Feria del Libro en Durazno

Invitados por el Ministerio de Educación y Cultura (MEC), participamos en una mesa redonda, organizada para la Feria del Libro en Durazno. Compartimos la mesa con Virginia Luca, del MEC, los escritores Lía Schenck, presentando sus Historias de Pueblo Chico y Sergio López Suárez y el ilustrador Alfredo Soderguit presentando Leer, mirar…¡adivinar! La Feria, una movida cultural en pleno centro de la ciudad, el Museo Casa de Rivera, es el resultado del esfuerzo de la Cámara del Libro y  las bibliotecarias de la Biblioteca Municipal. Contó con la participación de escolares durante todo el día que escuchaban charlas de escritores y compraban libros. Al final de la tarde grupos de jóvenes y adultos examinaban los stands y asistían a algunos espectáculos artísticos. También aprovechamos a visitar la ciudad y, acompañados por el fotógrafo Juan Fernández,  el Foto Club de Durazno, fundado en 1987. En su Rincón Histórico nos encontramos con una buena colección de cámaras fotográficas antiguas.

Presento acá, parte de lo expuesto en relación a Crimen en el Puente Mauá, que es lo que me tocaba hacer a mí. Lo llevaba pronto para ser leído, pero preferí no leer, así que salió lo que salió:

…Creo que en ésta novela, de género policial para jóvenes, están presentes estas inquietudes que acaba de mencionar Alfredo, la de hacer preguntas y generar el autointerrogarse sobre diferentes temas. El personaje, un niño de 13 años se ve enfrentado a un mundo de secretos que tendrá que develar. El narrador, Mateo, tiene que empezar a tirar del hilo que le permita desenredar la madeja hasta llegar a la verdad y para eso no tiene más remedio que recurrir a las verdades parciales que le brindan las generaciones anteriores, sus padres y su abuela. Al mismo tiempo, esta última se presenta a través de sus sueños y es allí que le da pistas sobre lo que sucedió treinta años antes: el crimen en el Puente Mauá.

He tratado de deconstruir también allí el ritual ante la muerte, costumbres tan anquilosadas que ya no cuestionamos, a veces porque ni siquiera queremos pensar en la muerte, aunque sea además del nacer, las dos cosas más ciertas que tenemos.

Junto a eso, los sentimientos propios del duelo ante la pérdida de un ser querido. En ese sentido, la novela tuvo dos nacimientos. Uno, como ya he dicho antes, porque me la pidió una niña de Melo en un taller que realizamos en Cerro Largo. Otro en el 2006, cuando increíblemente, fallecieron seis amigos, Luz Ibarburu, Quica Errandonea, Alberto Heinz del colectivo de Familiares de uruguayos detenidos desaparecidos, Hugo Cores, amigo de toda la vida, y siempre digo que ese año se murió hasta mi perro. Pero creo que el más humano y racional fue el entierro de mi perro. Lo llevamos al lugar donde a él más le gustaba estar y lo sepultamos debajo del paraíso que está enfrente de la casa, confiando que sus moléculas fueran a enriquecer a otro ser vivo y de esta forma, siguiera acompañándonos.  También intenta sugerir, la forma en que los que se van, se quedan con nosotros de alguna manera. Con lo que nos enseñaron, con lo que compartimos, y la forma en que no se quedan, que es cuando se llevan, con ellos, nuestros recuerdos. Esos que cada vez son más difíciles de rescatar de ese disco duro que es nuestra memoria.

Otro de los temas que la novela intenta deconstruir es la vejez.  Y en particular la vejez de Lucila Cienfuegos. Tratamos de que la sola mención de su nombre rompiera con la imagen gris y deslucida que los jóvenes y algunos adultos tienen de las personas mayores. Siempre recuerdo a mi suegra decirme, soy la misma, siento lo mismo, pero mis rodillas no me funcionan, la piel se me arruga y me cuesta leer. Esa mujer joven, que está dentro de muchas abuelas, es Lucila Cienfuegos. Una mujer que escuchó a los Beatles y a los Rollings Stones y vivió de acuerdo a los valores rupturistas de su época.

Por último, la novela propone a los sueños, el espacio onírico, como un espacio de comunicación de dimensiones desconocidas y por eso mismo, respetable. Pero desenmarañada desde un adolescente, por consiguiente, con un lenguaje también adolescente.

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