régimen de ascensos y traslados, régimen disciplinario y especialización técnica; y un Tribunal Constitucional que atienda los temas relacionados con la declaración de inconstitucionalidad de las leyes. Ambas medidas requieren reformas constitucionales. De esta forma se liberaría a la SCJ de la superposición de funciones, principal factor de ineficiencia, permitiéndole concentrarse en la tarea jurisdiccional. Además se propone la reforma de la Ley Orgánica de la Judicatura de forma de que se establezca un sistema transparente de ingresos, ascensos y movilidad de los jueces y demás funcionarios del Poder Judicial. Otra propuesta es la reforma del Ministerio Público y Fiscal con la idea de garantizar a los magistrados fiscales su carrera profesional, tanto en la convocatoria como en la selección, capacitación, especialización, régimen de ascensos y traslados y régimen disciplinario.

Por último, la formación en derechos humanos es una preocupación del programa de gobierno propuesto tanto para los funcionarios del sistema judicial como para otros actores de la sociedad para lo que se propone un Plan Nacional de Educación en Derechos Humanos.

Publicado en Cuadernos de Compañero Nro.13

La situación después de la Sentencia de la CIDDHH

Intervención de Adriana Cabrera Esteve a nombre de HIJOS URUGUAY con motivo de la Presentación de Cortos del 18 de abril de 2013, en el Centro Cultural de España (Versión resumida)

El campo de tensiones en lo que refiere a la búsqueda de una reparación integral de las víctimas del terrorismo de Estado se ha desplazado a diferentes escenarios según los momentos históricos. Pero los resultados en torno a la memoria, la verdad, la justicia y hasta la reparación económica han sido siempre magros, conseguidos con enormes dificultades algunos y siempre diferidos en el tiempo, algo que sin duda, beneficia a los victimarios.

1. Los familiares de los desaparecidos, hijos inclusive, jugamos un rol importante en la resistencia al terrorismo de Estado, impulsando las denuncias tanto en el exterior con la creación de Agrupación de Familiares de Uruguayos Desaparecidos (AFUDE) y del Secretariado Internacional de Juristas (SIJAU), como en el país con Luz Ibarburu, Martía Esther Gatti y Violeta Malugani a la cabeza. Además de las denuncias por desaparición también se denunciaban las torturas, la condiciones de detención y las prisiones prolongadas, algo que caracterizó el tipo de represión en nuestro país. Al mismo tiempo desde ese entonces había un reclamo de nunca más. Leyendo hace poco, declaraciones de Blanca Artigas en el 83, ella decía “Quisiera que nunca más las madres, las abuelas sufran lo que estamos sufriendo con estas desapariciones de nuestros hijos. Quiero que nunca más en la vida pase esto.” Esa sensación de que no le deseábamos a nadie lo que nos estaba sucediendo a nosotros, de que no queríamos ser como ellos, los victimarios, fue tomando fuerza y encontró sustento teórico en la interacción con juristas de primer nivel en ddhh que oían nuestras denuncias y nos abrían posibilidades de acción antidictatorial desde el mundo del derecho en un diálogo en que todos los protagonistas aprendíamos. Las normas internacionales de DDHH fueron así incorporadas a la lucha antidictatorial como grandes avances en la lucha de los pueblos, que contribuían al aislamiento de los regìmenes dictatoriales pero también enriquecían las propuestas alternativas desde el campo democrático…

En todo este período los polos en el campo de tensiones estaban muy claros, la ultraderecha actuando con todo el poder del Estado tomado por la fuerza de las armas y la sociedad, organizada social o políticamente reclamando derechos de primera generación: el derecho a la vida, fundamentalmente.

2. La salida de la dictadura significó un nuevo escenario. Se vivió con la esperanza de que por fin, se desarrollaran políticas reparatorias. Los familiares presentamos denuncias ante el Poder Judicial, asesorados por el grupo de abogados nucleados en IELSUR y a nivel parlamentario se formó la Comisión Parlamentaria Investigadora sobre la Desaparición de Personas a donde acudieron las víctimas y los testigos en busca de verdad y justicia. Las tensiones en esta etapa, fueron entre los civiles cómplices de la dictadura que ocupaban cargos de gobierno y los sectores progresistas empeñados en profundizar la democracia. Desde el inicio de esa etapa predominaron las opciones conservadoras. La impunidad de los crímenes del terrorismo de estado fue una de las construcciones de los partidos tradicionales que tuvo en la Ley de Caducidad uno de sus vértices pero que se extendió a múltiples componentes culturales de ocultamiento y desmemoria, que ampararon las raíces económicas, políticas e ideológicas del régimen dictatorial.

