Tu mente grita: ¡Mujer, mostrate!


Soledad Salvador de CIEDUR

Ya es de conocimiento público que el desempleo femenino es superior al masculino a pesar de que las mujeres uruguayas tenemos mayor nivel educativo que los hombres. Como esta última información no viene acompañada de un estudio de IQ por género sólo podemos decir que es probable que nuestro mayor nivel educacional se deba a que los hombres ingresan primero al mercado de trabajo algo que también es una condicionante de género. Además, tenemos la distinción de ganar menos por los mismos trabajos con igual carga horaria y la virtud de, en promedio y teniendo en cuenta el trabajo no remunerado, trabajar diez horas semanales más que los hombres. Y hay más.

Periódicamente las estadísticas nos dan una fotografía de nuestra sociedad y ésta se repite en forma más o menos parecida aunque con algunas tendencias a través del tiempo. Las cifras nos golpean la cara y como dice mi vecina: “el que no lo ve es porque no quiere”.

La última investigación fue presentada a finales del año pasado por el Área de Desarrollo y Género del Centro Interdisciplinario de Estudios sobre el Desarrollo – Uruguay (CIEDUR) a solicitud del Departamento de Género y Equidad del PIT-CNT y contó con el apoyo de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Consistió en lo que llamaron Mapa de Género: El Mercado de trabajo uruguayo. El mismo está disponible en su página web.

Su objetivo fue facilitar la tarea de elaboración de diagnósticos en materia de empleo, desempleo, ingresos, calidad del empleo y cobertura de la seguridad social. Los logros y déficit en la incidencia política de la mujer en organismos tripartitos y sindicales es otro de los capítulos así como la introducción de estrategias de género tanto en la legislación como en las negociaciones colectivas. La idea fue llegar a una visión del mercado de trabajo, con carácter científico y que sirviera para generar nuevas y más eficientes políticas públicas tendientes a la equidad.

Entre los indicadores podemos ver la tasa de actividad, el porcentaje de quienes trabajan o buscan trabajo entre los que están en edad de trabajar, para el país urbano, es decir localidades de más de 5000 habitantes. En 1986 era de un 74% para hombres y un 41% para mujeres. En el 2009 es de un 73% para hombres y un 55% para mujeres. En cuanto a la tasa de empleo que es sólo el porcentaje de los que trabajan de entre los que están en edad de hacerlo, también para el país urbano, era en 1986, de un 68% para hombres y de un 36% para las mujeres. En 2009 el empleo subió a un 69% para los hombres y a un 49% para las mujeres. Sólo por aclarar para los que no lidiamos con estos temas habitualmente, la diferencia es que la primera incluye a los desocupados en el numerador y la segunda no.

Cuando se trata de desempleo las diferencias se invierten. O sea que son más las mujeres desocupadas que los hombres. La tasa de desempleo en 1986 era para hombres de un 8% y para mujeres de un 13%, mientras que en 2009, la tasa de desempleo era de un 6% para los hombres y un 10% para las mujeres. El Instituto de Estadística dio a conocer recientemente, la tasa de desempleo correspondiente a 2010. La situación mantiene su tendencia a mejorar, fue de 9.1% en el caso de las mujeres y de 5% en el caso de los hombres, pero lo que se mantiene es la diferencia de género y desmiente en forma contundente la idea de que la discriminación es sólo una sensación térmica o una crisis causada por el síndrome premenstrual de la cónyuge.

La brecha de género o lo que le falta a uno/as para ser como los otra/os, cuando se trata de empleo ha disminuido. En 1986 era casi de un 50% y en 2009 era de un 30%. O sea que cada vez nos tratan más parecido a como los tratan a ellos. Pero nada de emocionarse, cuando se trata del subempleo, que se calcula como el porcentaje de subempleados en el total de empleados, aunque ha disminuido, afecta más a las mujeres que a los hombres. En 2007, había un 11% de mujeres subempleadas contra un 8% de hombres.

