Confianza en el otro

Una de las cosas que estoy segura despierta la envidia de los ciclistas montevideanos es la forma serena y confiada en que las bicicletas descansan y esperan a sus propietarios en las ciudades del interior de nuestro país.

Estuvimos en Carmelo en el marco de la campaña por la nulidad de la ley de caducidad. Nos encontramos con viejos amigos. Hicimos nuevos. Y volvimos a envidiar el horizonte fácil al final de las calles, el cielo próximo a las azoteas, el ronronear de las motocicletas por la ciudad y más que nada, la humanización de la convivencia. La calma. La simple y sencilla confianza en el otro.

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