Si en la lucha por el No, la sociedad civil se había puesto a sus hombros la lucha por la democracia. La Ley de Caducidad la obligó a ser protagonista una vez más de la oposición a través del Referendum. El resultado de esta consulta popular generó un enorme retroceso en las luchas populares. El gran movimiento por los derechos humanos se sumió en la desmoralización y la perplejidad…

De la evaluación del fracaso del Referendum, se destaca como error, señalado especialmente por la comunidad de ddhh en Argentina, el de que los ddhh no se plebiscitan. Como factores positivos, fue importante la divulgación que de los crímenes de la dictadura se realizó, hasta entonces desconocidos por el grueso de la población, y la gran movilización de masas que se produjo en pos de ese objetivo. Sin embargo los años posteriores a la derrota del Referendum, fueron años oscuros que empezaron a revertirse recién con las marchas de los 20 de mayos, el reagrupamiento de los familiares de desaparecidos y la aparición en la escena internacional del Juez Garzón aplicando los últimos avances de la normativa internacional y abriendo camino a nuevos procesos de cambio. La búsqueda de respaldo jurìdico para la presentación de nuevas denuncias o la solicitud de reapertura de las mismas encontraron sustento, por ejemplo en el Pacto de San José de Costa Rica que definía el delito de desaparición forzada como un delito continuado y permanente ya en noviembre de 1969. Y en la imprescribilidad de los crímenes de lesa humanidad. Sin embargo todas esas causas tuvieron la misma suerte: el archivo amparado en la Ley de Caducidad. Tristemente célebre fue el fiscal Enrique Moller que aconsejó archivar todas las denuncias realizadas por los familiares…

Al mismo tiempo se fue creando una cultura de impunidad hegemònica en la población uruguaya que impedía hablar, proscribía términos como democracia, justicia, desaparecidos y también ponía bajo sospecha a los que osabamos pronunciarlas. La estigmatización de las víctimas tenía respaldo popular. Ganaba la idea de no volver al pasado y una suerte de reafirmación de la derrota en la consulta popular. “Ese tema ya se saldó” parecía ser el lema de la derecha con todos sus actores: partidos y prensa. La derrota más grande había tenido lugar en la cabeza de los uruguayos.

Otro caso emblemàtico fue la denuncia de la desaparición de Elena Quinteros no sólo por su heroicidad en el momento del secuestro, sino por sus consecuencias: la ruptura de relaciones entre Venezuela y Uruguay, la tenacidad y popularidad de Tota Quinteros y una voluminosa investigación realizada en el Ministerio de Relaciones Exteriores que nutrió la causa y que tuvo como consecuencia el procesamiento de Juan Carlos Blanco por el juez Eduardo Cavalli y la fiscal Mirtha Guianze, visto que los civiles no estaban amparados en la Ley de Caducidad. Esta causa fue la primera causa de derechos humanos que marginó a un juez, Alejandro Recarey por ser demasiado activo en la investigación y no detenerse a la hora de llamar a declarar a los responsables del secuetro, mientras suplía a el Juez Cavalli enfermo de cáncer. Cavalli fue obligado a levantarse de su lecho de enfermo para retomar el caso de Elena.

3. Un tercer escenario es el que se configura con el gobierno de Batlle, primer presidente en recibir a Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos. Al decir de Carlos Ramela, “el tema de los derechos humanos se nos venía encima” y como solución, el gobierno de Batlle se comprometió a investigar el destino de los desaparecidos mediante al Comisión para la Paz formada por Luis Perez Aguirre (Perico), Gonzalo Fernandez, Carlos Ramela, José Claudio Williman, Nicolás Cotugno y José D´Elía. La inicial promesa de investigar terminó consignada en el acta de intención de la comisión como “averiguar” y se fue debilitando progresivamente hasta funcionar con recursos mínimos en la Casa de Gobierno. A pesar de las expectativas ingenuas de lograr información por parte de los militares a los que se les ofreció el anonimato y la no inculpación, los resultados en la construcción de la verdad fueron demasiado magros, sin embargo por primera vez el Estado uruguayo reconoció la existencia del terrorismo de Estado en el pasado reciente.