Soledad Salvador, una de las economistas que realizó la investigación por el CIEDUR, nos comenta que el desempleo femenino aparece como uno de los problemas más difíciles y no se ha encontrado una forma para resolverlo. “Ahí hay muchas cosas atrás”, nos dice, “por un lado hay un entorno más favorable. Estás generando más empleo para mujeres pero también hay más mujeres que buscan empleo. Las oportunidades mejoran y no terminás de matar el desempleo no porque no haya más empleo sino porque hay más oferta de trabajo. Comparando con la región, la tasa de empleo ha mejorado bastante para ambos sexos. El gobierno progresista ha generado más información. Por ejemplo sobre lo que sucede en las localidades chicas en las que la realidad es muy distinta. La división sexual del trabajo es diferente, es más tradicional que la mujer se quede en la casa y aunque realizan tareas en el agro la mujer tiende a no identificarse como activa. Otro dato interesante que observamos es que si separas por quintiles de ingreso, a la mujer del Interior con mejores ingresos le corresponde la tasa de actividad más alta y en Montevideo la tasa de actividad es la misma tanto en el quintil más alto de ingresos como en el más bajo. Que el subempleo sea  mayor en las mujeres que en los hombres quiere decir que ellas quieren trabajar más y muchas veces no lo hacen porque las condiciones que les ofrecen no las pueden aceptar, por ejemplo horarios en los que no tienen quién cuide de sus hijos. En la salud o en la policía, las mujeres que tienen horarios rotativos no pueden resolver el cuidado de sus hijos. No existen guarderías de horario rotativo. Por otra parte, la tasa de empleo por ramas expresa una segregación ocupacional. Habría que hacer políticas dirigidas a los sectores productivos. En la industria hay menos mujeres que en los servicios pero dentro de las industrias también hay segregación. Hay ramas que emplean más mujeres como la pesca o dentro de cada industria también, las mujeres se concentran en algunos sectores como la administración, por ejemplo. En eso hay que hacer más trabajo de tipo cultural. No basta con políticas de empleo”.

Existe en el MTSS una Comisión Tripartita de Igualdad de Oportunidades y Trato en el Empleo que comenzó a trabajar a mediados de los ´90. Cuando asumió el gobierno frenteamplista la rejerarquizó. Está integrada por el Estado a través de InMujer y la DINAE, el Departamento de Género del PIT-CNT y las cámaras empresariales. Según Salvador, en este tema las resistencias las ha puesto siempre el sector empresarial.

Un aspecto importante de la división del trabajo es cuando se analiza el trabajo no remunerado. Entiéndase por tal el cuidado de la casa, los mandados, la educación de los hijos, la asistencia a los ancianos. Si observamos la población en total, las conductas cambian según la edad. Hasta los veinte años, el varón realiza más horas de trabajos no remunerados por semana que la mujer. Podría entenderse que mientras vive en la casa materna colabora con los mandados, corta el césped y realiza los arreglos del hogar. Léase que como el padre está trabajando, la madre le pide al hijo que le dé una mano con las tareas típicas del hombre. Podemos deducir también que las jóvenes por su parte se ven desplazadas por la mayor eficiencia en el trabajo doméstico de las madres. Sin embargo, para las franjas etarias de más de 20 años, cuando hombres y mujeres se independizan, es la mujer la que realiza más horas de trabajo no remunerado. O sea que el hombre responde al patrón de conducta de su progenitor. La misma diferencia se mantiene sin importar si ambos trabajan fuera de la casa. Las horas dedicadas al trabajo no remunerado ascienden bruscamente para las mujeres mayores de los 50 años. Sobre las que descansa por lo general el cuidado de los nietos y a la que se suma el cuidado de sus propios padres o suegros.

En lo que refiere a la rama de actividad, se mantienen las clásicas diferencias. En el servicio doméstico, los servicios sociales, la salud y la enseñanza, la participación de las mujeres es de un 92%, 76% y 76% respectivamente. Disminuye en las otras ramas de actividad llegando a un 3% en la construcción. Por algo nosotras jugábamos con muñecas y ellos con autitos.

En cuanto a la brecha de remuneraciones por hora según sexo, teniendo en cuenta sólo el país urbano, si bien las diferencias tienden a disminuir, especialmente para los trabajadores públicos, la diferencia en las remuneraciones se mantiene en los privados, aumenta con el nivel educacional y puede llegar a diferencias de un 30% entre los universitarios y también en los cargos jerárquicos. Deberíamos agregar: entre las que logran llegar a esos cargos, porque entre ellos decrece la presencia femenina.

Salvador opina que “de las políticas focalizadas de empleo femenino es importante la formación. La mujer accede al mercado de trabajo porque es más barata o porque la consideran una menor amenaza de sindicalización especialmente cuando son jefas de hogar pero después no tiene posibilidades de ascenso. Otro elemento es mejorar el sistema de cuidados ampliando los servicios tanto en cobertura como en horarios. A nivel del gobierno comenzó a funcionar el Grupo de Trabajo sobre Sistema de Cuidados a nivel del MIDES donde participa el MTSS, el MSP, BPS y el MEC. Se proponen trabajar por grupo de población: infantil, adultos mayores y personas con discapacidad”. El objetivo del Gabinete Social es tener un plan para setiembre de 2011 con el objetivo de que se discuta en el parlamento junto con la Rendición de Cuentas. También se incorporó al Presupuesto Nacional el aumento de los Centro CAIF y las escuelas de tiempo completo y se siguen realizando estudios para dimensionar el sistema de cuidados.