4. Los gobiernos progresistas en la región suponen un nuevo escenario. Con la derogación y posterior declaración de nulidad de la Ley de Obediencia Debida y la Ley de Punto Final en Argentina, los familiares y los hijos, volvimos a presentar denuncias y a reactivar las ya existentes. Esas causas tuvieron como resultado los juicios que se están llevando a cabo en estos momentos: ¨Primer Cuerpo Ejército¨ que incluye la prisión clandestina Automotoras Orletti, ¨Plan Sistemático¨ que juzgó la desaparición de niños y la trata de vientres y la causa del ¨Plan Condor¨ actualmente en curso. Poco después, se presentaron en nuestro país, la Causa del ¨Segundo Vuelo¨ que incluye la desaparición de algunos de nuestros familiares y que luego fue acordonada con la causa por el secuestro de Adalberto Soba y de Bernarndo Arnone. Conjuntamente con las causas por los traslados del 77 y 78, ambas supusieron en 2009, la condena a 25 y 35 años de prisión de los mandos, el Goyo Alvarez, Juan Carlos Larcebeau, Nino Gavazzo, Jorge Silvera, Gilberto Vázquez, Ricardo Arab, Ernesto Ramas, Ricardo Medina, Luis Maurente y José Sande Lima. Resultaron prófugos Manuel Cordero, actualmente en Argentina y Jorge Troccolli. A estas siguió una oleada de denuncias y la lista de acusados no ha dejado de crecer.

A pesar de las mentiras de los militares por primera vez la sociedad civil entró a los cuarteles y comenzó la búsqueda de restos, impulsados desde Presidencia. Al mismo tiempo, un grupo de historiadores fue contratado para investigar en los archivos de la represión aunque los resultados de la investigación –publicado en cinco tomos por presidencia y luego por la UDELAR– tuvo como fuente primaria más importante los testimonios de las víctimas y un acceso muy recortado a los archivos además de la inaccesibilidad a los archivos de la DI.NAC.I.E.

La iniciativa de anular la Ley de Caducidad fue precedida de una dura polémica dentro de las organizaciones de derechos humanos y del Frente Amplio, que se fueron saldando a lo largo de la campaña y sobre todo en su última etapa. La apelación a la movilización popular fue generando una acumulación politica y cultural .

Tanto la recolección de firmas como la consecución de adhesiones al voto rosado fueron dificultosos y demandaron un gran esfuerzo militante. Uno de sus puntos débiles fue la coexistencia con las elecciones nacionales que condicionó el apoyo de los partidos políticos.

A pesar de los errores el resultado del plebiscito de un 48% de los votos dejó la bandera del plebiscito en una situación diferente a la derrota del voto verde ya que al no existir votos en contra, las posiciones contrarias a la anulación de la Ley de Caducidad se sumaban a los que no se pronunciaban.La participación masiva de jóvenes en las últimas etapas de la movilización fue un hecho relevante. Sin minimizar los efectos políticos de la derrota recibida, ni sus causas tanto las puntuales como las más profundas.

5. Un nuevo campo de tensiones se crea a partir de la Sentencia de la CIDDHH sobre el caso Gelman, por un lado entre el derecho interno y las normas internacionales. Contradicción que fue allanada por la Ley 18.831, el decreto presidencial que dejaba sin efecto las decisiones administrativas de gobiernos anteriores que amparaban las causas en la Ley de Caducidad y el reconocimiento por parte del Estado de los crímenes cometidos según lo exigía la Sentencia de la CIDDHH. Cabe destatar como esfuerzo de la sociedad civil, la creación del Observatorio, el cual integramos, y que tiene como objetivo el acompañamiento de las causas judiciales logrando reestablecer la coordinación de las organizaciones de derechos humanos.

Entre los hechos positivos del último período vemos la promulgación de la ley que establece el derecho al acceso a la información pública, vieja reivindicación de las organizaciones de derechos humanos vinculadas a la búsqueda de la verdad y a la veracidad de la información; la búsqueda de los restos y la creación de la Institución Nacional de Derechos Humanos.

6. El Poder Judicial es, por fin, el último campo de tensiones a abordar. Por un lado ha tenido un rol contradictorio. La SCJ declaró inconstitucional la Ley de Caducidad en plena campaña por el voto rosado en 2009. Simultáneamente fueron surgiendo jueces y fiscales que tomaron las causas de las víctimas del terrorismo de Estado con energía y convicción al tiempo que se fueron formando en las normas internacionales de derechos humanos y como en el caso de la Jueza Mariana Mota, utilizando los recursos más avanzados. Las resoluciones de la SCJ por mayoría, estableciendo la inconstitucionalidad de los articulos 2 y 3 de la ley 18.831 relativas a la no prescripción de los delitos y a su condición de crímenes de lesa humanidad son un golpe duro a los avances en materia de verdad y justicia. Al mismo tiempo el traslado de la jueza Mariana Motta a un juzgado civil conforma una amenaza directa a jueces y fiscales actuantes en causas de DDHH. Por otro lado las contradicciones dentro del Poder Judicial siguen apareciendo. Las últimas declaraciones del Tribunal de Apelaciones contrarias a la sentencia de la SCJ, la recusación de las sentencias de cuatro miembros de la SCJ a partir de las declaraciones de Ruibal Pino, constitutivas de prejuzgamiento, por cuatro fiscales así lo demuestran. Por un lado se avanzó en el sentido de que la Ley de Caducidad ya no tiene efecto en la actualidad, por otro lado se crea la imposibilidad de juzgar negando el caracter de delitos de lesa humanidad que hace imprescriptibles a los crímenes de la dictadura al tiempo que desconoce el principio de que al impedido no le corre término, por lo que deja a todos aquellos que durante años fueron impedidos de contar y denunciar sus dramas personales sin acceso a la justicia, derecho establecido en nuestra Constitución.

Creemos, y lo dijimos en la Asamblea de la INDDHH, que la posición del Consejo de dicha institución luego del traslado de la jueza Mariana Mota afirmando la necesidad de democratizar el Poder Judicial define la estrategia de la próxima étapa. En ese sentido nos pronunciamos en su momento.

Para lograrlo creemos necesario articular con las diferentes organizaciones sociales y políticas.

En resumen, cuando decimos NUNCA MÁS, QUÉ? Nos referimos a lo que falta por saber. No hemos olvidado nuestros reclamos históricos de verdad y justicia. Sí, nos sucede que el tiempo trancurrido, los vaivenes de un sistema adormecido en la impunidad, nos traen a la cabeza, una y otra vez, la voz de León Felipe. Como Hijos podemos decir:

Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto:
Que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan
con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre…
ha inventado todos los cuentos.
Yo no sé muchas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos…
y sé todos los cuentos.

Somos conscientes de que quienes aquí están comparten nuestra indignación y hartazgo por eso saludamos la iniciativa esperando que foros como estos, nos devuelvan al camino de democratización que habíamos comenzado y que hoy desde la SCJ se obstruye. Con él nos comprometemos.

Todos iguales ante la Ley

 Marcha de la diversidad 2012 224

Por Adriana Cabrera Esteve

El matrimonio igualitario o entre personas del mismo sexo fue uno de los últimos temas de debate en el 2012 al votarse el proyecto que lo reconocería como legal en la Cámara de Diputados. Postergado a solicitud de los Partidos Blanco y Colorado promete convertirse en uno de los primeros temas del 2013 visto el compromiso de ser tratado por la Cámara de Senadores a comienzos de este año. Se trata de una temática relativamente reciente: los Países Bajos fueron los primeros en reconocerlo en 2001 aunque en la antigüedad parece haber sido una unión natural entre chinos, griegos y romanos. A Holanda le siguieron Bélgica, España, Canadá, Sudáfrica, Noruega, Suecia, Portugal, Islandia, Argentina y Dinamarca. De votarse, Uruguay se convertiría en uno de los países vanguardia en materia de derechos sexuales.

Michelle Suarez comenzó a militar en Ovejas Negras en el 2010. Abogada de profesión, encontró que existía un vacío legal en el derecho nacional en lo referente al matrimonio igualitario. Entiende la Ley como un instrumento social por eso considera que es desde la sociedad de donde pueden surgir las normas y las iniciativas que vengan a solucionar sus problemas. Coincide con esta opinión el Diputado Luis Puig, quien preside la Comisión de Equidad y Género de la Cámara de Diputados y considera que “la aprobación de las leyes es consecuencia de la coyuntura histórica y la movilización social que las impulsa”.