El Mapa de Género brinda mucha más información. Registra convenio por convenio, aquellos que incorporan días libres para exámenes mamarios y Papanicolaou, licencia por paternidad o maternidad, días o medio horario por lactancia, etc.

¿Cómo se expresa la participación femenina a la hora de defender nuestro derecho al trabajo, a la remuneración justa y a la carrera administrativa por concurso, por ejemplo?

Con el gobierno frenteamplista las negociaciones colectivas son tripartitas. Estado, trabajadores y empresas deciden quiénes van a ser sus representantes y el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS) designa los delegados de entre la lista enviada por cada sector. ¿Cómo es la presencia femenina en estas instancias? Hay 24 grupos y el documento ofrece información sobre cada uno. Así que nos limitaremos a decir que en 23 de los grupos la presencia femenina oscila entre 0 % y 40%, salvo en el Grupo 21 en el que la participación es de un 100%. En todos se han tratado de incorporar cláusulas de género a los convenios.

En cuanto a la participación de mujeres en los órganos de dirección del PIT-CNT, encontramos que en el Congreso, el 31 % de los delegados son mujeres; en la Mesa Representativa, el 11% son mujeres y en el Secretariado Ejecutivo, el 12.5% son mujeres. Pero nada de entusiasmarse en esto tampoco porque se trata de una sola compañera, la delegada por la Federación de Funcionarios de Salud Pública (FFSP).

En cuanto a los Delegados del PIT‐CNT a los diferentes organismos con integración tripartida:  la Comisión Tripartita para la igualdad de Trabajo y Oportunidades en el Empleo; el Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional (INEFOP); el Directorio del Banco de Previsión Social; la Junta Nacional de Salud; el Directorio de la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE), hay sólo dos mujeres integradas, por razones obvias, a la Comisión Tripartita para la Igualdad de Trabajo y Oportunidades en el Empleo.

Alma Fernández es integrante del Departamento de Género y Equidad del PIT-CNT. Nos cuenta que “por resolución de Congreso”, tienen “establecido que la representación femenina debe ser de un mínimo de 30% y un máximo de 70% en los órganos de dirección. Pero no se ha cumplido. Se supone que los organismos del PIT-CNT tendrían que tener no menos de un 30% de representación de mujeres. El tema es que como somos una Confederación no una Central, el PIT-CNT puede sugerir pero los sindicatos pueden aceptarlo o no. En el Secretariado, tenemos una integrante titular, una compañera del Sindicato de la Aguja de suplente y las integrantes del Departamento de Género y Equidad que tenemos voz pero no voto. Hay gremios como el Sindicato de la Aguja o la Federación Uruguaya de la Salud donde trabajan muchas mujeres y en las representaciones estamos casi en un 50 y 50%, pero en los otros no. Este problema de participación femenina se da también a nivel político. En lo Institucional, integramos la Comisión Tripartita de Igualdad de Oportunidades y Trato en el Empleo que tiene cerca de 12 años. Es, del MERCOSUR, la que ha producido más. Se sacó la Ley de las Trabajadoras Domésticas, única en el mundo; se sacó la Ley de Acoso Sexual y el Plan Nacional de Igualdad en el Empleo que luego fue recogido por el Instituto de la Mujer. Ha sido una tripartita muy fructífera. Pero el desempleo es mayor en la mujer y si hacemos otro corte por edad y por etnia, tenemos que la mujer joven y negra es más discriminada. Entre los problemas de empleo el que tiene cara de mujer es el de la informalidad. Hay que hacer planes para eso y políticas públicas para las mujeres jóvenes. Para la mujer trabajadora joven el principal problema es el cuidado de los niños. Existen los CAIF pero con horario hasta las cuatro de la tarde. Si la trabajadora no tiene un buen salario muchas veces cambia la plata entre la guardería, el transporte y la comida fuera de casa. La uruguaya es una sociedad machista y que discrimina, tanto que el Uruguay está por debajo de las recomendaciones de la OIT en materia de licencia maternal. Debemos tener legislaciones modernas y un sistema de cuidados que entre otras cosas aporte soluciones a la baja natalidad.”

Algunas cosas se cambian con legislación otras implican cambiar patrones de conducta. ¿Cómo hacer para revalorizar el espacio doméstico, tanto los hombres como las mujeres? ¿Cómo concebirlo como un territorio de disfrute para construir en conjunto, lejos de la sensación de cautiverio y postergación? ¿Y cómo hacer para que los espacios sociales y políticos tengan también la impronta de la equidad y por tanto de la democracia? Ese es el desafío de todos.

(Para participar en el Departamento de Equidad las trabajadoras sólo necesitan el aval de su sindicato e ir a las reuniones en el PIT-CNT los viernes a las hs.15)

Publicado en Cuadernos de Compañero Nro.3

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