La aprobación en la Cámara de Diputados del proyecto sobre matrimonio igualitario estuvo precedida de un prolongado esfuerzo de colectivos sociales como Ovejas Negras que viene trabajando desde hace años contra la discriminación y por la igualdad de derechos”, afirma Puig.

Desde abajo

ENTREVISTAS edMichelle nos cuenta cómo surgió la iniciativa. Según ella, en Uruguay se ha recorrido el camino inverso a otros países, primero se acordó el derecho a la identidad, luego el de adopción y no se había abordado aún el derecho al matrimonio igualitario. En otros países el recorrido había sido a la inversa. Por eso Michelle decidió escribir un texto y pidió la evaluación técnica de sus colegas de la Facultad de Derecho. Con humildad pensó que le lloverían críticas pero en su lugar fue muy bien recibido e incluso le llegaron propuestas de agregados al proyecto de ley. “El derecho y la ley no van por carriles separados”, nos dice, “hay que empezar a democratizarlo”.

El Colectivo Ovejas Negras, encontró inicialmente la reacción del “no se puede”. Sin embargo luego se tomaron decisiones sustantivas de respaldo al proyecto y el 28 de junio de 2011 se lanzó la campaña por el matrimonio igualitario logrando instalarlo en el debate público. El Colectivo se entrevistó con todos los grupos que trabajan en el interior del país por la diversidad sexual y con todos los legisladores que desearon recibirlos. La mayor receptividad la encontraron en la bancada del FA que con una docena de firmas lo ingresó a la Comisión de Constitución y Código.

Por su parte el Diputado Luis Puig es optimista con respecto a los resultados legislativos. “Uruguay va en camino de sumarse a un pequeño grupo de países en el mundo que ya cuentan en su legislación el matrimonio entre personas del mismo sexo. El proceso de discusión al que asistimos en la región con la sanción en Argentina de la Ley de Matrimonio Igualitario nos muestra hasta qué punto la iglesia católica y demás referentes conservadores de la sociedad están dispuestos a obstaculizar este avance en materia de derechos humanos. Estos mismos componentes están planteados en nuestro país”, afirma.

Los argumentos en contra

Entre los escollos que encontraron las organizaciones sociales durante la discusión parlamentaria estuvo el del origen etimológico. La palabra matrimonio viene de mater y está asociada a la maternidad. “Este argumento tiene que ver con una idea platónica”, discute Michelle, “de que las palabras son inmutables a través del tiempo. Lo cual parece tener poco asidero porque el derecho en sí es un instrumento de convivencia social que debe adaptarse a la sociedad en el momento de evolución que la misma está teniendo. No debe haber un divorcio entre el deber ser y el ser. Si la institución matrimonio no hubiera tenido cambios a lo largo de la historia, teniendo en cuenta que nuestro derecho es de fines del Siglo XIX, las mujeres casadas serían todas incapaces y estarían sometidas a la potestad marital. No existiría el divorcio y los hijos fuera del matrimonio seguirían siendo castigados por la inmoralidad de sus padres y se les consagrarían menos derechos que a los hijos legítimos. O sea que del instituto original nos queda nada más que el nombre ya que sus características más importantes fueron desapareciendo”. Lo mismo sucede con la institución familia, agrega, que proviene del derecho romano.

El otro argumento en contra de la Ley de Matrimonio Igualitario fue la existencia de la Ley de Unión Concubinaria. Para la abogada este “es un error técnico bastante grande. Cuando existen dos institutos que consagran lo mismo y ambos están vigentes uno de los dos debe dejar de existir por el principio de no contradicción y el instituto más nuevo derogaría en forma tácita al matrimonio, cosa que no se pretende. Son institutos concebidos esencialmente diferentes. Uno es un acto solemne con mínimas formalidades y el otro es un hecho social al cual la ley le da relevancia jurídica. Cuando uno se va a casar no se le pregunta si hace cinco años que está con su pareja, no se le pregunta si esa relación es estable, singular, exclusiva, pública y de índole sexual. Nunca se tiene que probar ante un juez con testigos si esas dos personas tienen relaciones sexuales”. La unión concubinaria, agrega, supone “meses de juicio público al que se llevan testigos y pruebas y si el juez no se siente lo suficientemente ilustrado puede denegar la unión. Fue consagrada para dar amparo a quienes no eligen el matrimonio por su filosofía de vida. Fue para tratar de satisfacer necesidades de parejas heterosexuales. Lentamente y de atrás se introdujeron las parejas del mismo sexo tratando de encontrar algún amparo ya que no tienen la posibilidad de elegir” entre ambas instituciones.

La última postura discordante fundamentaba “que no era un tema prioritario y eso es como no entender que los derechos humanos son complementarios e indivisibles”. “Las sociedades son como un árbol, no nos podemos distraer en épocas de bonanza con el tronco o la copa frondosa y dejar de lado sus raíces. Las raíces son las instituciones y las leyes. Si las instituciones y las leyes son injustas, son malas, no respaldan un sentimiento de justicia y esta se le niega a una parte importante de la población, ese árbol tiene mal las raíces y ante el primer empujón se cae. Nosotros ya tenemos la experiencia de una etapa triste con un Estado de Derecho que fue inoperante para responder a la realidad social a través de sus instituciones”.

Las raíces del patriarcado

En cuanto al debate en torno a la adopción que rodeó la aprobación del proyecto en diputados, la abogada aclara que “la adopción está saldada por una norma anterior”, el proyecto de matrimonio igualitario no está atado a la adopción como sucedió en otros países. “Sí, hubo un debate sobre los nombres y tiene que ver con el ámbito filiatorio desde el momento que si dos mujeres deciden tener un hijo no podemos seguir hablando de la jerarquía del apellido del padre sobre el de la madre si hay dos mamás o dos papás, entonces se da la opción de que esa pareja elija el orden de los apellidos que quiera. Por lo tanto se debe dar la opción de que el orden de los apellidos no esté jerarquizado tampoco si es un señor y una señora”. Esto se incorporó en este proyecto de ley y cuando lo propusieron “fue como tocar las raíces del patriarcado”, nos dice Michelle Suarez.

El Diputado Puig también nos habla de las dificultades que se presentaron en el tratamiento parlamentario. “En el marco de la discusión realizada en la Cámara de Representantes, representantes de partidos tradicionales pretendieron cambiar los ejes de discusión sosteniendo que el proyecto alternativo de unión civil por ellos presentado, contenía los mismos derechos sucesorios y patrimoniales que el de matrimonio igualitario presentado por el Frente Amplio. Lo que no lograron o quisieron entender aún es que este debate no trata de derechos patrimoniales o sucesorios sino que este es un debate de derechos humanos en toda su dimensión”, sostiene.

De ida y vuelta

Para Michelle Suarez “La buena salud del Estado de derecho tiene que ver con la confianza que la ciudadanía tenga en él” y para que esto se cumpla todos los derechos humanos deben ser respetados por igual. En la misma línea razona el parlamentario. “Falta aún la aprobación del proyecto por parte del Senado. Hacerlo sin más demoras ni modificaciones es un compromiso asumido por el Frente Amplio. Sin embargo, la aprobación parlamentaria del proyecto y su promulgación por parte del Poder Ejecutivo no culmina este proceso”, opina. “Por el contrario, el verdadero debate en la sociedad recién comienza. La aprobación de la Ley es una condición necesaria pero insuficiente. Acortar la distancia entre la letra de la ley y la vida cotidiana es mucho más complejo y dificultoso que un mero trámite parlamentario. Los cambios en la construcción cultural de una sociedad no se realizan en un solo acto. Lograr la igualdad de derechos entre los hombres y las mujeres que la componen implica enfrentar la hipocresía de una sociedad pacata y machista. Incorporar el tema de la diversidad sexual como un tema central a la agenda de preocupaciones de, por ejemplo, quienes son la columna vertebral de la lucha por los derechos humanos, los trabajadores organizados, no será tarea sencilla”, afirma. Su experiencia personal, es que “tardó muchos años (tal vez demasiados) en comprender e incorporar este tema como parte integral de los derechos humanos”, confiesa. Reafirmando esta postura nos cuenta que al otro día de ser aprobado el proyecto de ley en diputados “arreciaban las bromas en las fabricas y lugares de trabajo”. Considera un desafío cultural de primer orden “que la clase trabajadora incorpore la lucha contra la discriminación en sus diferentes manifestaciones”. El camino a seguir según Puig es profundizar el intercambio y la coordinación entre las distintas formas de organización popular.

Publicado en Cuadernos de Compañero Nr.11